De obesógenos y otras monstruosidades

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Ilustración sobre la evolución humana: del hombre primitivo al hombre obeso. / mc2coruna.org

Iré al grano: los pesticidas, y herbicidas engordan. No es un descubrimiento nuevo pero sí se está sabiendo ahora por la opinión pública. También contribuye a marcar michelines la contaminación atmosférica: lo que sueltan nuestros automóviles y lo que sueltan las vacas, como ya se sabe. Pero no sólo ellas, porque según el International Journal of Epidemiology, una persona obesa ventosea al año una tonelada más de CO2 que una delgada. Otro estudio, esta vez norteamericano, asegura que los obesos gastan más gasolina que los flacos, con el consiguiente incremento de contaminación.

Menos mal que en Cambridge, un equipo científico internacional, dirigido por Antonio Vidal-Puig, ha descubierto que si se administra la proteína morfogenética ósea BMPSB en el hipotálamo del gordito en cuestión, ésta pone a currar a la grasa buena, de color pardo, que se dedica a zamparse a la grasa mala. Ahora sólo falta saber qué laboratorio farmacológico se hace con el chollo para crujir a los gordos con el precio del remedio que remedie lo que ellos mismos averían. Pero yo lo que quería era hablar de otra cosa.

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A lo que iba es que una manzana, hasta ahora libre de sospechas enfocadoras (aprovecho para agradecer a mi hija esta aportación léxica: enfocar= engordar, ponerse como una foca), lleva en su composición obesógenos,  esto es irruptores endocrinos que alteran el sistema regulador de control del peso corporal, aumentan el tamaño de las células grasas, disminuyen la cantidad de calorías que se queman y hasta cambian nuestra apreciación del hambre, a peor, claro está. Maldita sea.

De modo que una empieza una dieta para afinar la silueta y resulta que descubre saboteadores que atacan por donde menos se espera. Años de esfuerzo y sometimiento de la voluntad al pasar por delante de las mejores pastelerías o del escaparate de Lardhi, un poner, y va y el enemigo estaba en las manzanas. No te amuela.

Y ¿por qué, si puede saberse? Pues porque las manzanas son tratadas con pesticidas y nueve de los diez pesticidas más extendidos por el mundo son obesógenos. Que engordan, vaya. Los productos químicos en el medio ambiente están contribuyendo a la epidemia de obesidad y esto se sabe desde 2002, en que un artículo de Paula Baillie-Hamilton, publicado en la revista Journal of Alternative and Complementary Medicine presentaba pruebas de los anteriores estudios toxicológicos publicados en la década de 1970 según los cuales dosis bajas de exposición a sustancias químicas estaban asociadas con el aumento de peso en animales de experimentación.

Según la doctora Baillie-Hamilton, los contaminantes químicos interactúan con el sistema nervioso simpático que libera hormonas como adrenalina y noradrenalina que suprimen el apetito, especialmente de grasa. Son hormonas que también aumentan el deseo de hacer ejercicio, curiosamente. ¿Por qué tarda tanto en saberse esto? La doctora Baillie aclara que nadie en la comunidad científica oficial quería dar crédito a lo que decía una mamá que investigaba en un pequeño laboratorio (ella fue profesora adjunta mientras cuidaba de sus bebés). Y los grandes laboratorios e instituciones están siempre ligados a las grandes firmas farmacéuticas, poco interesadas en profundizar demasiado en este tipo de asuntos.  ¡Ah, vaya!

A finales de los noventa, el catedrático Angelo Tremblay y su equipo, de la universidad canadiense de Lavall, investigaron los efectos de los organoclorados en el metabolismo. Partieron de un estudio anterior realizado en Italia sobre obesos a los que se les había practicado un bypass gástrico para perder peso. Se observó que a medida que adelgazaban presentaban en sangre un drástico aumento en los niveles del pesticida DDT y de uno de sus productos de degradación, el DDE. “Si tuviera que expresar esto en términos periodísticos, dijo entonces Tremblay, diría que los organoclorados cierran el horno que ayuda al cuerpo a quemar calorías”.

Por si fuera poco, hay estudios que asocian el contacto de pfalatos y bisfenol sustancias presentes en los plásticos de los envases de comida habituales, con el aumento de grasa corporal. También hay estudios que advierten de la presencia de tributilestaño y dibutilestaño en sangre humana, dos conservantes de la madera que han contaminado cursos de agua.

Así que la contaminación de aire, agua y tierra produce una epidemia de obesidad en las personas y una amenaza ya innegable en la Tierra: síntomas que deberíamos tomar muy en serio. Porque no conducen a un final muy brillante que digamos  Sería fabuloso que Estados Unidos fuera a la cabeza ya que seguramente es el país con más obesos del mundo, pero mientras los acuerdos de Kyoto no sean aceptables para los países porque “amenazan nuestra economía” –como dijo Bush, en su momento- habrá que seguir peleando para que su incumplimiento no amenace a la vida de todos.

El Environmental Working Group  ha elaborado una lista de frutas y verduras sometidos a mayor envenenamiento, a los que llama “Doce del patíbulo”. Tomen nota: apio, melocotones, fresas, manzanas, arándanos, nectarinas, pimientos, espinacas, acelgas, cerezas, patatas y uvas. Los menos tocados: cebolla, aguacates, maíz dulce, piña, mango, guisantes, espárrago, kiwis, col, berenjena, melón cantalupo, melón piel de sapo, sandía y pomelo.

Se sabe que una dieta de productos ecológicos durante sólo cinco días puede reducir la presencia de pesticidas disruptores endocrinos hasta niveles no detectables de modo que quizás ha llegado la hora de ir de compras al ecosúper y abandonar la homeopatía del envenenamiento diario. ¡Socorro!

3 Comments
  1. perniculás says

    Muy interesante artículo, pero acaba usted de fastidiarme la mañana y dejarme sin argumentos… Pues, ¡una manzana al día! era la norma. Dicho esto, ¿qué podemos hacer? Cómo me explicó hace tiempo un bioquímico que se dedicaba a la agricultura, también lo ecólogico tiene sus riesgos ya que los abonos naturales están contaminados… ¿O no? Pues parece ser que sí.

  2. Elvira Huelbes says

    No se preocupe, perniculás, el estiércol ecológico se procesa antes para eliminar posibles agentes indeseables así que podemos seguir diciendo: «an eco apple a day keeps the doctor away». En cuanto a las lechugas, eso se resuelve con un macetohuerto en la ventana. Todo, menos darse por vencido.

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