Cultura olímpica

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Un grupo de niños, durante una de las representaciones realizadas el viernes, día 27, en la ceremonia de inauguración de los Juegos, celebrada en el Estadio Olímpico de Londres. / Michael Kappelerler (Efe)

Qué listos son los ingleses, qué admirables, la verdad. Vi casi entera la ceremonia de inauguración de los Juegos y constaté una vez más lo bien que piensan y lo justos que son con sus cosas, que nunca olvidan, ni en los peores momentos. ¿Quiénes fueron los protagonistas de la fiesta, aparte de los atletas y resto de deportistas? Un cineasta, Danny Boyle (Slumdog Millionaire), que ha preparado un escenario campestre en el que se desarrolla una acción que cuenta cosas sobre la historia de Gran Bretaña y por el que se pasean animales invitados también a la fiesta. Animales felices, no excluidos ni maltratados. Un científico informático, Tim Berners-Lee, un hombre de aspecto simpático y modesto que resulta que ha revolucionado al mundo con el establecimiento de una cosa que se llama red de redes o www, para entendernos. La música que sonó recorrió los últimos 40 años de música en los que los ingleses han reinado de forma incontestable, brillante, y acabó con los acordes de Hey Jude interpretados por su creador, Paul McCartney, casi un himno generacional: “Toma una canción triste y hazla mejor”, que ahora buena falta nos hace.

Días antes de la fecha señalada, Londres fue bombardeada –ella, que había sido bombardeada de verdad durante la Segunda Guerra Mundial- por cientos de miles de poemas escritos por autores de los países participantes en los Juegos. Poemas que se van leyendo por la radio, al tiempo que, desperdigados en lugares estratégicos, se celebran conferencias, exposiciones de pintura, recitales, representaciones teatrales, sobre todo, el World Shakespeare Festival, que pone en montones de escenarios por toda Gran Bretaña, obras del genial poeta y dramaturgo representadas por compañías de todo el mundo.  Hasta festivales poéticos va a haber, como para callar la boca a los tiempos, empeñados en que la poesía ya no es de este mundo.

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¿Cuál es el arma más poderosa de Europa en tiempos de barbarie como los que vivimos? La cultura. Es la marca Europa. No la cultura como adorno insulso y carente de significado para idiotas pretenciosos, sino la cultura que alimenta, que da alas para vivir dignamente, que alienta el espíritu y alegra el corazón. Esa es la que vale.

Por eso, los ingleses, que son listos y a veces hacen muy bien las cosas, han organizado unos juegos en los que no perder el hilo de la cultura, como se había propuesto el padre del invento olímpico moderno, Pierre de Coubertin. ¿Era Coubertin un deportista? No, era historiador y pedagogo. Ah, eso. Pues sí; eso.

Cuando estudiábamos a los griegos aprendimos que las olimpiadas eran pretextos para festejar la poesía. Coubertin lo reimplantó, hace cien años, en 1912, pero las circunstancias que preludiaron la terrible hazaña nazi, en los juegos de Berlín, 1936, disuadieron a todos de continuar con esa práctica poética, después de que italianos y alemanes se llevaran todos los laureles, con odas cuyo contenido y tono ya se pueden imaginar.

En el escenario diseñado por Boyle, una niña, lee un libro bajo las sábanas, burlando la vigilancia de las horas del sueño, valiéndose de una linterna. Me pareció de un virtuosismo brillante mostrar en semejante escena multitudinaria -que en breve bramaría por la victoria de sus atletas- un acto tan secreto, tan sutil, tan poderoso a la vez: leer un libro escamoteando horas al sueño. Algo que, quien más quien menos, ha hecho alguna vez en su infancia.

Bravo, por tanto, por Londres. Lástima que la necesidad de financiación, de vil metal, haya “obligado” a contar con multinacionales que no respetan los derechos humanos ni de los animales.  Pero ya se sabe, que en casa de los humanos la perfección no existe.

Por mucho que el personaje tuviera sus sombras y sus cursiladas, me quedo con una frase del buen Coubertin, que debiera presidir el espíritu olímpico y alimentar la llama por siempre (soñar no necesita patrocinadores, por suerte): “Lo esencial en la vida no es vencer sino luchar bien”. A ello, pues.

2 Comments
  1. em says

    Pues yo llegué, intencionadamente, justo a la hora en que salían los atletas – con sus Iphones en mano grabando el espectáculo ; no tanto los orientales (japoneses) como los occidentales y estadounidenses. Luego la entrega de la antorcha y el juego de llamas del fuego permanente… Y el “Hey Jude”.

  2. gardenia says

    Bonito artículo y bonita ceremonia, pero de Hey Jude me quedaría con otra frase: «El movimiento que necesitas está en tus hombros». The movement you need is on your shoulders.

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