ARCO 2013 y la sombra de don Tancredo con Ateneo al fondo

A finales del XIX, el torero valenciano Tancredo López, sin muchas luces para el oficio, inventó una modalidad en los cosos que pasó por ser metáfora de la vida política española, muy usada por intelectuales del momento para referirse a la inmovilidad de la vida política, social y económica española. Los regeneracionistas del 98, en La Busca, de Pío Baroja aparece la figura de don Tancredo, usaron mucho de la metáfora. Pepe Bergamín también.

Consistía la suerte de don Tancredo en que un señor, normalmente un necesitado, una especie a la española del artista del hambre, vestido con ropas festivas y pintado de blanco, se colocaba en un pedestal en mitad de coso mirando a la salida de chiqueros. La gracia estaba en no moverse, ya que se suponía que el toro le confundiría con una estatua y, por tanto, no le embestiría. No moverse, por tanto, es metáfora de tancredismo. El que a Mariano Rajoy no se le haya acusado todavía de ello utilizando la palabra habla de la decadencia del periodismo parlamentario en nuestro país. A Luís Carandell, a Víctor Márquez Reviriego, a tantos otros, no se le hubiese escapado…

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Este fin de semana se ha celebrado ARCO en su vigésima edición, la gran feria madrileña del arte Contemporáneo, y todo apunta a que de nuevo nos encontremos con la situación del año anterior, como en Atrapado en el tiempo, aquella espléndida comedia de Harold Ramis, donde Phil, un periodista de televisión que ha ido a Pennsylvania a cubrir el Festival del Día de la Marmota, repite una y otra vez la misma experiencia. Uno se pasea por allí el primer día y oye la misma triste expectativa de otros años por parte de los galeristas, agravado éste con la subida del IVA al 21%, y, además, comprueba algo ineludible, con tintes surrealistas: si alguien compra una obra del mismo artista en stands españoles o extranjeros se puede llevar la sorpresa de que aquí se le cargue el famoso 21% mientras en los alemanes o franceses, por ejemplo, la cosa sólo llegue al 7%.

Pero ARCO intenta remover un poco el estigma de tancredismo que le ha caído encima desde hace a cinco años, en que comenzó la crisis. Les va a ser difícil y eso a pesar de las nuevas fórmulas con las que se quiere paliar una situación de crisis que este año se anunciaba catastrófica. Carlos Urroz, responsable de ARCO, ha imaginado, incluso, formas de pago on line para ventas inferiores a 5.000 euros, la facilidad para el pago de los espacios reservados a los stands mediante créditos e, incluso la invitación al por mayor  a galerías extranjeras, unas 250, para que participen en la muestra.

En realidad los catastrofistas, una vez más, se han equivocado. Oficialmente ARCO cerrará sus puertas con unas expectativas de ventas mayores de las previstas, aunque sin pasarse. ¿Significa eso que el estigma del tancredismo no tiene razón de ser? Todo lo contrario. Lo que impera en ARCO es un callejón sin salida porque, encogidos por la crisis, no se ha cambiado en profundidad la fórmula, que viene de los tiempos en que esto era la alegría de la huerta, imperaba el trapicheo del dinero no declarado, y cualquier medio idea se vendía como ocurrencia única. Venden los de siempre, los seguros, por ahí están Maruja Mallo, Juan Hidalgo, Liliana Porter, y los clásicos contemporáneos, los de todos los años.… El que el Príncipe Felipe, el día de la inauguración, se interesase por la instalación de Susy Gómez, nueve fotocopiadoras que aguantaron 250 grados y en ese estado se las admira, no es más que la anécdota de adorno de algo que se mueve detrás, sin tantas alharacas. Lo mismo hubiese dado, aunque era harto improbable, que el Príncipe o doña Letizia hubiesen admirado Porca miseria, una instalación donde hozan algunos cerdos, y que corresponde a la parte que ARCO ha reservado para la vertiente social.

No sé si Borja Villel, que suele parecer poseer bastante sentido común, tiene razón cuando, como en una entrevista muy reciente, ha declarado que a ARCO le queda el mercado latinoamericano y que ha descuidado a éste. No sé si tiene razón en la misma medida en la que dice es una aberración que un Zurbarán se cotice menos que un Koons, pero cansa un poco comprobar de qué modo año tras año se oyen las mismas jeremiadas sin que nadie, nadie, mueva un ápice para cambiar la situación, y se deje en manos de la providencia, es decir, de ocurrencias de corto vuelo, lo que a todas luces debería ser un cambio radical de rumbo. Sucede los mismo en la Feria del Libro madrileña, y uno termina preguntándose si, de verdad, les va tan mal como dicen, a tenor de que parece que practicando el tancredismo de baja intensidad, es decir, moviéndose un poquito para creerse que se mueven mucho, nadie alza mucho el tono de voz.

En fin, comparen la situación de ARCO y su 21% de IVA con la del Ateneo madrileño, institución que lleva años, muchos años, en una crisis de gestión de la que no sabe o puede salir. El problema del Ateneo es muy complejo y daremos cuenta de ello convenientemente, pero merece la pena recordar que su biblioteca es la más importante de Madrid después de la Nacional, nada menos, y que posee un inmenso patrimonio artístico, legado de pintores que son ya clásicos del siglo XX. Este 21 de febrero, en la Sala Ansorena, se iban a subastar 15 obras pertenecientes a ese inmenso patrimonio, unas 800 obras, entre las que se encontraban dos series de los aguafuertes de Goya, también un Manuel Millares, un Eusebio Sempere, un Wifredo Lam… para paliar la escasez de presupuesto de las instituciones, cuyos recortes han terminado por dar la puntilla a la crisis de la institución. Ese mismo gobierno regional que recorta las subvenciones les ha prohibido subastar estas obras porque se trata de Bienes de Interés Cultural. Estaba también previsto subastar donaciones recientes de Antonio López, Martin Chirino o Alberto Corazón, y, por ahora, la cosa se ha quedado así, suspendida al modo de don Tancredo por cuestiones de forma: el Gobierno regional dice que el Ateneo no ha solicitado permiso de la Consejería de Cultura y Alfonso Herrán, responsable de la gestión cultural del Ateneo, contesta que hace dos meses que deberían saberlo porque se hicieron las gestiones correspondientes.

Ya se sabe: tancredismo. Primero te asfixian, y cuando te mueves, te lo prohíben. Es por tu bien: quédese usted donde está, no ve que le puede pillar el toro.