Esa engañosa salud del libro

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Temáticas de los libros publicados en España durante 2012. / Gráfico: Federación de Gremios de Editores de España

Se ha dado a conocer recientemente el informe de la Federación de Gremios de Editores de España, FGEE, que recoge cada año las cifras concernientes al mundo del libro. Es un informe preciso, claro, no en vano se basa en el ISBN, por lo que ciertas especulaciones suelen toparse con la dura realidad de los datos. Así, mientras los rumores sobre la precariedad del sector en el 2013 nos hacen creer que este año va  a ser determinante para el futuro del mismo, las librerías no han vendido prácticamente casi nada en Navidad y se espera que la racha, por lo menos hasta primavera continúe, mientras no dejan de despedir a comerciales en algunas editoriales, las cifras del ISBN parecen extrañamente tranquilizadoras. La crisis en el sector del libro, por ejemplo, puede llevar a pensar que el número de casas editoras está disminuyendo. Nada más alejado de la realidad. Según el informe, en España se dieron de alta en 2012,  535 editoriales, lo que podría llevar  a pensar, por el contrario, que el sector está en alza, lo que a todas luces es irreal. Es probable que muchos profesionales hayan optado por crear una editorial pequeña, donde muchas veces trabajan una o dos personas. La gran mayoría de las editoriales pequeñas subsisten gracias a esa precariedad, lo que a la larga les hace más resistentes a la hora de encarar la crisis evidente del sector. De esta manera serían las medias, las grandes poseen otro tipo de recursos ya que están muy diversificadas, las que estarían más amenazadas y se supone que el año en curso será la prueba de fuego para muchas de ellas.

Pero las cifras cantan. Se editaron en España casi 90.000 títulos, un 8% menos que el 2011, de los que un 22 % lo fueron en formato digital, lo que desmiente las expectativas de muchos editores amantes del papel que prácticamente dieron como finiquito al e-book cuando se enteraron de que se había vendido muchos menos artilugios de lectura digital el año pasado que en 2011, ya que es probable que estos libros se lean en otro tipo de formatos que no pasan necesariamente por el del libro electrónico, que parece bastante antipático  a quién gusta de este tipo de tecnologías. Éste, por otra parte, posee la salud de los recién nacidos: en San Antonio, en Texas, se inaugurará este otoño la primera Biblioteca Virtual, The First Booklees Public Library of Texas,  según noticias de ABC News, con una capacidad de almacenaje enorme, y sólo coartada por la existencia en formato digital del título requerido. Para marear.

Sin embargo, todo indica que el libro, tal y como lo conocemos, tiene cuerda para rato. Muchos factores ayudan a ello, pero el principal radica en su perfección de diseño, lo que le permite una flexibilidad y una comodidad de manejo de la que carecen los e-books. En España, además, se tiene la impresión, por el comportamiento de los lectores en formato electrónico, que el despegue será aún muy lento. Muchos factores intervienen en  esa pereza pero si curiosean sobre la oferta de libros electrónicos caerán en la cuenta de que, tal y como están las cosas, prácticamente no existen libros electrónicos de cierta calidad y que este formato es incapaz de mantener cierto nivel cultural con aquello que ofrece.

El mundo de libro representa el 0,7 del PIB español, da empleo a 30.000 personas y factura 3.000 millones de euros. Por regiones, Madrid se lleva la palma en número de libros editados, con 36.000, seguida de Cataluña, con 22.000, y ya  mucha mayor distancia, Andalucía, Comunidad Valenciana y País Vasco, lo que nos muestra el equilibrio entre población y hábitos de lectura en España, que está decantado principalmente en las regiones más ricas e industrializadas, salvo en el caso de Andalucía, cuya población y extensión hacen de ella una excepción.

Por materias no hay sorpresas respecto a otros años. Los libros de ficción siguen a distancia de las restantes, 15.000 títulos, seguidos de literatura infantil y juvenil, que también son ficción, 10.000, y, luego, Medicina, Sociedad, Humanidades, Literatura, Estudios Literarios y Artes, cerrando la lista Geografía y Medio Ambiente con 1.800 títulos. En cuanto a los libros publicados en las distintas lenguas oficiales, tampoco: en catalán se rebasaron los 7.000 títulos y el gallego, valenciano y vasco dieron para 1.000 títulos en sus respectivas lenguas para el año pasado.

Pero hay algo en todo esto que no cuadra. El informe del ISBN registra cifras, no interpretaciones, y son éstas las determinantes, cuando son certeras. A primera vista parecería que el sector está en un aprieto, en un bache, no mucho más grave que otros sectores incluso agraciados. Nada más lejos de la realidad. Cuando uno viaja en metro es raro encontrarse a alguien leyendo, no ya un libro, sino un periódico o una revista y son legión los que deslizan dedos por el móvil. Esto es experiencia de andar por casa, pero es real, al igual que las librerías vacías en ciudades como Madrid y Barcelona, sobre todo las librerías de cierta solera intelectual. Podría suceder que las cifras que nos ofrece la Federación de Gremios de Editores de España se refieran a unos números que ocultan cierta bomba de efecto retardado. Muchas editoriales optan por la huída hacia adelante y suplen con la publicación de una enorme cantidad de títulos la escasa venta de los mismos mientras retardan los pagos a las imprentas. Eso lleva  a la creación de un bucle de consecuencias previsibles: llegará un momento en que la burbuja creada estalle y la industria colapse. Se están dando las condiciones para ello y, en realidad, hace años en que esto se contempla. Pero de un modo u otro ello nunca sucede.

La respuesta como siempre, es poliédrica, tiene varias caras. El informe anual del ISBN es tranquilizador, pero sólo para quienes las cifras no hablan con doble lenguaje, y sucede  que en el mundo del libro la opacidad es moneda común. Quizá no haya otro remedio: recuerden al editor, Zaratustra, de Luces de Bohemia, de Valle Inclán; recuerden las anécdotas, aventureras,  de editores del pasado, como José Ruiz Castillo, como Gregorio Martínez Sierra, como Carlos Barral… donde la supervivencia, algo sustancial al oficio, se aliaba a veces con modos de vida no muy bien vistos en las clases burguesas. Una diferencia esencial divide a este tipo de editores con nombres como José Manuel Lara, por poner un caso, donde lo empresarial es ya producto de otro modo de mirar. En España las dos maneras de entender el sector han ido parejas cuando no juntas: lo que peligra hora es quizá la pervivencia del sector mismo, o del modelo al que nos hemos aferrado. Así, el de seguir dando una importancia a la novela de éxito o best seller cuando se percibe una tendencia entre el público a suplir esas lecturas por la de ver series de televisión, que son ya motivo de materia en las Universidades. Ya digo: leamos las cifras de la Federación, pero no adelantemos interpretaciones de moderado triunfo. No conviene.

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