ELVIRA HUELBES | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:05

Imagen de archivo de ángeles González Sinde, durante su etapa como Ministra de Cultura. / mcu.es

(Actualización de 23 febrero)

Las mujeres en España cobran un 22 por ciento menos que los chicos por igual trabajo, lo que las obliga a trabajar 80 días más al año para igualar salarios. No es difícil, ya que también se sabe estadísticamente que las mujeres faltan menos al trabajo que los varones. Lo cierto es que, en consecuencia, las jubiladas y las paradas cobran menos que los. Vaya por Dios. Este dato es fundamental para entender otras discriminaciones como las que siguen.

Aparte del cisco de la ley sobre el derecho de propiedad intelectual en la red, la anterior ministra de Cultura, Angeles González Sinde, dejó publicado un informe sobre Mujeres y Cultura. Políticas de igualdad (Ministerio de Cultura, 2011) que recoge las modificaciones observadas en la sociedad española en relación a lo que pinta la mitad de la población española en la producción cultural, así como a su reconocimiento.

Hace años que me llama la atención la creciente ausencia de mujeres en las fotos de prensa de información general. Fotos, con sus nombres al pie, de impecable sustancia encorbatada y traje gris o azul oscuro o, jersey y vaqueros, pero sin curvas. Esto es habitual y no llama la atención en medios bancarios o financieros, por ejemplo, donde las mujeres brillan por su ausencia. Pero también en medios científicos, aunque la persona que sale en la imagen televisiva –muda y currando- sea siempre una mujer joven. Es sabido que hay más científicas de base que mandando. Hay más universitarias pero menos decanos, más periodistas pero menos directoras; hasta entre los barrenderos, hay más jefes que jefas.

En el mundo de la cultura pasa tres cuartos de lo mismo y quizás por eso, sigue habiendo necesidad de guetos. En la misma página de la revista Smoda (que sigue casi tan infumable como cuando empezó) de El País, viene un suelto donde se lee que ninguna mujer se va a beneficiar de las millonarias ganancias de Facebook en la bolsa, ya que no hay de eso en su consejo de administración y que los modistos más cool que se van de gira a nosédónde son todo tíos. Luego puede leerse otro suelto de Paypal que está ilustrado con la foto de un busto de maniquí sin brazos ni cabeza, pero –eso sí– en tetas.

Tomo esa página como ejemplo al azar, sin tener que molestarme mucho en andar buscando. La cosa no es nada científica, ya lo sé. Pura casualidad; últimamente, abunda mucho la casualidad.

En el informe de Cultura, los datos hablan de la abrumadora mayoría de mujeres que componen jurados de evaluación, por un lado, y que logran las becas que esos jurados conceden, por otro, en terrenos muy específicos: archivos, bibliotecas, museología, gestión cultural. La explicación es que ante la dificultad casi insalvable de encontrar puestos de trabajo dignos de su preparación, las mujeres siguen preparándose, con ayudas, hasta que lleguen tiempos mejores. Sin embargo, los directores de los museos son mayoritariamente varones. Y últimamente, salen mucho por la tele porque andan revalidándose ante el nuevo gobierno.

Como dice el axioma anglo: los datos son sagrados, las opiniones, libres. Con que, a los datos. De las 110 veces que se ha concedido el Nobel de Literatura, sólo 12 mujeres lo han obtenido; de los 36 Cervantes dados, a mujeres, tres;  entre los 107 galardonados en Francia con el Prix Goncourt, solamente seis han sido para las damas; de las 42 ediciones del británico Booker Price, a las mujeres les han caído 15, lo que ya se acerca más a la realidad, que es que en GB hay más mujeres que varones que escriben. En cuanto a los alemanes, su Premio Georg Büchner que lleva 50 ediciones, sólo ha recaído en cinco autoras

En general, los premios nacionales españoles van en un 90 por ciento a los chicos y en el 10 restante, a las chicas. Destacan los de Historia, en los que sólo una mujer ha ganado, frente a 29 hombres, pero ya se sabe el talante de los miembros dela Real Academia de la Historia; y el de Ensayo, con igual resultado. Cabe destacar el reciente Premio Nacional de Periodismo Cultural que no ha dado con ninguna mujer que lo merezca, vaya por Dios, aunque sólo lleva dos años.

Dos premios merecen comentario: el de Fomento de la Lectura y el de Mejor Labor Editorial Cultural, para los que las mujeres no existen, aunque su presencia en esos ámbitos es abrumadora. Hay una explicación plausible: los premios van sobre todo a instituciones y empresas en las que la mayoría currante sí es del género femenino, mire usted por dónde.

Bien. Tras estos datos hay que deducir que las mujeres o bien escriben peor o que lo que escriben no suele convencer a los jurados, o son algo tontitas. De injusticia, nada, monada.

Portada del libro publicado por el Ministerio de Cultura.

Con que vayamos a otros apartados menos intelectuales, más –digamos- ajustados a la condición femenina: la moda. Aunque reciente, el Premio Nacional de Diseño de Moda por ahora se lo han llevado los modistas. Las modistas ni lo han olido. Soy consciente del término usado, como lo fueron los primeros agujillas, hace muchos años, cuando previeron que con la terminación femenina no se iban a comer un rosco, por eso la masculinizaron. No fuera a ser que. Acaso eso mismo explique que ahora las modistas se llamen diseñadoras porque “las modistos” igual sonaba algo rarillo.

Menos dramática es la situación del Premio Velázquez de las Artes Plásticas donde frente a 8 artistas premiados hay, al menos, una artista. No está mal. Con estas cifras, no es de extrañar que se desconozcan nombres de pintoras históricas como la que menciona la ex ministra en el prólogo del libro, Sofonisba Anguissola, a la que tanto admiró y agradeció Jan Van Eyck. Tampoco me sorprende que algunos expertos del Prado se refieran con desprecio a la mujer de Goya –Josefa Bayeu– cuando quieren restar valor a alguna pintura goyesca de dudosa autoría directa. Ni me extraña que se haya perdido el nombre de la pintora María Moreno, cuyos datos sólo aparecen en la red si se teclea “Antonio López”, su marido. Aunque ésta es harina de otro costal.

En cinematografía se llega a la cumbre del desequilibrio entre chicos y chicas. el Premio Nacional se lo han dado a 6 mujeres frente a 33 hombres y todas ellas, actrices. Será que no hay directoras, guionistas, productoras, fotógrafas. Será. Los consejos de Administración de los festivales de cine de Huelva, Málaga y Valladolid son de abrumadora presencia masculina. Por contra, los jurados oscilan poco entre ellos y ellas.

El informe es muy revelador y en él se observa la buena voluntad de las instituciones por tratar de equilibrar un poco la balanza. Algo se va logrando, aunque a veces quede en las simplezas de apelar a los trabajadores y las trabajadoras, los vascos y las vascas y los ciudadanos y las ciudadanas como si nuestro idioma fuera una lengua primitiva sin recursos propios.

De sobra sabemos que la batalla se libra en la calle, en la oficina, en la iglesia y en todas partes donde haya gente corriente y moliente. Donde más, en la tele y en los anuncios de la prensa –no me refiero sólo a los de prostitutas- en los que la imagen femenina repetida, supuestamente glamorosa y modernísima, las hace parecer miembros del viejo gremio que acabo de mencionar, sólo que de las muy caras. Carne disponible a la insaciable voracidad masculina (perdonen los que se sientan aludidos, siendo inocentes).

Da la impresión de que hemos dado pasos hacia atrás en esta lucha por la imagen pública de las mujeres. O a lo mejor es que –como en la última película de Stanley Kubrick– las apariencias engañaban.

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