Rescate de ciencia ficción

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Sin ánimo de parecer grandilocuentes, hace tiempo que venimos pensando que hay cierta semejanza entre las carreras cinematográficas de Ben Affleck y Clint Eastwood, o si se prefiere, que Affleck nos recuerda al Eastwood de finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando el actor mediocre comenzaba a dirigir películas en las que se empezaban a apreciar trazas de gran realizador, primero del oeste (El Fuera de la ley, La venganza del muerto…) y luego de mayor complicación argumental (Bronco Billy, Impacto súbito…).

Affleck pegó el pelotazo en Hollywood hace unos años junto a su amigo Mat Damon con el guión de El indomable Will Hunting y desde entonces se ha dedicado básicamente a la interpretación para ganar dinero, a pesar de sus grandes limitaciones, pero ello le ha permitido dirigir tres buenas películas de distinto estilo, que constatan una prometedora carrera como director: Adiós pequeña adiós, The Town y Argo, la que nos ocupa. Al tiempo.

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Argo es una película basada en hechos de los setenta rodada al estilo de los setenta, y si no reconociésemos a los actores (John Goodman, Alan Arkin…), bien podríamos pensar que estamos ante una cinta de Pakula o Pollack de aquel entonces: agilidad narrativa, tensión, sobriedad y esquematismo; aunque Affleck se permita ciertas licencias patrióticas y exageraciones etnográficas o históricas, que entonces no eran necesarias.

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Argo nos cuenta la operación de rescate de siete rehenes estadounidenses refugiados en la embajada canadiense durante la conocida como "crisis de los rehenes en Irán"  tras el derrocamiento del Sha por Jomeini y sus fundamentalistas en 1979, que lograron salir camuflados como parte de un equipo de localización para una película de ciencia ficción que se titulaba así.

Algunas de sus claves radican, precisamente, en haber sabido reflejar con humor, distancia e inteligencia la interacción que se produjo entonces entre Hollywood, la CIA y la diplomacia internacional para sacar a esos tipos de allí y en haber sabido perfilar unos personajes sólidos y amables que se dejan querer en sus circunstancias difíciles mientras se mueven entre sentimientos de camaradería, amor a la patria, fuertes principios y miedo, aderezado con subtramas de conflictos de lealtad, relaciones amorosas complicadas, incompatibilidad familiar y laboral, etc.

El director ha sabido situarse con comodidad durante toda la película en el punto de vista deseado para la narración, dejando convertido en tópico de hemeroteca amarilla o de noticias de la Fox la parte de la revolución Iraní; e intencionadamente desarrolla, con cierto estilo pero sin sutileza, un ejercicio final de patriotismo y realismo que nos recuerda a la vez, por paradójico que parezca, a alguna cinta de Eastwood mezclada con cualquier versión de la Jungla de Cristal. Originalidad y canon todavía juntos. Habrá que esperar un poco.

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