Las afinidades electivas de Luis Goytisolo

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Cubierta de la novela. / siruela.com

Hay dos libros del siglo XIX que se disputan el honor de incidir como pocos en la sutil perversión de las relaciones humanas. Ni que decir tiene que los dos están relacionados con el amor. Uno de ellos, Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, publicada bajo el pseudónimo de Ellis Bell, es un producto extraordinario del Romanticismo donde una solitaria mujer que parecía conocer nada de la vida, imaginó en un páramo cubierto de lluvia y viento, no podía ser de otra manera, una bárbara, espléndida e intensa historia de pasión con el demonio dibujado en la sombra: la pasión entre  Cathy Eamshaw y Heathcliff , su hermano adoptivo, ha seducido de tal manera el imaginario del siglo XX que gentes como Luis Buñuel llegaron a profesar un culto extremado por esa historia que anunció los arrebatos del surrealismo. El otro es más curioso. Se trata de una nouvelle de Johann Wolfgang von Goethe, Las afinidades electivas, el título alude a la atracción-repulsión de ciertos minerales, donde cuatro personas que viven un cierto tiempo en una mansión rural se atraen-repelen de tal manera que rompen con todas las reglas establecidas, y, desde luego, la del matrimonio. Sutil, cínica al modo de los tiempos de las pelucas, su versión cinematográfica, realizada por los hermanos Taviani, no rinde justicia a la obra todo lo contrario que la de Buñuel con la Brontë, aunque  hay que decir que Roland Barthes afirma en Fragmentos de un discurso amoroso, que la obra de Goethe es la más inquietante y perversa de todas las narraciones del XIX.

Y todo esto para hablar de la última novela de Luis Goytisolo, El lago en las pupilas, que es un libro publicado en el siglo XXI y que lleva a sus espaldas, respecto a las dos obras citadas antes, casi dos siglos de experimentación literaria, cansancio de fórmulas, creación de otras nuevas, y un cierto resquemor respecto a los resultados reales de todo ello. ¿Por qué, entonces, esa similitud venida entre la obra de Goethe y la de Goytisolo? ¿Por qué, a estas alturas, tamaña comparación?  Tengo al autor de Antagonía como uno de los más sutiles y complejos de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX y también por uno de los que menos justicia se le ha hecho. Lo de la justicia es lo de menos habida cuenta de que parece ser norma para los mejores, pero lo de sutil y complejo es más arduo. Leyendo El lago en las pupilas, cuatro historias que se entreveran en paisajes diferentes, Riofrío, no confundir con la localidad segoviana llena de ciervos y reminiscencias renacentistas, y Locarno, donde se halla el lago inmóvil que da título a la narración, me vino a las mientes la novelita de Goethe y creo que la comparación posee cierta pertinencia. Lo oculto es parte esencial en la narrativa de Goytisolo. El desvelar ciertas claves de una realidad que se presenta de otro modo es tema recurrente de su narrativa, por ejemplo en La cólera de Aquiles, y en esta novela esa revelación de lo oculto juega de nuevo un papel de primer orden. Para que haya revelación de lo oculto, por otro lado, tiene que haber tendencia a ese develar  por parte de algunos personajes y motivos para ello aunque esos motivos a veces tomen direcciones azarosas. En El lago en las pupilas, Gloria y Marcel, cada una a su modo, realizan indagaciones en el pasado. La revelación siempre es terrible pues hurgar en la memoria trae como consecuencia, no siempre, un cambio de perspectiva a veces terrible. El destino de Gloria y Marcel es muy parecido en la revelación de la verdad a lo que les sucede  a los matrimonios estables de la novelita goethiana, hasta que, en un caso el juego de atracción-repulsión habida en las relaciones humanas, y, en el otro, la indagación en la memoria, traen la fatal o bienvenida inestabilidad a sus vidas. No es baladí, además, que sean las historias de Gloria y Marcel las que abran y cierren el libro. En medio, las del Moro, un empresario que, ya jubilado,  realiza la previsible redacción de unas memorias con el oscuro ánimo de cubrir ciertas cosas habidas en la guerra civil,  y Richard, un periodista que cubre en Locarno, la localidad del lago inmóvil suizo, una cumbre económica.

La imposibilidad de hallar la verdad es, en el fondo, lo que subyace en la novela, como en cierta forma en la novelita de Goethe. El autor alemán recurre a la metáfora de la atracción y repulsión de los minerales, en un intento de objetivar mediante la naturaleza, aquello que en los hombres está por encima de las convenciones sociales. En la obra de Goytisolo la constatación es más escéptica y la metáfora no incluye ninguna recurrencia a lo objetivo. Nuestro siglo, el que dejamos atrás, es aquel que sabe de las formas eternas que sugiere la subjetividad, ¿para qué, entonces recurrir a otros órdenes?  De ahí que esa imposibilidad de verdad no contenga detalle alguno fuera de las relaciones humanas puras y duras. Por otro lado esta novela me ha sugerido la de Goethe por motivos aún no descritos. Hay una subyacente presencia de la tradición francesa en este tipo de narraciones. Los Cuentos morales, de Eric Rohmer, pueden ser invocados mientras se leen los diversos relatos contenidos en la novela de Luis Goytisolo sin que éste, por otro lado, sea deudor del cineasta y escritor francés. Algunos aires del nouveau roman son afines a este tipo de historias. Las de Goytisolo mantienen cierta tendencia  a lo fijo en medio de un torbellino, no hay apenas cesación de movimiento en el libro donde las historias se suceden y mezclan con curiosa rapidez: es la incursión reflexiva de su escritura que le hace tan personal y, a la vez, tan reveladora. Esta novela, corta pero intensa, es de nuevo una excepción en nuestro panorama literario.

2 Comments
  1. celine says

    Perspicaz nota sobre esta novela que también he leído. Me gusta especialmente la alusión a lo fijo en medio del torbellino: «If you can keep your head when all around you are loosing theirs and blaming it on you»… Creo que, por seguir con Kypling, Luis Goytisolo sabe confiar en lo que escribe «cuando todos a su alrededor dudan», pero les deja dudar, también.

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