La sociedad civil, gente organizada y decente

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Cartel de la convocatoria del próximo 25 de abril colgado por ¡En Pie! en su página de Facebook.

La plataforma ¡En pie! ha convocado a todos los ciudadanos a que asedien el Congreso de los Diputados el próximo 25 de abril, conmemoración de la Revolución de los Claveles del vecino Portugal, como ha adelantado en cuartopoder.es Aníbal Malvar. Se entiende que el asedio es metafórico aunque el tono de la convocatoria no renuncia a maneras revolucionarias que poco tendrían que envidiar a la de 1789.

Muchas de las afirmaciones que se hacen en el documento base son plausibles para muchos españoles que estamos algo más que preocupados por el rumbo que ha tomado el país.

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Sin embargo,  voy a quedarme simplemente en el objetivo que se propone la plataforma: “La caída del régimen (dimisión del gobierno, disolución de las Cortes y de la Jefatura del Estado), y la apertura de un proceso de transición hacia un nuevo modelo de organización política, económica y social, verdaderamente justo y solidario”.

Demasiado ambicioso para ser cierto, aunque es verdad que las almas nobles deben apuntar a lo más alto. Sé que lo que escribo me retratará como burguesa reaccionaria o, simplemente, aguafiestas. Sin embargo, no sería honrada si fingiera que me parece muy bien un objetivo que está fuera de nuestro alcance.

Lo está por varias razones. Primera, porque para llegar a ese objetivo se necesitan años de trabajo duro, no sé si remunerado, una organización exquisita, tarea hercúlea, largas reuniones de asambleas sesudas y argumentadas, propuestas en firme de alternativas que, a su vez, requerirían años para echar a andar, liquidez presupuestaria para abordar tamaña empresa, y last but not least, toneladas de paciencia y práctica democrática para escuchar, sin interrumpir, las horas interminables de asambleas y debates. Seamos realistas (que no monárquicos): no tenemos nada de eso.

Segunda, porque lo realmente urgente ahora no parece que sea quitar al rey para poner un presidente, ni abrir otro proceso de transición. Lo urgente creo que es desentrañar la corrupción, enjuiciar a los culpables, meterlos en la cárcel y si es necesario, por estar comprometido el gobierno, convocar elecciones.

El pueblo debe ser soberano, es verdad. Eso requiere ser responsable y estar preparado, informado, documentado. Tomarse muchas molestias. Ni siquiera es preciso que además tenga buenas intenciones. Ya sabemos que cada cual barre para su casa, defiende sus intereses.

Los miembros de ¡En pie! aseguran que renuncian al pacifismo  en su protesta porque sólo beneficia al poder. Explican que lo que el poder llama violencia no es nada comparado con la violencia que supone votar a un partido que vende armas a dictadores, permite el lucro de sus amigotes a costa de fulminar a la clase media, o no evita la matanza de galgos, año tras año, cuando acaba la temporada de caza, por ejemplo, lo que está a punto de suceder. De acuerdo con eso. Pero también es violencia rodear el parlamento con la pretensión de “fumigar” (sic) a sus ocupantes.

El ejemplo islandés me sigue pareciendo el más acertado por la rapidez con que se sucedieron los acontecimientos, lo eficaz de las reuniones ciudadanas que acababan en conclusiones concretas y tareas de work in progress repartidas entre todos. El hecho de que alguna de esas reuniones, a las que lograron que asistieran ministros y diputados, fuera televisada para todo el país, costó a la gente de Islandia, amas de casa y abogadas, barrenderos y escritores, muchos meses de trabajo y muchas horas sustraídas a su bienestar familiar. Lo que merece la pena requiere mucho esfuerzo y conocimiento.

Es plausible que ¡En pie! quiera zarandear a esta sociedad “adormilada, quejosa, a la defensiva, con un sistema educativo lleno de carencias”, como afirma Víctor Pérez-Díaz. La sociedad necesita urgentemente organizarse para conseguir un fin: que la corrupción sea expulsada del país. Ese objetivo ya me parece gigante.

La comparecencia, el pasado 5 de febrero de la representante de la PAH, Ada Colau, en la comisión de Economía del Congreso de los Diputados supone un claro ejemplo de organización de la gente, aunque se cuelen en ella los pícaros de siempre, los mendicantes profesionales.

Es lo que hace falta recuperar en España, lo que pareció esbozarse el 15M. Es lo ha han hecho los islandeses para salir de su entuerto con éxito.

No sin sacrificios, como explica a ABC Steingrímur Jóhann Sigfússon, actual ministro de Industria de Islandia, que se ocupaba de las finanzas cuando estalló la crisis, en 2008. 

Lo primero que se ve en el caso islandés es un propósito firme de la población por explicar a sus dirigentes cómo está la situación desde su punto de vista y cómo afrontarla de la manera más razonable posible. Lo segundo, la preparación y capacidad organizativa de esa sociedad, un aspecto bien explicado por Alda Sigmundsdottir en su libro Living inside the Meltdown. La tercera, una clara confianza en sus instituciones, sin las cuales –a pesar de los pesares- no hay nada que hacer salvo la revolución. Y, vista la Historia, perdonen que me apee de ese burro.

Sigfusson es claro en la respuesta de cómo se arregla el entuerto: “Tanto en tiempos de crisis como de no crisis hay que actuar según la ley. Es el único camino que veo. Si hay algo mal hay que investigar, y si se ve que algo es ilegal hay que llevarlo a los tribunales. Eso es lo que hicimos en Islandia. No voy a entrometerme en política nacional española, pero es importante que se haga así porque sino será imposible reconstruir la confianza de los ciudadanos. Uno de los costes de la crisis de 2008 fue esa pérdida de confianza. Los islandeses dejaron de confiar en los políticos, en el sistema financiero y otras instituciones. Nadie creía a banqueros, políticos y supervisores. Una de nuestras tareas fue restablecer esa confianza. Y para ello hay que ser transparente y honesto en todas nuestras acciones”.

Si los responsables españoles no tienen agallas de confesar en público sus crímenes, que la sociedad los obligue. Pero sin perder la Ley en el camino. Desde mi punto de vista, ése es el reto.

2 Comments
  1. Paco Sánchez says

    «Sin perder la ley»…
    Qué ley, la de la mal llamada «constitución» española que está DISEÑADA por los políticos y no por el pueblo?
    Vamos, no estamos ya para ingenuidades.

  2. Verbarte says

    Es imprescindible atajar la propagación de la peste moral en España. http://wp.me/p2v1L3-fD

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