Dalí ha muerto, viva Dalí

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La semana pasada se inauguró en el Centro Georges Pompidou la que de seguro será una de las grandes exposiciones del año. Hasta el 25 de marzo el museo parisino acogerá una gran muestra de Salvador Dalí que, un mes más tarde, repetirá en el Reina Sofía madrileño, institución que ha sido coorganizadora del evento y que se convierte por la gran cantidad de obra recogida, prácticamente es un repaso exhaustivo a su extensa producción, en quizá la más grande expuesta sobre el artista de Port Lligat. La muestra, lejos ya de la provocación daliniana, se ha centrado en recalcar su faceta delicada y virtuosa. Los tiempos han cambiado. El Centro Georges Pompidou, sin embargo, pretende aumentar su número de visitantes respecto a la anterior retrospectiva que hizo del pintor, en el 79, y que llegó a la increíble cifra de 900.000. Todo un récord incluso para el propio museo.

Lo cierto es que París siempre rindió culto a este hombre. Desde luego en sus inicios, pues sin París Dalí no hubiese sido Dalí, pero también después, cuando era artista de fama mundial, es decir, tenía a Estados Unidos en el bolsillo, y colaboraba con Walt Disney y proyectaba cartones para películas de Alfred Hitchcock, cuando se había convertido en Avida  Dollars, remedo ampurdanés del Tío Gilito, París le demostró siempre que es ciudad que no olvida a quien se amamantó a sus pechos. Recuerdo la exposición que el mismo Pompidou le hizo  a finales de los setenta, cuando Dalí se paseó por la capital francesa en un Rolls y una langosta sujeta a una correa, remedo del dandismo del Palais Royal a lo Gérard de Nerval, con sus espadrilles catalanas, su mostacho de puntas ya caídas y una piel cetrina y desmejorada que decía todo de su salud, y se puso de parte de los empleados del Museo que estaban de huelga; recuerdo que un día, años más tarde, en 1987, estaba yo con prisas y me dirigía al Hotel Crillon para entrevistar a Debra Winger cuando, Rue de Rivoli adelante, noté que mucha gente cuchicheaba y miraba en mi dirección. Me di la vuelta y a diez metros me topé con el mismísimo Salvador Dalí con capa y paseando una pantera. Bueno, un remedo de Dalí, pues éste había muerto años antes. Pero el gesto daliniano pervivía y la excitación de los parisinos ante cualquier performance, como se dice ahora para cualquier excusa, parecía intacta incluso con su remedo. Esa fue la fuerza de un artista  que hoy día parece buscársele desde otro ángulo, cambiando el gesto gamberro por su buen hacer con el dibujo y el límite ante el gesto kitsch.

Cartel de la exposición. / centrepompidou.fr

¿Se quiere domesticar a Dalí, aquel que dijo tener sueños eróticos con Hitler y que fue expulsado de la hermandad surrealista por el Papa Breton? Un artista que dijo, “la diferencia entre los surrealistas y yo es que yo soy surrealista” y que llamaba  a los dólares “green papers”, ampurdanés hasta decir basta, da la impresión de ser poco domesticable, si caso se le puede manipular, dejémoslo en manejar, conducir, y poco más. Esta muestra pretende dejar preterida ya a mejores tiempos la provocación daliniana en aras de su buen hacer. En cierta manera razón no le falta pues los elementos provocadores en Dalí se han quedado de colegial al lado de los que podemos contemplar en you tube todos los días, o, simplemente basta con acercarnos a cualquier exposición o presentación de libros para darnos cuenta de que lo que todo el mundo hace ahora, es decir, proponerse como objeto de publicidad, es un invento de Duchamp y de Dalí en su vertiente de cultura de masas. Hay una fotografía de Helmut Newton que vale como epitafio de la provocación daliniana. Se hizo poco antes de la muerte de Dalí para Vanity Fair, y ahí se ve  a un Dalí esquelético, el tubo de hospital metido en la nariz y con la Gran Cruz de Isabel la Católica en su escuchimizado pecho. Con ello quiso llamar por última vez la atención del mundo, pero me pregunto, ¿para qué?, ¿con qué objeto? Supongo que para no dejar de ser Dalí hasta el último momento. En realidad fue un esclavo de su espejo. En parte.

Digo. El museo, con fondos provenientes del mismo centro, del Reina Sofía y del MOMA neoyorkino, quiere evitar la provocación pero lo cierto es que no sabemos de qué manera. Los gestos dalinianos son los mismos, y el visitante termina el recorrido saliendo por una cabeza mientras los salchichones kitsch del Ampurdán les contemplan desde arriba, por todos lados. Pero el camino está plagado de hallazgos. No en vano se ha evitado dejar algo al azar. Desde los éxtasis eróticos de Los esfuerzos estériles hasta esa Memoria prenatal, la foto que Phillippe Halsman le hizo con Dalí desnudo metido en un huevo en posición fetal, pasando por los recursos sobrados de El gran masturbadorEspaña, el Retrato de la señorita Isabelle Stiller Tas, incluso cartas íntimas desperdigadas con buen tino.

Películas también, como corresponde a un hombre anuncio, un hombre que nació en cierta forma con ese arte. Películas que han tenido que ser cortadas como corresponde  a la idea de montaje. Películas que han pasado a ser objeto de culto entre los recolectores de leyendas. Para acabar: Metamorfosis de Narciso, en pleno éxtasis surrealista, y Retrato de Picasso, un cuadro que inquieta hasta límites insospechados ya que podría haberse titulado Retrato paranoico de Picasso. Están ahí representados todos los atributos del pintor malagueño en una danza enorme de símbolos donde no hay trazo que no tenga sentido. Es una de las pinturas más densas que he visto. El se quiso ver como Retrato de tocino a la parrilla.

1 Comment
  1. PLAYtheGURU says

    Demuestra todo lo que sabes de Salvador Dalí y te premiamos 🙂
    @playtheguru > http://goo.gl/0TjXc

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