Cuidáos de la carne que coméis

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Tabla de pecados (gula), de El Bosco / museodelprado.es

De la hipócrita polémica del cambiazo de carne de caballo por carne de vaca surge el verdadero problema que no es tanto comerse a un noble animal –no veo porqué la vaca va a ser menos noble- cuanto que esa carne está contaminada con fármacos antiinflamatorios –fenilbutazona-, peligrosos para la salud humana.

Detrás de este empeño en medicalizar al ganado está el ansia por engordarlo deprisa y evitar que enferme, lo que “obliga” a los ganaderos desaprensivos a atiborrar de antibióticos a las reses, cerdos, corderos, aves y peces. Casi tres cuartas partes de los antibióticos que se producen en Estados Unidos los usa su industria de la carne. Y la Unión Europea, para no ser menos, autoriza el uso de antibióticos, del mismo modo que ha vuelto a autorizar el uso de harinas animales para engorde de ganado. ¿Se acuerdan de las vacas locas? ¿De qué se alimentaban esas vacas que en las películas salen pastando en la campiña inglesa?

Con la relajación de vigilancia de las autoridades sanitarias europeas se disparan casos sospechosos del tipo del mal de Schmallenberg, llamado así porque el primer caso de esa enfermedad se dio en la ciudad alemana del mismo nombre, hace aproximadamente dos años. La enfermedad, que ha ido pasando de Alemania a Bélgica, Holanda y el Reino Unido por insectos que la transportan y transmiten, produce deformaciones graves en los fetos y otras desgracias.  Aún no se ha dicho nada sobre si afecta a los humanos. Mejor dicho: se ha asegurado que no se sabe a ciencia cierta, etc. Quizás lo averigüemos cuando salten las primeras noticias alarmistas sobre enfermedades raras, casos raros, muertes raras. Y luego vendrán los holocaustos de vacas, cerdos y aves. Se ve que la especie (humana) no da más de sí.

La palabra clave en los excesos de la industria alimentaria –como en la crisis financiera provocada por los mercados- es: desregulación.

Las autoridades se relajan y dejan de controlar a los pillos negociantes; los pillos negociantes que quieren tener más y más dinero, a costa de matar a su madre si hace falta, emplean medios, los que sean, para que el ganado engorde más, lo haga deprisa y sin enfermar. A lo bestia, si viene bien decirlo aquí. Ni hablar del trato que se le da a esos animales, hasta ahí podríamos llegar. Las páginas de internet de asociaciones ganaderas siempre ofrecen una foto de vacas felices, pastando en praderas iluminadas por el sol.

Por decirlo en breve: la Unión Europea deja al lobo al cuidado de los corderos con el aviso –eso sí- de que debe autocontrolarse. Según el presidente del sindicato de inspectores veterinarios de Francia, Norbert Lucas, su trabajo casi se limita a la inspección de etiquetas (osea, evitar que se dé carne de caballo por carne de vaca) pero ya no les dejan meter las narices en la industria de transformación de alimentos, que es donde se averigua si esa carne, además de no ser de vaca, está contaminada, es decir, donde se cuecen las porquerías que luego se comen quienes las compran. Si no hay control lo que crece es el pillaje por mucha corbata con que se disfrace y mucho esquí en Canadá que se practique.

La primera noticia que se tuvo del asunto de la carne de caballo por carne de vaca recordó mucho al asunto de los pepinos que resultaron ser brotes de soja contaminados: la culpa la tenía España.  Esta vez ha sido un ministro irlandés el acusador. La otra, una ministra alemana que tuvo que digerir, al final, que el veneno se producía en su territorio, bajo su ley y encima pretendía ser ecológico. Los prejuicios sobre esa España sucia y atrasada que nacieron en el Romanticismo parece que siguen acunando las mentes más distinguidas, con o sin tesis doctoral limpia de plagio. Un viejo cuento, el del chivo expiatorio, que cuenta muy bien René Girard en un libro memorable de Anagrama (1986).

Lo deseable es que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) trabaje eficientemente, así como hacen sus homónimas en Europa, para evitar envenenamientos masivos. También cabe la solución individualista de hacerse vegetariano estricto.  

3 Comments
  1. perniculás says

    Pues creo que… O cría usted las gallinas, los cerdos, los corderos, las vacas… ¡O se la darán con queso! Quiero decir, con antibióticos y otros venenos. ¡Y cuidado también con la ensalada, salvo que la coja usted de su huerto!

  2. Jonatan says

    Efectivily. Por ahí van los tiros.

  3. me says

    Y con todo lo que se aprende del tratamiento de la carne no es muy difícil hacerse vegetariano. Otra sugerencia es que miren los documentales sobre criaderos de gallinas, vacas y otros animales…fue de esa manera como yo me cure de las hamburguesas y la gallina en pepitoria.

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