Sembramos libros, cosechamos lectores

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Vargas Llosa, el pasado martes, día 18, durante su intervención en el acto del 50º aniversario del Círculo de Lectores. / Gustavo Cuevas (Efe)

El título pertenece  a una frase de Hans Meinke, durante veinte años responsable de Círculo de Lectores en España, lo dejó hace una década ya, creador de Galaxia Gutenberg y, sobre todo, aquel que realizó esa necesaria transición entre el libro obligatoriamente didáctico, tan propio de los años sesenta y las necesidades de la España de entonces, a la edición de libros primorosos y de un rigor incontestable, tanto que hubo un momento en que los amantes del libro se disputaban algunas ediciones de Círculo por la calidad de las mismas: me refiero a las Obras Completas de Octavio Paz o a la que se hizo, con ilustraciones de Alberto Gironella, de Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, entre muchas otras. La frase resume  a la perfección la labor que Círculo de Lectores realizó en España desde que desembarcó en 1962 con el ánimo de realizar en nuestro país el mismo tipo de enfoque empresarial y cultural que en Alemania. Reinhard Mohn, creador de Círculo de Lectores y del imperio de comunicación Belstermann, que levantó desde un modesto negocio familiar de biblias que había colaborado estrechamente con el régimen nazi de publicaciones, hasta ser una de las grandes empresas de comunicación del mundo. Círculo de Lectores, su creación más acendrada, fue la versión europea, de neto corte empresarial alemán, de los Clubes del Libro norteamericanos, país en el que estuvo como prisionero de guerra en el Campo Concordia, de Kansas, y donde aprendió el modo de hacer negocios de los norteamericanos, más extraño de lo que nos puede parecer hoy en la Europa del momento.

El martes, mientras algunos sabíamos ya de la muerte de Santiago Carrillo, se conmemoraron los cincuenta años de la implantación de Círculo de Lectores en España. El acto fue abrumador por las instituciones que hicieron presencia: desde la Casa Real representada por los Príncipes don Felipe y doña Leticia, hasta Mario Vargas Llosa, encargado de la lección inaugural del acto, que habló de las relaciones entre periodismo y literatura, pasando por José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura; Víctor García de la Concha, ahora director del Instituto Cervantes; José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta, que ostenta ahora el 50% del capital de Círculo, y, desde luego, Liz Mohn, presidenta de Belstermann AG, y viuda de Reinhard Mohn, cuya presencia no nos hizo olvidar la raíz netamente alemana del proyecto empresarial. Podría llenar la crónica de nombres, de escritores como Luís Mateo Díez, Rosa Montero, Carmen Posadas… y un largo etcétera de viudas de escritores, estaban Marina Castaño, viuda de Camilo José Cela; María Asunción Mateo, viuda de Rafael Alberti; Carolyn Richmond, viuda de Francisco Ayala, y tres o cuatro más que no cito por no alargar la cosa. Había críticos, editores, representantes varios del mundillo cultural, en fin, un montón de personalidades que con su presencia sancionaron la importancia del evento.

Pero lo que quiero destacar aquí no tiene nada que ver con el acto institucional, por muy importante que fuera desde un punto de vista mediático, sino con la importancia que esta empresa tuvo en el desarrollo cultural de España. Tengo para mí que son habas contadas las colecciones de libros que han hecho en nuestra historia una labor popular de educación literaria excelsa. Tan contadas que voy a enumerarlas: la Colección Universal, de Calpe, en los años veinte y treinta, continuada por la colección Austral después de la guerra; la labor llevada a cabo en los años sesenta por Círculo de Lectores, y, más tarde, la aparición de Alianza Editorial. No hay más, y en estos cien años hubo por lo menos cuatro generaciones de españoles, con un acceso a la educación muy restringido, cuya única ventana  a la cultura eran estas cuatro opciones, depende de los años a que nos refiramos, y la compra de enciclopedias  a plazos. Círculo de Lectores, coincidiendo con el inicio del desarrollismo, se introdujo en España de la mano de Reinhard Mohn, con el ánimo de hacer negocio pero, también, con el afán pedagógico que recorría Europa en los años del despertar económico. Círculo de Lectores llegó  a tener más de 1200.000 socios, lo que en un país de escasa lectura como España fue un milagro, y llegó a los rincones más recónditos del país con el método del representante que llama a la puerta del domicilio. Esto ya se había hecho antes pero creo que el éxito de Círculo es que dio confianza. Para decirlo en plata, introdujeron una seriedad en las relaciones con el cliente de raíz luterana, sin atisbo alguno de la picaresca casposa del empresariado editorial español, cuya característica más sobresaliente es que no pagaba nunca y solía desplumar al precavido. Se ganaron la confianza de la gente. Eran cumplidores.

Los que rondamos ahora la sesentena supimos, muchos de nosotros, casi la mayoría, de la literatura gracias al tipo aquel de Círculo que llamaba todos los meses a la puerta de la casa. Luego, la llegada de los boletines de novedades, editados con un extraño lujo para la España de entonces, la ampliación al catálogo de música… Es verdad que más tarde aquello no nos bastó y ya había colecciones como la de Alianza o las de Ariel Bolsillo, o la de Seix Barral, que modernizaron definitivamente el panorama editorial español, y de paso a nosotros, pero es de justicia, pertenece además a la educación sentimental de toda una generación, dar fe de la labor que hizo esta editorial para la introducción del libro en España. Y ello de tal manera que la iconografía de la época debería tener en cuenta, lo digo para aquellos que decoran series de televisión como Cuéntame, el boletín de novedades Círculo de Lectores junto al 600, la botella de gaseosa La Casera o de cerveza El Águila junto al teléfono de Standard Eléctrica y el paquete de Celtas o de Bisonte. Lo recalco porque daría verosimilitud a la cosa. Al fin y al cabo en el detalle está Dios y el libro siempre fue un detalle en el curso de la vida. Lo del martes fue un homenaje a los cincuenta años de la llega de Círculo de Lectores a España. Ello está bien, y la empresa se enfrenta ahora a retos muy importantes como la digitalización del sector, teniendo en cuenta, además, que ya no posee la prepotencia de hace cincuenta años en que en España estaba casi todo por hacer. Se habla de que están introduciendo a sus socios en el mundo del libro digital, lo que demostraría que empresarialmente mantiene el mismo espíritu que en los años cincuenta, pero a mí lo que interesa de verdad de todo el asunto del cincuentenario era el de dar cuenta de lo que significó para una generación. Sólo eso. No es poco.

1 Comment
  1. paco otero says

    Leo en estos dias a un autor marroquÍ (del grupo «los otros marroquís») y me quedo con una frase;…nostalgia de la ignorancia
    los que estamos en los primeros sesenta por determinación implacable del tiempo y por tanto fuimos adolescentes ,jovencitos en los años sesenta nos agrada recordar con tu articulo y con sana y bella nostalgia, aquellas editoriales que tanto nos ayudaros..AUSTRAL,la rebelion de las masas, luces de bohemia y tantas y tantas;ALIANZA, el lobo estepario ( no el oso…)Juan Diaz del Moral etc etc. Y como no el CIRCULO DE LECTORES.Tambien los pequeños libros de la editorial¿ZYX? donde conocí a los primeros autores(para mi)rusos… gracias al circulo y a este articulo que nos lo recuerda.

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