IGNACIO ECHEVARRíA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 00:50

En el parisino cementerio de Montparnasse se halla una de las pocas estatuas erigidas jamás a un crítico. Se encuentra sobre la tumba de Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1869), uno de los escasos críticos que ha pasado en calidad de tal a la historia de la literatura. Desde lo alto de una columna, el busto de Sainte-Beuve parece contemplar con severidad el camposanto en que descansan Baudelaire, Sartre y Samuel Beckett, entre otros. Lo hace con el ceño fruncido y una expresión amarga, malhumorada, como si, a la hora de cumplir su encargo, el escultor hubiese recurrido a la imagen más corriente que se suele tener de los críticos en general. Véanlo, por favor, no tiene desperdicio:

Charles Augustin Sainte-Beuve. / Wikipedia

He recordado este busto de Sainte-Beuve al ver la fotografía de Robert Hughes que acompaña a un buen número de las necrológicas que le han dedicado:

Robert Hughes. / farklihaber8.com

Fíjense: la misma nariz, la misma boca, la misma expresión de enfado y de fastidio que el busto de Sainte-Beuve. Y sin embargo, Hughes arrastraba una reputación de bon vivant, y era un hombre apasionado, con gran capacidad para la risa.

Mi admiración por Hughes se basa, sobre todo, en su serie televisiva El impacto de lo nuevo, que nunca dejo de recomendar como la mejor introducción posible al arte moderno. No es fácil de encontrar, ojalá su muerte sea motivo, al menos, de que a alguien se le ocurra poner en circulación esta obra maestra del ensayismo documental, excelentemente pensada, narrada, articulada e ilustrada. Tampoco es fácil conseguir el libro que Hughes escribió con el mismo título y que en España publicó muy tardíamente Círculo de Lectores y Galaxia Gutenberg. Que lo reediten, por favor.

Hughes ha sido para la crítica de arte de la últimas décadas algo muy semejante a lo que Harold Bloom ha sido para la crítica literaria. Otro crítico, por cierto –me refiero a Bloom, ahora– del que suelen circular fotografías que no tiene nada que envidiar al busto de Sainte-Beuve o al retrato de Hughes, vean si no:

Harold Bloom. / disonancias.blogspot.com

Tanto de Bloom como de Hughes se ha dicho que son los críticos más famosos de su tiempo. Estos días se cita la réplica que Hughes dio a un periodista que se lo recordó: “Que te nombren el crítico de arte más influyente es como si te llamaran el apicultor más influyente”.

Algunos atribuyen la fuerte depresión que atravesó Hughes en los años noventa al desencanto que le produjo el rumbo que tomó el arte contemporáneo a partir de la década de los ochenta. De ser cierto, habría que admirarse ante la vehemencia de un crítico capaz de perder la salud mental por este motivo.

Como sea, y en la hora de su muerte, yo propongo el recorrido fotográfico al que nos invita la web The Australian. “The Life of Robert Hughes” reúne treinta retratos del crítico desde su primera juventud hasta pocos meses antes de su reciente fallecimiento. Dados los antecedentes, se me ocurre que la revisión de esta galería fotográfica no sólo constituye un buen recordatorio de la atractiva y contundente personalidad de Hughes: sugiere además una sutil reflexión sobre su propia evolución como crítico. Y más que eso: podría ser tomada como una pieza conceptual sobre el arte contemporáneo del último medio siglo.

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