Se nos fue Sarita Montiel, genio y figura

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Imagen de archivo (21/12/1964) de la actriz y cantante Sara Montiel. / Manuel López Contreras (Efe)

Escribir sobre un mito no es fácil, y menos sobre un mito que incluso ha sobrepasado su propia leyenda. Sara Montiel, desde la década de los cincuenta, se convirtió en una figura legendaria de la cultura popular y reinar de esa guisa durante medio siglo sólo les está reservado a unos cuantos. Para cuestiones de cine y mitos de la cultura pop Guillermo Cabrera Infante ha sido uno de mis maestros. Con el aprendí a valorar y respetar esos mitos por lo que a uno le venía a cuento a la larga y me relataba siempre, cuando quería ilustrar esto, su experiencia con Casablanca, a la que puso muy mal en la primera crítica que hizo de ella, le persiguió durante toda su vida. De la fama monstruosa, intensa, enorme, que esta mujer tuvo en los primeros años sesenta en España y Latinoamérica da cuenta Cabrera Infante en una anécdota maravillosa que repito siempre que tengo ocasión. Consumado crítico de cine en la revista Carteles, por aquel entonces, quiso entrevistar a Anthony Mann, entonces casado con Sara Montiel, que había recalado en La Habana. Preguntó en recepción por el señor Mann y le dijeron que allí no había alojado ningún señor Mann. Volvió, desesperado, al día siguiente porque le urgía la entrevista y le contestaron lo mismo. Hasta que, de pronto, él dice que ayudó a ello el haberse fumado un Por Larrañaga pero ya sabemos que la memoria es fábula, se le iluminó el magín y preguntó por la señora Sara Montiel. No hubo ningún problema, y supo del número de habitación al momento pues en recepción se la sabían de memoria, le comunicaron con ella y minutos más tarde logró entrevistar al famoso director de cine norteamericano, una entrevista que se cuenta entre las mejores que le hicieron en vida pues Cabrera Infante era un entrevistador fabuloso. Famoso, todo hay que decirlo en algunos ambientes, pues en La Habana este hombre era conocido como el marido de Sara Montiel, nada menos. Y estas cosas, aunque nos traicione a veces cierto ademán mordaz, conviene respetarlas porque nos dice mucho de lo que figuras así han significado en el imaginario colectivo, que se dice ahora.

Sara Montiel, Sarita Montiel, Sarita, Maria Antonia Abad, que así la bautizaron aunque a ella misma la costaba trabajo imaginarse con tal nombre, murió ayer en su casa del barrio de Salamanca madrileño, donde vivía junto a su hija Thais, a raíz de un desvanecimiento. Cuando su médico acudió al domicilio no pudo hacer nada para reanimarla. Desde ayer han pasado 85 años desde que nació en Campo de Criptana en marzo de 1928, de familia humildísima. Tanto que parece sacado de los anales de los mitos clásicos el modo que tuvo de ser conocida, donde al azar era fundamental: José Ángel Ezcurra, el que  fundó Triunfo, la oyó cantar una saeta cuando apenas tenía 16 años y se la llevó a un concurso de canto a Madrid , todo esto parece sacado de una película de Sáenz de Heredia de la época pero es que España era así,  donde interpretó La morena de mi copla, y de allí se la llevó a Barcelona para que hiciera una prueba cinematográfica y se estrenó en la cosa  con Empezó en boda, junto a Fernando Fernán Gómez, que la enseñó a besar.  Fue Enrique Herreros el que la bautizó por segunda vez como Sara Montiel, y Miguel Mihura la hizo su amante. De allí, ya sabemos, a México, donde confraternizó con la colonia española republicana, en especial con León Felipe, que dijo que Sara era su musa. El país la fascinó y, de paso, la ayudó a quitarse el pelo de la dehesa, así, literal. A partir de esa estancia en México ya no volvió  a ser la de antes, había conocido la libertad y, todo hay que decirlo, porque después del éxito de Locura de amor, comenzó a hacer sombra a Dolores del Río y Katy Jurado. Ahí es nada.

De México a Hollywood, donde hizo papeles de la india más guapa del cine  en Veracruz, de Robert Aldrich, y Yuma, de Samuel Fuller,  sin ir más lejos y se nos casó con Anthony Mann. Fueron los años en que Cabrera Infante, joven, perseguía a su marido por La Habana. A España volvió de vacaciones y rodó, casi por casualidad, El último cuplé, de Juan de Orduña, una película de modestos caudales que se convirtió  de la noche  a  la mañana en la película más taquillera del cine español. Ahí Sarita Montiel cantaba, en un estilo radicalmente distinto al de Raquel Meyer, temas musicales como Fumando espero o El relicario.

A partir de entonces se convirtió en la actriz más taquillera del cine español, la que cobraba un millón de dólares por película, y no se levantaba  a  rodar antes  de las diez de la mañana. Se nos convirtió en una starlette, como se decía entonces, y así se olvidó, conscientemente, de sus años de miseria y madrugones. Entró en el lujo y se permitió recomendarle a su marido, que rodaba El Cid en España, que el papel de doña Jimena, en vez de hacerlo ella, lo interpretara Sophía Loren. Vino la leyenda ya rodada, por sí misma, y Sarita Montiel se dejo hacer. Poderosa que era.

Tanto que en los años setenta, cuando el cine español era sinónimo de destape, se alejó de las pantallas y no le vino el declive, por lo menos de imediato, sino que siguíó en su carrera de cantante, de mujer amantísima y de señora de sus muchos maridos y un solo amor de su vida, Pepe Tous.

Podríamos llenar páginas y páginas sobre esta mujer que cubre anecdotarios enteros. No estaría de más que acabáramos con una frase de esas que perduran durante años y que revela lo poca corrección política de nuestra Sarita, que lo ignoraba todo de esto, y el sentido de la lealtad y de la amistad que poseía. Cuando Javier Rioyo hizo ese estupendo documental sobre la figura de Trotsky, entrevistó  a Sarita Montiel que había sido amiga de Ramón Mercader y le visitó en la cárcel en México. En esa entrevista dijo que sabía que Ramón había matado a Trotsky pero que no sabía que era un asesino. Genio y figura.

1 Comment
  1. José Mª says

    Esta muy bién elaborado este comentario sobre la divina idolatrada maravillosa, nadie como ella, tenia mas garra que ninguna nuestra gran Sara Montiel, hay cerdos que la critican si el menor escrupulo, sera porque sigue cabalgando.

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