Carmen Martín Gaite ya tiene congreso

Cartel del congreso sobre Carmen Martín Gaite.

Del 24 al 26 de abril se ha celebrado en Madrid el primer Congreso Internacional sobre la autora de Entre visillos, bajo el título de Un lugar llamado Carmen Martín Gaite, que se inauguró en el Boalo el miércoles 24  con la asistencia del alcalde, Javier de los Nietos,  y la impulsora de todo este proyecto, Ana Martín Gaite, hermana de Carmiña, amén del rector de la Universidad Autónoma, José María Sanz, y el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Antonio Gascón, como representantes de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha sido la institución encargada de sostener y crear el congreso. Cosa de la que se ha encargado José Teruel, profesor de Literatura y responsable de la edición de las Obras Completas de Carmen Martín Gaite que está publicando Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Los actos han tenido lugar en el Boalo porque en esta localidad el padre de Carmen compró en los años cuarenta una finca y allí pasó largas temporadas la escritora, las últimas de su vida. Cuando murió, en 2000, su hermana María, que fue traductora en Ginebra en los tiempos en que por allí tenía de compañero a José Ángel Valente y venerable anciana de ahora de 90 años, la edad P.V. como ella misma la llama, “la de la puta vejez”, y encargó de traspasar los enseres y cachivaches de la escritora del domicilio de Dorctor Esquerdo, último lugar donde Martín Gaite residió en Madrid, a la casa de el Boalo. La tarea fue ardua pero finalmente, después de trece años, este miércoles pudimos ver la labor de Ana, y su interés por convertir este lugar en una Fundación dedicada a la generación del 50.

A pesar de esa puta vejez, Ana Martín Gaite se mueve con serpentinos gestos por la espaciosa casa llena de objetos de la familia, y los libros, siempre los libros, incluso los de su padre. Le digo que la convivencia con Carmen debió de ser agradable, “No se crea. Mi hermana y yo eramos muy diferentes. Por eso pudimos llegar a convivir estos últimos años de su vida juntas. Yo vivía abajo y ella arriba cuando coincidíamos aquí, en el Boalo. Nos respetábamos bastante. Piense que vinimos de mundos distintos”. Es, entonces, cuando impresionado por las fotos de Greta Garbo y James Dean que presiden en cierta forma el torreón que alberga la mayoría de los libros de la escritora, le pregunto sobre ellas. “Carmen las tenía en su despacho de doctor Esquerdo mientras escribía. Las miraba todos lo días porque decía que así contemplaba por un lado la armonía y, por el otro, el caos”.

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La finca, espaciosa, enorme, con multitud de fresnos y masas de granito que afloran por todas partes, alberga una piscina de bella factura. “Cuando Carmen venía a el Boalo lo primero que hacía era meterse en la piscina donde nadaba mucho tiempo. Siempre le gusto nadar. Era la mejor entrada que podía hacer cuando pasaba temporadas aquí. Era su ritual”.

Desde la piscina la casa se ve grande, pero lo que más choca es la calma, espaciosa, un lugar ideal para celebrar reuniones, quizá ayude a esa idea el día de primavera, transparente y con una ligera brisa que hace sutil el aire. “Mi idea, porque era la idea de Carmiña, es la de poder hacer  con el tiempo una Fundación dedicada a la generación del 50, en la que ella estaba integrada. Así se pueda ampliar a estudiar a escritores que fueron tan importantes en su carrera como Rafael Sánchez Ferlosio, Luís Martín Santos, Juan Benet…” Entonces le recuerdo la suerte de tantas otras ideas como ésta en España. Le hablo de la casa de José Ángel Valente, su compañero de tiempos de juventud en Ginebra, y del abandono en que se encuentra. “Si”, y aquí pone gesto mohíno, preocupado, el único que se la pudo notar ese día de la inauguración, que para ella fue un día de fiesta, “estamos en tiempos de crisis y eso se nota sobre todo en las cosas de la cultura. Pero, bueno, se nos presentó la Universidad Autónoma y ya tenemos este congreso, el primero que se celebra de mi hermana. Sólo tengo agradecimiento”.

Y lo cierto es que el empeño de la Universidad ha sido determinante para que este congreso se celebre. También la pasión que despliegan los profesores norteamericanos, que han venido a España a hablar de la escritora con ánimo proselitista, como Joan L. Brown, de la Universidad de Delaware, o Roberta Johnson, de la Univeridad de Kansas. La conferencia inaugural estuvo a cargo de José Carlos Mainer, en la Corrala de Lavapiés, lugar que Martín Gaite adoraba. En este lugar se dio un encuentro muy gracioso entre Carme Riera y Ton Carandell, viuda de José Agustín Goytisolo, que dialogaron sobre su amistad con Carmen Martín Gaite. Luego, al día siguiente, en el Instituto Internacional, que la escritora llamó siempre Miguel Ángel, 8, se dio paso a la clausura: una mesa redonda con escritores que fueron amigos de Carmiña, Rafael Chirbes, Manuel Longares, Belén Gopegui y Soledad Puértolas, cerró unas jornadas que han sido emotivas y, de paso, han ayudado a comenzar a establecer un lugar, el lugar, que ocupa Carmen Martín Gaite en la literatura española, hasta ahora un tanto preterida por sus compañeros de generación.

Unas jornadas, en definitiva, que son un estímulo en tiempos de penuria. Esos estímulos, difíciles, que siempre nos han salvado a lo largo de nuestra historia. La puta vejez de Ana Martín Gaite tiene su premio.