Goya en tiempo de carnaval

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Imagen de uno de los 'Disparates' de Francisco de Coya hallados en la Masía Cabanyes (Comarca del Garraf, Barcelona). / Efe-Consell Comarcal del Garraf

Como en las comedias románticas o en las películas de aventuras, resulta que han aparecido unos grabados de Goya, que llevaban años colgados en las paredes de una señorial masía catalana, y son buenos. Muy buenos, según la catedrática de la Universidad de Barcelona, Rosa Vives, experta en grabados. Menuda suerte.

Se trata de doce grabados de la serie de Disparates que, al principio de descubrirse parecían sospechosos, debido a los recortes que han sufrido, seguramente para que cupieran en sus marcos y poderlos colgar. De entre esos grabados no hay noticia de ninguno que se refiera al disparate actual que estamos viviendo los españoles y que muestra la insaciable avaricia de dinero de unos cuantos destacados ciudadanos, en medio de un escenario cada vez más gris, inseguro y desesperanzado para una mayoría cada vez más cerca de una imagen goyesca de desharrapados.

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La masía barcelonesa de cuya biblioteca colgaban cuatro de esos grabados es la de Manuel de Cabanyes, un poeta romántico que murió muy joven, en 1833, así que no pudo ser él quien los comprara ya que parecen datar de entre 1848 y 1863. Sí pudo haberlo hecho un sucesor del poeta, el pintor Joaquín de Cabanyes, que los compró en Madrid. Los grabados son pruebas de ensayo previas a la primera edición y gozan de alta calidad y, comoquiera que la masía pertenece al ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú, digamos que con esto puede haberles tocado la lotería.

El descubrimiento se ha hecho al restaurar el edificio, que estaba abierto al público, y más de cien pinturas contenidas en él. Ahora toca restaurar las piezas, una vez estudiadas, lo que supondrá cerca de 20.000 euros que la Caixa Penedés está dispuesta a donar. Es bonito saber que los bancos a veces hacen cosas útiles a la comunidad.

La gente se queda embobada contemplando las famosas houses inglesas, que se abrieron a las visitas del público para poder pagar la calefacción, cuando sus dueños empezaron a quedarse sin blanca, hace mucho tiempo. Un ejemplo es el de la mansión de la serie televisiva Downton Abbey. Pues la masía de la familia Cabanyes es un miembro más de esas ilustres casas, con la gracia añadida de que aquí moraron artistas, no simplemente nobles. Y a mes a mes –como dicen en Cataluña-, doce grabados de Goya que han mantenido un discreto silencio hasta ser descubiertos hace poco. Es para alegrarse.

El pintor aragonés mostró en estos grabados -así como en las series de Caprichos y Desastres de la guerra– conocer bien el alma humana. Quiero imaginar cómo pintaría la estampa de un arribista ladrón, digamos que con las trazas de un tal Bárcenas, mientras bebe vino muy  caro en un lujoso hotel francés, a carcajada limpia, para celebrar que nunca podrán demostrarle nada, ni forzarle a devolver los 22 millones de euros que tiene a salvo en un banco suizo, y los otros cuatro millones y medio en dos bancos norteamericanos.

Cómo traduciría Goya en un papel la estampa de políticos y financieros engolfados en la mentira a fin de engordar sus cuentas bancarias. El escenario, un cementerio costroso, lleno de suciedad por todas partes; de sus tumbas saliendo pedazos de billetes verdes, confeti y champán a raudales, luz contra algunos rostros de esperpento, cadavéricos, y un olor intensamente repulsivo. Sólo Goya sabría dibujar eso.