El rapto de Europa

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Uno de los síntomas del cambio del tiempo es la afición que gentes de edades y niveles culturales diferentes profesan por una literatura neoépica basada en la brutalidad caprichosa de los héroes de las gestas nórdicas, exentos del alma superior que alienta la mitología grecolatina que es la que sustenta el corazón de Europa. Una anécdota lo constituye el hecho de que el autor más favorecido por este gusto contemporáneo sea un freaky de los libros de aventuras fantásticas, que ha encontrado el vellocino de oro gracias a su talento.

Que esto coincida con la marabunta de alimañas financieras que esperan el momento oportuno para caer sobre los países moribundos sin que la política –invento griego- haga nada por remediarlo no me parece casual. Y que esos países moribundos pertenezcan de lleno al núcleo grecolatino, tampoco. E se non é vero…

En Historia menor de Grecia (Acantilado, 2012), Pedro Olalla, helenista y helenófilo español que vive en Atenas desde hace años, dirige “una mirada humanista sobre la agitada historia de los griegos”, como declara en la portada del libro. En breves capítulos cargados de referencias culturales que el lector menos avisado puede ampliar en la wiki, o en la Espasa si lo prefiere, Olalla va trazando esa historia que está orillada en los márgenes de los grandes capítulos de héroes y villanos, y en la que los nombres de sus protagonistas nos resultan desconocidos a la mayoría, como ignoto habría sido el de Hipatia, de no ser por un Sócrates que vivió diez siglos después del filósofo, que fue letrado de Constantinopla y que acometió la tarea de continuar una Historia eclesiástica que había iniciado Eusebio de Cesarea, en la que consagra el capitulo XV a la sabia de Alejandría.

El libro de Olalla desvela escenas de la vida de estos personajes diseminados a lo largo de años y lugares, en acontecimientos que afectan a Grecia aunque se produzcan lejos de sus fronteras originales. Geografías y sociedades impregnadas de Grecia.

Los hechos evocados van desvelando la forma cómo se fue formando el aliento humanista y cómo creció y se mantuvo a salvo en el fragor de los episodios más amenazadores, los más agresivos, que podrían haber borrado su huella para siempre de la faz de la tierra, en especial, aunque no sólo, la expansión musulmana que, ampliada, siglos después a través del imperio otomano, atenazó la garganta de Europa durante largo tiempo. El cristianismo también quiso silenciar el humanismo grecolatino, aunque, en su favor hay que recordar que la primera traducción de la Biblia lo fue al griego.

En el año 492, Juan Estobeo trabaja en su estudio después del paseo por entre los mármoles de la ruinas del teatro, donde ha estado ordenando mentalmente las reflexiones éticas de Demócrito, al que admira. “Ignora –cuenta Olalla- que gran parte de los conocimientos que ahora lee en sus viejos volúmenes pronto desaparecerán del mundo y que será tan sólo su modesto esfuerzo lo que salve para una humanidad aún no nacida la ética de Demócrito, las curiosas respuestas de Tales, algunos apotegmas de los Siete Sabios o buena parte de los versos de Eurípides.

En un gesto que debiera ser igualmente modesto para ser real, el Circulo de Bellas Artes de Madrid, bajo la protección, por cierto, de Palas Atenea, –viendo disminuida su asignación presupuestaria en un 30 por ciento- quiere hacerse Casa de Europa;  por sobrevivir, desde luego, y para contribuir en el esfuerzo por la preservación de la cultura europea, auténtica seña de identidad de este continente, mucho antes que la moneda común y los cuentos chinos que los que se dedican al negocio nos han contado.

Desde mi profundo paganismo humanista voto por que el intento sea fructífero y que las tentaciones de figurones y politicastros se mantengan alejadas del templo.

1 Comment
  1. gardenia says

    Estoy segura de que este libro me interesará. El planteamiento parace muy atractivo.

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