IGNACIO ECHEVARRíA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 00:50

Portada de la revista 'Qué leer'. / que-leer.com

Perdonen que vuelva sobre el asunto, prometo que es la última vez. Pero es que, verán, el mismo día en que se publicaba la anterior entrada de este “diario” caníbal, que tan poco tiene de diario, se publicaba en El País una estupenda tribuna de Tzvetan Todorov en la que venía a denunciar la repugnante parcialidad de la tantas veces invocada Corte Penal Internacional de la Haya. Aunque por un camino distinto, Todorov abunda en su tribuna en lo mismo que, a propósito de los crímenes de guerra cometidos en la antigua Yugoslavia, Peter Handke denunció y expuso crudamente en “Alrededor del Gran Tribunal”, texto incluido en Preguntando entre lágrimas, libro al que les remitía en esa anterior entrada.

Y bueno, ese mismo día cayó también en mis manos, azarosamente, el último número de la revista Qué Leer, en cuya portada aparecen dos novelistas españoles, Clara Usón y Adolfo García Ortega, que acaban de publicar en la editorial Seix Barral sendas novelas que abordan precisamente el tema de la llamada guerra de Bosnia.

Vean, por favor, la portada, en la que los dos autores aparecen fotografiados con expresión grave y condolida, como corresponde al titular que acompaña la foto: “Clara Usón & García Ortega plantan cara a los carniceros de Bosnia”.

Impresionante.

Vámonos dentro. Es el mismísimo redactor jefe de la revista, Milo J. Krmpotic, quien conduce y transcribe la larga conversación mantenida con los dos autores, en la que los tres (Krmpotic, Ortega y Usón) se proponen, dice Krmpotic, “analizar el aquí y el ahora de la UE, la inmigración alemana y la crisis económica”.

Vaya, por ambición que no quede. Aunque me pregunto qué demonios puede aportar ninguno de los tres contertulios a ninguno de los tres asuntos.

Ya sabemos lo que es el periodismo, sin embargo, así que me pongo a leer la letra pequeña. Y, como era de sospechar, topo con una ristra de topicazos proferidos con solemnidad por quienes no tienen empacho alguno en ejercer de cronistas y analistas de un conflicto complejísimo, cuya cabal comprensión reclamaría, además de un don de lenguas, múltiples saberes en materia de historia, política y geopolítica, religiones y cultura. Bien es verdad que tanto Usón como Ortega declaran haber empleado varios meses en documentarse, sólo faltaría. Por lo demás, basta enterarse de las líneas argumentales de sus dos novelas para saber por dónde van los tiros, nunca mejor dicho.

Entre las lecciones que Usón sacó de su inmersión en “una cultura que desconozco, una guerra complicadísima”, se cuenta la de “cuán manipulables somos”. Ella y Ortega, por otra parte, permanecen fascinados por “el mal”, por “aquello de los criminales con rostro humano”, por “el horror que forma parte de nuestra identidad”.

De verdad que empieza a ser mosqueante la recurrencia con que los narradores contemporáneos se sienten impelidos a explorar el Mal, con mayúsculas, preferiblemente si lo ejercen nazis o filonazis. Y su tendencia a ir a buscarlo a conflictos en los que ese mismo Mal, con mayúsculas, aparece previamente caracterizado y maquillado de eso mismo, de Mal con mayúsculas. ¿Cómo no lo buscan mucho más cerca, en el banquero de la esquina, por ejemplo? ¿No les parece suficientemente compleja y truculenta una realidad como la suya propia, afectada de todo tipo de conflictos, tanto raciales como culturales o laborales o económicos o de clase o de violencia de género o de terrorismo de varios tipos, incluido el estatal? ¿No sería más adecuado que, en lugar de irse a los Balcanes a buscar testimonios de gente a la que no pueden entender los buscaran entre sus propios vecinos? ¿O es que ahora todos queremos ser Angelina Jolie y rodar allí nuestra propia película?

Pero estábamos con los serbios y con la guerra de Bosnia y con eso de lo manipulables que somos. Y tras las sabias consideraciones de Usón y Ortega acerca de “la UE, la inmigración alemana y la crisis económica” llega la pregunta del millón: “¿Qué os parece la posición de Peter Handke con respecto a la cuestión serbia?”.

Usón, con la boca llena: “Handke es un fenómeno que encontramos en todas las grandes tragedias: la persona que, para no tener que asimilar que aquellos a los que defiende son criminales, se enquista, lo niega todo… Porque le gusta ir a la contra o por lo que sea, Handke ha tomado esa postura. Su padre es esloveno, creo, por algún motivo siente que debe apoyar a lo serbios y no quiere ver: los campos de concentración están filmados en Hollywood, lo de Srebenica no sucedió…”.

Ortega, con la boca rellena: “En el caso de Handke, siempre me sorprendió esa postura tan absolutamente acrítica en su defensa de Mislosevic y Serbia. Si a eso se le une que negaba la evidencia, se convierte en un intelectual manipulado, ese tipo de figuras que asumen una postura hasta la muerte y pierden la visión crítica”.

Usón, de nuevo, desconsolada ahora: “Se vuelven fanáticos, porque el fanático es el que se niega a contrastar su fe”.

Ortega, otra vez, ecuánime y concluyente: “En el caso de Handke, eso es tirar por la borda toda su obra. Para mí, hoy por hoy, no tiene ningún interés. Me gustó en su día y tenía un respeto por su mundo literario. Ahora me la ha teñido todo de un tono, de una ceguera, que lo ha hecho desaparecer para mí como figura literaria”.

La verdad es que abruma ver a estos dos grandes escritores españoles hablar con tan piadosa condescendencia. Y bastan estas declaraciones para cobrar cuenta de qué entienden por manipulación, qué por documentarse y, sobre todo, qué por literatura.

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  • Eulalio

    Ignacio, veo hace tiempo que te gusta hacer amigos, literaria y periodísticamente hablando. A este paso vas a tener que contratar un guardaespaldas. Que no sea Kevin Costner.
    Un saludo

  • Jonatan

    Me pregunto si estos escritores habrán leído, en los meses de documentación para sus novelas, “Fool’s Crusade”, de Diana Johnstone, a quien le tomó años acabar de entenderlo. O, en español, “Kosovo, la herida abierta de los Balcanes”, de Ricardo Alonso, un periodista que fue allá a informar con la misma idea de estos dos escritores y regresó sabiendo la verdad. O quizá, “El conflicto de Kosovo, un escenario de colaboración de actores civiles y militares”, un trabajo de varios autores coordinado por los investigadores Carlos de Cueto y Marién Durán, donde militares españoles de la Otan denuncian las fechorías del bloque aliado al mando de altos jefes norteamericanos y de cómo fueron represaliados por negarse a obedecer órdenes infames. Estos tres libros simplemente les abrirían los ojos. ¿Es que estos escritores no visitan las librerías ni las bibliotecas? Haga un favor, Ignacio: insista en ello cuantas veces lo vea preciso. Igual así consigue que se documenten los novelistas y hasta los periodistas.

  • María José Furió

    Ignacio, trabajé durante cerca de 4 años en Médicos Sin Fronteras, entre 1994 y 1998, en plena guerra de los Balcanes, y me encargué de la traducción de los testimonios de los supervivientes de Srebrenica. En todos esos años no supe ver que los serbios eran los buenos. Por cierto que una de los comentarios más extendidos entre los que resistían en Sarajevo era que los primeros en hundirse anímicamente fueron los intelectuales, porque no poseían reflejos para asumir lo que estaba ocurriendo. Madeleine Albraight explicó en sus memorias las vicisitudes antes de decidir la intervención. Después he conocido a varios fotorreporteros que estuvieron en los Balcanes -por no hablar de los que perdieron la vida- y ninguno sostiene la versión de que Karadzik o Mladic son unos incomprendidos. Por cierto, que también viajé a Yugoslavia en época tan remota como ¡1989! y con tanto soldadito desocupado en la calle .-muerto Tito- incluso una turista jovencita como yo adivinaba que algo tendrían que hacer con ellos, pues el paraíso comunista estaba derrumbándose

  • Ignacio

    María José: nadie dice que los serbios sean los buenos; nadie defiende a Karadzik ni a Mladic; nadie niega la matanza de Srebrenica ni el asedio de Sajevo. No se trata de eso, parece mentira que cueste tanto verlo. Que te cueste incluso a ti. Se trata de afinar el oído, simplemente. De no cargarse de razón ni dejarse engañar. Pero si hemos de hacer caso a las condolidas explicaciones que nos da Madeleine Albraight en sus memorias, entonces mejor lo dejamos como está.

  • María José

    Quizá el problema es que se ha hecho tanta novela mala y buenista sobre el conflicto que ha quedado del todo distorsionada la información relevante. En cualquier caso, recuerdo bien cómo varios fotógrafos se quejaban de que las imágenes que mejor reflejaban la complejidad del tema no lograban publicarlas aquí, y sí, qué curioso, en revistas como Stern, alemana.

  • celine

    Desgraciadamente, Médicos sin Fronteras también cometieron el error de dar por buenas informaciones oficiales en el conflicto de Kosovo, lo que fue denunciado por algunos testigos que hubieron de comparecer ante el Tribunal de La Haya. Escuchar el testimonio del general Pierre Marie Gallois también ayuda a ver más claro. Se puede leer en “Treating victims of weapons of mass destructions”, de varios autores, por ejemplo. O leer declaraciones del filósofo Jacques Verger al respecto. No hemos sido informados como habría hecho falta para acercarnos a la verdad. Interesante también, aunque en francés, “L’affaire Handke” de P. Barriot y E. Crèpin, en edicions L’Age d’ Homme. Hay donde documentarse.

  • Una lectora

    Me pregunto si alguno de ustedes, incluido Ignacio Echevarría, que habla con la boca bien llena también, ha leído estas dos novelas.

  • María José FS

    Efectivamente, hay donde documentarse: El discurso de MSF al recibir el Nobel: “Lo humanitario no tiene nada que ver con lo militar, y lo militar no es lo humanitario. No somos lo mismo, no podemos permitir que se nos vea como lo mismo, y no podemos convertirnos en lo mismo. Concretamente, ésta es la razón por la que para nuestro trabajo en Kosovo nos negamos a recibir financiación de los países miembros de la OTAN. Y por este motivo nos mostramos críticos entonces y lo continuamos siendo ahora con el discurso humanitario de la OTAN. Por eso también, en el terreno, podemos trabajar junto a las fuerzas armadas, pero ciertamente no bajo sus órdenes. El debate sobre el “Derecho de Injerencia” – el derecho que el estado tiene de intervenir por motivos llamados humanitarios – vuelve a ser prueba de esta ambigüedad. Pretende poner al mismo nivel que la ayuda humanitaria, la cuestión política del abuso de poder, y busca una legitimidad humanitaria para una acción de seguridad a través de medios militares.

  • ivan el terrible

    Es dificil reconocer que nos vendieron la moto y que se bombardeo el bando erroneo. La historia reciente de los Balcanes deberia ser reescrita a conciencia. Y los MSF, fundados por el personaje como Kouchner tambein (junto con Caritas) se vieron involucrados en el suministro de armas. Pero esto es tabu, como otros tantos.

  • Vera

    No me parece profesional juzgar dos novelas que se han leído.

  • Vera

    que NO se han leído, QUERÍA DECIR

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