Una revolución moral contra la corrupción en España

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Campaña mundial contra la corrupción. / Naciones Unidas

Los españoles, al parecer, no somos especialmente proclives a la corrupción pero mantenemos una actitud cínica ante las instituciones, precisamente a causa de ella. Flota en el ambiente la fatalidad de que la corrupción es inevitable, que siempre habrá corruptos, gente corruptible. “Todo hombre tiene un precio”, como dirían en un western.

Basándose en un trabajo de campo sobre conversaciones entre corruptos, Fernando Jiménez –autor de Detrás del escándalo político (Tusquets)- y el periodista Vicente Carbona han publicado un ensayo en Letras Libres que, si breve para la enjundia que encierra, puede resultar largo para la gran mayoría de los estresados ojos que pululan a toda pastilla por la red. De ahí el interés en informarlo para los lectores de cuartopoder.es, porque es genial que Twitter dé la noticia de la muerte de Whitney Houston 27 minutos antes que los medios convencionales, pero la inmediatez no lo es todo, amigos, ni mucho menos, y hay que saber leer más largo y durante más rato las cosas que merecen la pena. A lo que íbamos.

Para que se dé corrupción hace falta un corruptor pero es imprescindible un corruptible. De otra forma, al corruptor se le pondrían las cosas imposibles. Yo temía que la conclusión del estudio fuera demoledora,  que una gran parte de la sociedad española estaría dispuesta a corromperse si no les pillan, pero si hay control y pueden acabar frente a los tribunales, no. En España hay control, hasta cierto punto, el que permite un funcionamiento de la Justicia lastrado por el peso de los legajos acumulados y la falta de medios o de eficacia.

Los autores del informe se basan en los últimos cinco años de investigaciones judiciales sobre la materia en España y, muy especialmente, en las grabaciones de los protagonistas registradas por la policía. Algunas de las más mediáticas las hemos podido leer en la prensa recientemente, pero este informe huye de los relumbrones y se fija en gente menos glamorosa, los que negocian con las basuras. Hay que ver lo que se gana trapicheando con la basura; es todo un paradigma.

Cinco elementos les parecen a los autores esenciales para que se dé un buen caldo de cultivo de la corrupción, tan maloliente como exitoso. A saber:

  • Primero: mimar el bolsillo y el poder para seguir engordando el bolsillo. De ahí que el corruptor deba asegurarse de que su corrupto particular consiga un puesto privilegiado, por ejemplo, pagándole alguna campaña electoral que otra, a cambio de que luego el carguillo en cuestión le recuerde a uno. El cargo ideal no siempre es el más vistoso, sino el que permite mangonear desde atrás sin ser visto.
  • Segundo: “tener la llave”, estar en el sitio adecuado, para lo que a veces –ah, se siente– hay que cambiar de chaqueta. Muchos recordaran la epidemia de chaqueteros que se dio en España hace algunos años, y que nunca se ha curado del todo. Bailaban concejales de un partido a otro que daba gusto. Este segundo elemento se desdobla en otro, contundente, que básicamente se resume en: “si no lo haces eres gilipollas” (disculpen la palabrota, por muy admitida que esté por el DRAE). Si no lo haces tú eres bobo de remate porque lo hará otro y te quedarás sin nada y, por si fuera poco, parecerá que el corrupto eres tú. Perfecto.
  • Tercero: la impunidad garantizada por el corrupto de que con la de casos que tienen los tribunales ahora sobre la mesa no se van a fijar precisamente en ti, chaval. Los autores del informe recogen varias frases que “merecen estar esculpidas en mármol” por lo que tienen de lapidarias. Una de ellas es “la Biblia está escrita desde hace mucho tiempo”. Vamos que no es de hoy, que se trata del oficio más antiguo del mundo, o casi.
  • Cuarto: el corrupto sabe que no hay que tensar la cuerda, o sea, que se puede trincar a espuertas pero dando algo a cambio al populacho que, al fin y al cabo, es el que le vota. Se les deja hacer casuchas, barriadas indignas de seres humanos, y así. Es indispensable repartir un poco y ampliar el círculo de apestosos con ansias de dinero.
  • Quinto: conviene consolidar la idea más o menos extendida de que la administración pública funciona así, que si no es así es que no se puede hacer nada, oye. Cumplir con la ley, por tanto, es de tontilocos. Las verdaderas reglas del juego, las de la audacia que mueve el mundo, las de los héroes del silencio (con perdón) son las de los corruptos. Insuperable. Con razón las mafias internacionales se sienten en España como en casa. Me decía hace casi 30 años Leonardo Sciascia, en una entrevista para la radio, que la mafia siciliana –que él conocía tan bien– se había instalado ya entonces en nuestro país. Y Roberto Saviano lo ha repetido hace unos días.

Si a pesar de lo que leemos en el informe, la conclusión es que a los españoles la corrupción no nos va tanto, no deja de ser un alivio. Sin embargo, se agradecerían más gestos privados y públicos que lo dejaran claro. Devolver una cartera con su dinerito dentro a la policía, confiando –como es de ley- que la policía la entregue a su dueña con el dinero y todo es propio de una democracia madura, no puede esperarse en México, por ejemplo. Ni en Marruecos, por poner dos países que empiezan por M. Pero en España, sí. Lo alarmante, en el estudio, es que España presente una de las tasas más bajas de confianza interpersonal de toda la UE. Que esté generalizada la idea de que la justicia y la hacienda pública no son equitativas ni se portan igual con todos es preocupante.

Aportan también una encuesta de Victor Pérez Díaz de hace dos años, en la que a la pregunta de qué es lo más importante para hacerse rico, en España, el 56% dijo que “tener y cultivar buenos contactos”; cerca del 20% contestó que “tener suerte” y sólo un 18% concluyó que “tener buenas ideas y ponerlas en práctica”. De modo que, puede deducirse –como hacen Jiménez y Carbona- que en España hay, al menos, un 18% de gilipollas (vaya, otra vez). Con buen tino, los autores cavilan que haría falta una revolución moral para que aumente el porcentaje de gilipollas. Caramba.

5 Comments
  1. Eulalio says

    Qué bueno, Elvira, que nos recuerdes estas cosas. Habrá que echarle un vistazo al libro.
    A ver si lo leen los valencianos que votaron a Camps y la mitad del jurado que lo absolvió, que supongo sabrá leer mejor que escribir.

  2. krollian says

    Ufff. Vaya mina.

    Mientras haya gente dispuesta a saquear a los demás vía te vendo el piso por el doble de lo que me costó. la cosa está difícil.
    No pensar en el de al lado es lo que tiene. Yo a lo mío y a los demás que les den. Luego pasa lo que pasa.

    No sé. Creo que el medievo no era tan oscuro como lo pintan.

  3. Mara9 says

    A por el ensayo. Gracias por levantar el dedo y señalar la luna, Elvira. Tenemos el hocico tan clavado en la madriguera que no nos damos cuenta ni de cómo olemos.

  4. Chinto says

    Va a costar, dios y ayuda, higienizar esta corrupta semidemocracia española. Como ya antaño dijera Julio camba: en España se sigue diciendo que el político roba como se dice que el perro ladra, el buey muge y el asno rebuzna y los jueces miran para otro lado. ¿Ubinam gentium sumus? que diría de nuevo Cicerón.

  5. pupu says

    Nuestros representantes son corruptos. La corrupción salpica a la monarquía y a los políticos. La justicia no es un poder independiente y nos lo demuestra el no estar imputada en el Caso Noos la infanta Cristina. El pueblo se mantiene expectante y no olvida.¿Puede alguien tomar las riendas del gobierno y acabar de una vez con toda esta corruptela?

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