Cuando el mundo era cañas y barro

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Recreación artística de la ciudad de Ur que se muestra en la exposición. / obrasocial.lacaixa.es

La exposición Antes del diluvio. Mesopotamia 3500-2100 antes de Cristo, que se inauguró el miércoles 27 en la sede de CaixaForum Madrid después de haber pasado por Barcelona es una de las muestras más curiosas que podamos contemplar en lo que respecta a las de género arqueológico, más centradas, por cuestiones obvias, en el mundo griego y romano. Esta institución nos tiene acostumbrados a la realización de grandes muestras arqueológicas, hay que recordar la espléndida dedicada a Teotihuacan, de tal manera que bien podemos afirmar que casi todas las que se han realizado en la Casa han marcado una impronta en el recuerdo de las exposiciones madrileñas.

La muestra es, en realidad, una exposición dedicada  a Sumer, a las primeras manifestaciones de nuestra cultura, es decir, los fundamentos de nuestra civilización. El Creciente Fértil, allí donde el hombre comenzó a recolectar gramíneas,  a domesticar animales, a inventar la escritura para tener un control de los alimentos que se guardaban, a la vez, es la plasmación de historias en caracteres, la invención de la literatura, pues, también el descubrimiento del poder totémico de los animales ya en el recuerdo, la sumisión  a una autoridad real, despótica, la invención de la esclavitud organizada, de los impuestos, del ocio…

La fascinación que produce en el espectador tiene que ver con ese enfrentamiento con los orígenes de nuestra cultura y les puedo asegurar, visité Babilonia y Ur en un viaje hace muchos años a Irak, poco después de la guerra con Irán y a resultas del Festival de Poesía El Camellar que Saddam Hussein organizaba todos los años para dar realce a su Régimen, que la visita a esos lugares no deja indiferente, a pesar de las reconstrucciones espurias muchas veces, había ladrillos esmaltados en Babilonia con la inscripción “Sadam Hussein es grande”, y de la destrucción sistemática de los elementos y del hombre durante siglos. De ahí que las cuatrocientas piezas expuestas tengan cierta importancia pues es la primera exposición de estas características que se ofrece después de la guerra de Irak, donde se destruyó y expolió gran parte del patrocinio mesopotámico.

En esta muestra tenemos a nuestra disposición, hecha piedra, hecha ladrillo, la fascinación que nos produjo la lectura de libros ya clásicos de la arqueología, como el de Leonard Wooley, Ur, la ciudad de los caldeos, y la lectura del gran poema primerizo de la literatura, el Gilgamesh. De ahí que recomiende, junto a la contemplación de joyas, obras de arte, textos en arcilla, joyas, objetos rituales, la parte de documentación que la muestra ofrece de manera inteligente, didáctica, exhaustiva. Muchas veces acontece que las fotografías de ruinas no digan nada al espectador, dejando la impresión de que los arqueólogos son seres casi con poderes visionarios. De ahí que los responsables de Caixa Forum hayan tenido la habilidad de añadir a la muestra de objetos genuinos, pero a veces opacos en su manifestación actual a los ojos del espectador, imágenes en 3D de reconstrucciones de ciudades, por ejemplo, cuyo efecto es espectacular por lo que tienen  de revelador. Así, la reconstrucción de la ciudad de Ur, en la que estuve y sólo pude ver basamentos dispersos y un desierto polvoriento, donde contemplamos canales fértiles de irrigación al lado del Eúfrates, aglomeraciones en trazados racionales de la ciudad y, sobre todo, llegamos a entender que por allí hubiera profusión enorme de vida, de animales: evitamos de esa manera la opacidad del tiempo, como cuando miramos estelas de cazas de leones y gacelas y miramos a nuestro alrededor y sólo vemos desierto, polvo y calor. Semejante sensación la que nos ofrece la reconstrucción del Templo Blanco de Uruk, tal y como la han realizado los arquitectos Luís Amoros y Miguel Orellana. Parece un edificio construido ayer.

Los objetos de terracota son bellísmos en su fragilidad. Así, un juguete que representa  a un toro tirando de un carro, que nos  llega gracias a Los Museos Reales de Arte e Historia de Bruselas; así, el cono de arcilla con inscripciones provenientes del British Museum; así, el sello con escenas de siembra, objeto que debía ser muy cotidiano porque era lo que se utilizaba como recuento de cosechas, que pertenece al Ashmolean Museum de Oxford. Como objeto de una curiosidad sin rival, la estela de piedra con la inscripción de un dibujo proveniente del Staatliche Museum de Berlín: son los planos de una casa de campo actual, como pueden verse aún en Andalucía.

Quizá la pieza expuesta más conocida sea la de Girsus, príncipe de Gudea porque la hemos visto reproducida en manuales de Historia del Arte, pero bien puede decirse que esta exposición que ha comisariado Pedro Azara es de principio a fin algo único en las de su género, ya que han participado más de diez grandes museos del mundo con piezas únicas. Pero lo que convendría destacar de esta muestra, y es de agradecer que la cosa prospere, es el afán didáctico que anima a exposiciones así: de esta manera el ciclo de conferencias Mitos y leyendas sumerios, que se desarrollarán del 2 al 23 de abril y que, mediante debates, os informarán de las concepciones religiosas de estos habitantes de las marismas de los ríos, los mesopotámicos. Luego, los cafés tertulias para mayores de 60 años, las visitas para grupos específicos, etc. etc.

Una muestra que está acorde con los tiempos, donde parece exigirse un concepto de rentabilidad máxima con los recursos justos. No tenemos más que felicitarnos por ello, por la labor que desde la Fundación realizan gentes como su director Jaime Lanaspa, pero algo chirría cuando exposiciones como esta que nos ocupa, donde se nos informa sobre el nacimiento de nuestra civilización, por ahí se coló subrepticiamente el capitalismo, se nos muestre gratis hasta el 1 de mayo en que esa gratuidad sólo será para los socios de CaixaForum. Se resentirá, a la larga, la costumbre de acudir a exposiciones, algo que no parece importar mucho ahora porque se suple con el turismo foráneo, y eso pasará factura. ¿No sería más adecuado suplir esa recaudación mediante otras actividades suplementarias, éstas sí, venales?  La exposición permanecerá abierta hasta el 30 de junio, ya digo, gratis y, luego, pagando. Una exposición entreverada

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