El caos civilizado

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Cubierta de la obra de Keith Lowe.

Dice el historiador John H. Elliott en su reciente libro Haciendo historia, publicado entre nosotros por Taurus, que el que se dedica a este oficio debería ser consciente de que una mala historia conduce  a una mala política, amén de otras sutiles verdades como el que la incorporación de las mujeres al campo de la historiografía ha hecho que se incorporen temas esenciales como la historia social. Quizá sea ese el secreto último de la gran confianza que han producido siempre los historiadores británicos, la escuela de historiografía más prestigiosa desde los tiempos de Edward Gibbon y que siguen en cierta manera,  a pesar de los disfraces el ejemplo de Tucídides, su referente primero. Dicho de otra manera: la independencia que da el trabajar en un país donde se respetan desde hace siglos la discrepancia. Esta frase de Elliott viene que ni pintada para dar cuenta de la excelencia de un libro recientemente editado en su país y entre nosotros, Continente salvaje. Europa después de la Segunda Guerra Mundial, Galaxia Gutenberg- Círculo de Lectores, que ha escrito un historiador joven pero muy prestigioso, nació en Londres en 1970, Keith Lowe, un especialista en la Segunda Guerra Mundial de excelencia reconocida, pasa por ser el mejor de todos, que ha publicado otros libros como Inferno. La devastación de Hamburgo. 1943. Keith Lowe, que sale con frecuencia en programas de televisión de Gran Bretaña y Estados Unidos, posee esa maravillosa facultad tan querida de los historiadores anglosajones de aunar como nadie rigor intelectual y amenidad. Leyendo este catálogo del horror que es Continente salvaje, parecería que nos estamos meciendo en una novela. No es cierto. En realidad el libro está lleno de estadísticas, informes e informaciones contrastadas, pero escritas con una intensidad y un sentido de la narratividad que se echa de menos en otras escuelas, más dadas a la aridez y la conceptualización..

Para hacernos una idea del periodo que describe Lowe, el que va desde el año 45 al 50, no se nos ocurre otra correspondencia que atender al caos en que están sumidos países como Libia, Irak, Afganistán e incluso Egipto, un caos donde los señores de la guerra, es decir, los jefes tribales se mueven a sus anchas e imponen su ley. Europa, destruida hasta extremos indecibles, más de quince millones de casas fueron literalmente convertidas en polvo, amén de cuarenta millones de muertos y quince de desplazados, más de seis millones gaseados, se sumió hasta la llegada del Plan Marshall en una subterránea guerra civil llena de masacres que este historiador nos describe país por país, en unos años que muy poca gente conoce ya que el imaginario popular supone que tras la GuerraMundial el continente entero, sumido en una reconstrucción milagrosa, se puso a trabajar bajo una dirección política y empresarial eficaz que hizo que en pocos años el continente renaciera. Esto puede ser aplicado a los años cincuenta, cuando los Estados Unidos impusieron una barrera económica urgente que costó muchos recursos para atajar el peligro de una revolución social de signo comunista en paises como Francia e Italia. Churchill, que quedó horrorizado con la frivolidad con que Stalin hablaba de los futuros fusilamientos en la Alemania derrotada, estamos en Yalta, y que sabía de lo de la matanza de Katyn, no tuvo reparos en sumir a Grecia en una guerra civil despiadada para evitar que el área de influencia dela URSS llegara hasta el Egeo, tanto que Lowe cuenta que tras el bombardeo de Atenas por la RAF muchos griegos empezaron a ver al anterior invasor alemán como un ejército de caballeros. Todo esto antes de que pronunciase su famosa frase donde bautizó a la Europa del Este como “telón de acero”. Frase, por otro lado, que sumió a Europa en el alivio que produce el establecer fronteras de una vez por todas… hasta entonces el continente entero parecía, en su inmensidad, ser un inmenso Berlín, un sitio lleno de escombros donde se movían de un lado para otro los ejércitos invasores y donde comunistas, nazis, fascistas y demócratacristianos luchaban por debajo hasta extremos sangrientos para conseguir el poder. A este respecto, la información ofrecida por Lowe sobre la subterránea guerra entre gaullistas y fifís, los del Frente de Liberación, los resistentes, en manos del Partido Comunista Francés, y que controlaba buena parte del sudeste del país es significativo, aunque no único. En Italia sucedió algo parecido, lo que hace caer el velo del interesado prejuicio que nos ha hacho creer, quizá como producto de la propaganda de la Guerra Fría, que el caos, el asesinato y la venganza se dieron sólo en los países del Este, dominados por los soviéticos y donde no se podía imponer la ley porque sencillamente no existía.

El libro puede ser calificado como un catálogo de horrores porque está estructurado inteligentemente así: venganza, limpieza étnica, guerra civil, y dentro de estos apartados, desplazamientos, hambrunas, violaciones, viudas, huérfanos, prisioneros de guerra, la venganza contra mujeres y niños, los casos de Rumanía, Polonia y Bulgaria, sus terribles guerras civiles, su antisemitismo, y ello de tal manera que en Polonia se llegó  a fusilar  a judíos que habían sido liberados de los campos de exterminio en progroms sin control.

Sólo conozco un caso en que este periodo fuese entrevisto poco antes de que ocurriera y bajo forma de farsa cósmica. Para ello había que tener un inmenso talento, y si leemos Rigodón, Fantasía para otra ocasión, De un castillo al otro, caemos en el horrorizado hechizo de una Europa en llamas, caótica, sin remedio alguno. El autor, Louis Ferdinand Céline retrató aquel paisaje devastado como nadie. Sabía hacerlo. Pocos han descrito la porquería que es una guerra como él en Viaje al fin de la noche.

Pocos lo han historiado como Keith Lowe.

El origen está en Dante.


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