Hugo Pratt, la sombra oculta de Angulema

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Hugo Pratt, imagen de archivo fechada en 1989. / Wikipedia

El Festival de Angulema cumple en esta edición que tendrá lugar entre el 31 de enero al 4 de febrero, cuarenta años, casi medio siglo bajo la sombra intermitente pero decisiva de Hugo Pratt. Todo comenzó cuando, en 1974, un trémulo Hugo Pratt inauguró aquella primera edición con un cartel suyo, un dibujo en blanco y negro donde un hombre, que prefigura el contorno de un inexistente Corto Maltés aún, contempla, apoyado en una palmera, a un barco que surca un brazo de aguas someras, como diría Joseph Conrad, un Hugo Pratt que en aquellos tiempos ni siquiera soñaba con convertirse en el dibujante famoso hasta el mareo en que se transfiguró años después. Bien es verdad que le faltaba poco para crear al personaje que lo encumbraría, Las aventuras de Corto Maltés, y sus historias se publicaban en semanarios para jóvenes, Corto Maltés apareció en Pif Gadget, y su impronta no llegaba, en aquellos tiempos, a las historietas de Rahan. Dice mucho de la intuición artística de los responsables de aquel festival joven pero cargado de realidades desde el primer momento el que fuera Hugo Pratt el que les hiciera el primer cartel con que se iban  a presentar al mundo.

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Dos años más tarde, Hugo Pratt presentó su soberbia novela gráfica, La Balada del Mar salado, con que abrió las aventuras de aquel que se convirtió en su personaje emblemático. Recibió el Premio al mejor álbum. Desde entonces el idilio entre el Festival y Hugo Pratt fue tan intenso que la mayoría de las veces no se entendía uno sin el concurso del otro. Así, Casterman, el editor de Tintin y Alix, valoró en su justa medida el reconocimiento que Angulema hizo de Hugo Pratt y gracias a éste vio la oportunidad de abrir su empresa a la edición de cómic para adultos, es decir, publicar novela gráfica. En 1978, Casterman lanzará en Angulema el número cero de la revista del Festival cuya estrella será Hugo Pratt, rodeado de excelentes dibujantes del cómic en blanco y negro, como Tardi, Forest y Comés, premiados todos en Angulema.

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La cosa dio resultado porque representó una nueva manera de contar las historias que hizo furor en Estados Unidos, cuna del cómic. Sobre todo en Frank Miller, el creador de 300, de Sin City, de Dark Knight. Más cerca de nosotros, Mike Mignola, el creador de Hellboy, confesó sentirse influido por el estilo de Hugo Pratt. A partir de aquí comenzó la leyenda hasta la muerte del dibujante, acaecida el 20 de agosto de 1995. Asiduo del Festival, Hugo Pratt expuso en el teatro de Angulema en 1988 una exposición enorme de las planchas originales de sus dibujos y se encumbra hasta pertenecer a  la Academia de los Grandes Premios. Luego, en 2005, diez años después de su desaparición, el festival le rindió homenaje exponiendo su magnífica serie Los escorpiones del desierto. Luego, en 2008, José Muñoz, amigo suyo y presidente del Jurado de aquel año, le hizo ser la estrella del festival exponiendo la serie Historietas, donde se rindió homenaje al cómic realizado por dibujantes argentinos. Desde entonces hubo sólo cuatro nombres, Gran Premio del festival, cuyos dibujos se expusieran juntos: Jijé, Jean Giraud Moebius, Jean Claude Forest y … Hugo Pratt, justo los cuatro grandes que han hecho del Festival lo que es hoy, uno de los referente mundiales del cómic.

De ahí que el Festival le haga un sentido homenaje con la proyección de Je me souviens de… Hugo Pratt, conmemorando a los grandes dibujantes que han pasado por el lugar en estos cuarenta años, tal también,  Nikyta Mandrila, Jean C. Denis. Art Spielgelman, Albert Uderzo, Robert Crumb, Max Cabanes, Will Eisner, en unos bellos cortos realizados por Benoît Peeters con música de Bruno Letort, cortos con los que el Festival rinde homenaje  a aquellos que han sido Grandes Premios y,  a la vez, se lo hace a sí mismo presentando un palmarés inigualable.

De este modo, bajo la sombra tutelar de Hugo Pratt, se abrirá la cuadragésima edición del Festival, que este año se presenta muy teñido de orientalismo, lo que ya va siendo habitual desde el resurgir del manga japonés, hasta el punto de ser éste un referente narrativo fundamental y gozar de una presencia casi abrumadora en cualquier evento de este tipo. Pero este año no es Japón el único país asiático en verse representado, estará Leiji Matsumoto, el creador de Galaxia Express 999,  sino que el Festival pondrá toda su atención en Corea, en unos encuentros que con autores de lo que se ha llamado el K-Cómic y que desde que se dieron  a conocer hace diez años en el Festival no han hecho más que arraigar cierta calidad que se ve avalada además por la acogida del público, acogida que tiene que ver con que este modo de dibujar poco o nada debe al manga, lo que siempre es de agradecer. Matsumoto estará presente en los Encuentros que siempre son un referente del Festival, que este año contará también con la presencia del canadiense Chester Brown, que es un autor controvertido y representante genuino de lo que se conoce como cómic alternativo en el mundo anglosajón.

Las exposiciones retrospectivas que este año reserva Angulema son previsibles aunque espectaculares: Uderzo in extenso, título de una muestra tremenda sobre el creador de Asterix, Albert Uderzo; también los 150 originales que componen la que se  ofrece de Jean C. Denis, presidente del Jurado de este año, en fin, Mickey and Donald, todo un arte, una exposición que recoge la influencia que los dibujos de Walt Disney han tenido en otros dibujantes fuera de los Estados Unidos.

Angulema, pues, se presenta este año con las contradicciones típicas de un Festival de sus características. Por un lado, al ser un Festival de referencia, para muchos el más acendrado de los que existen, las exposiciones retrospectivas tienen que poseer ese marchamo de lo clásico, pero el Festival no deja de ser un lugar idóneo para los descubrimientos. Ese equilibrio, que por ahora no se ha roto, es lo que hace que este lugar siga siendo un referente en el mundo del cómic. De ahí el legado y la sombra benefactora de Hugo Pratt. Un Festival que comenzó exponiendo un cartel de un dibujante que se convirtió en leyenda años más tarde habla bien a las claras de algo idóneo: la apuesta por la novedad y el acierto. Lo que dará de sí este año en el que por ahora, y antes de valorar lo que aquí se ha movido, sólo diremos que el domingo, 3 de febrero, el gran día de los fastos de Angulema,  le dieron el Gran Premio a Willem, el afamado dibujante holandés por el conjunto de su obra. El último consagrado.

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