Hagan juego, señores

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Un ricachón norteamericano quiere implantar en España un Las Vegas europeo. Daría puestos de trabajo y también un montón de ocasiones para corromperse a toda pastilla. Es una noticia que produce melancolía porque preferiría otro decorado en mi patria: una universidad brillante, una maquinaria  laboral eficiente, una sanidad a flote de los torpedos en su línea de flotación, una sociedad sin problemas acuciantes de empleo y vivienda. Cosas así, pero los inversores no saben cómo se hace eso. Hacer grandes complejos de juego y prostitución, sí. Se ve que es más fácil.

Veamos: teníamos un par de cosas que muchos países en mejor posición que España envidiaban, a saber, una clase media extendida mayoritariamente y unas pequeñas y medianas empresas que hacían de base real de la economía. Ambos “activos” –de tanto leer páginas de economía se me pegan expresiones- están yendo para atrás como los cangrejos, desplomándose vertiginosamente en un pozo profundo del que nadie sabe si podrán volver a emerger.

Las voces agoreras, cada vez más fastidiosas, dicen que es una caída sin retorno. Con lo que había costado lograr cierto bienestar en España, años de esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas, en democracia y antes  de ella, todos los indicios nos conducen de vuelta a los años del frío y el hambre. Pues sí que vamos bien.

La clase media española va desapareciendo según leemos en los datos publicados por diversas organizaciones no gubernamentales y que parecen estar contrastadas. No es de extrañar si atendemos a las cifras de desaparición de las pequeñas y medianas empresas que van cerrando por falta de aire. Un periodista norteamericano, Ellis Rubinstein, que preside la Academia de Ciencias de Nueva York, ha dicho que España tendría que sentirse orgullosa de que sean la base de nuestra economía y que el país debería nutrir a esas empresas que son los mayores motores del desarrollo económico. No parece que la organización del trabajo en España vaya por ahí, lo siento por míster Rubinstein. Y no es de ahora, claro. Viene de antiguo.

Eso nos lleva a que cada vez haya más distancia entre ricos y pobres. Un fenómeno que contemplábamos desde nuestro país como algo ajeno a nosotros, propio de países de capitalismo salvaje, decíamos. No sé si consecuentemente –no creo- Francia y Alemania venden cada vez más cosas a España ante la incapacidad de España de producirlas y venderlas ella misma, con lo que regresa la impresión que sólo los que ya hemos cumplido medio siglo bien cumplido -pero bien- retenemos en la memoria: cuando nos sorprendíamos de la de cosas que se podían hacer por ahí fuera. De lo variados que eran los productos que se podían comprar. Exactamente igual me hablaba hace años un amigo búlgaro: “En España se puede hacer cualquier cosa”. Y tanto. Él, por ejemplo, se hizo rico.

Los buitres financieros vienen a España a comprar gangas, según cuartopoder.es. El país está en almoneda pero además los inversores, o lo que sean, regatean los precios hasta el regalo. Acabaremos teniendo que alquilar la tierra a los alemanes para plantar los famosos pepinos con bichitos.

Los jóvenes mejor preparados se marchan a buscarse la vida fuera. Pero no importa, dice el ministro del ramo, porque fuera se aprende mucho. Y es verdad. La pena es que acaban quedándose porque tienen una edad en la que encuentran allí su pareja y forman su familia y a ver quién mueve eso. Los que tienen en sus manos las decisiones –no sólo en España- parece como si no supieran que los jóvenes son la sustentación del mundo y la esperanza de que mejore.

El economista coreano Ha-Joon Chang. / Wikipedia

El economista y profesor de Cambridge, Ha-Joon Chang, autor de un libro que se ha vendido como rosquillas, 23 cosas que no te cuentan del capitalismo, y que Debate publicará pronto en España, ha dicho que nuestro país debería no cortar tanto en gasto público como ha hecho Inglaterra, con pésimos resultados. Cree que la crisis no se arregla porque nadie se atreve a meterle mano a los lobbiesfinancieros que no tienen interés en que se arregle, ya que la catástrofe en casa ajena les produce pingües beneficios.

Al profesor Chang le catalogan en los medios como “antisistema” porque se ha alineado en muchos aspectos con los movimientos 15M y Ocupy Wall Street, pero el sonríe cuando le llaman eso, porque sabe que es una forma de tratar de minar su moral. Difícil empresa. El asegura que no está en contra del crecimiento sino a favor de la racionalidad.

Ha-Joon Chang lleva muchos años denunciando las malas prácticas de los países que se han enriquecido jugando sucio y ahora pretenden que los países emergentes –o los que andan ahogados, como España, Grecia, etc- respeten impecablemente las reglas del juego para progresar.

Eso lo ha explicado muy bien el profesor de Cambridge en otro libro que sí está publicado en nuestro país: Retirar la escalera (Libros de la Catarata, 2004), es decir de cómo los estados han protegido sus productos para favorecer su comercio, a pesar de defender un liberalismo feroz en el mercado. O “cómo, de verdad, se hicieron ricos los países ricos”, como él dice. El libro es minucioso y da cuenta de casos históricos concretos lo que ilustra bien el tema. De paso, anima a hacerse otra consideración quitando la palabra “países” de la frase y sustituyéndola por personas o empresas, corporaciones, compañías, etc. Y funciona.

De cómo el estado ha de intervenir cuando conviene en las sociedades más rabiosamente capitalistas ya habló hace décadas Noam Chomsky del que cabe leerse El beneficio es lo que cuenta (Crítica, 2002), para refrescar ideas sobre el FMI entre otras organizaciones del negocio. A Chomsky lo tratan de , ¿cómo se dice?, "neutralizar" los cuatro jinetes del Apocalipsis a base de desprestigiarle y llamarle viejo gagá.

No queda más remedio que leer las páginas de economía de los diarios o estos libros mencionados y muchos más. Puede que salir a la calle no sea suficiente, puede que el escenario sea tan grande como el universo infinito y para eso haya que prepararse mejor. El cerebro tiene la sustancia que hace falta; el corazón aporta el coraje. Sólo necesitamos las ganas, y ésas surgen de la necesidad. Hagamos que las cosas se sepan. No gritemos a lo loco; aprendamos lo que hay y discutamos para buscar el camino de neutralizar a los malos.

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