Antonio López, en Palacio

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Retrato_ reyes_Antonio_López
La única imagen que se conoce del retrato de la familia real, en el que trabaja el pintor manchego, es ésta, publicada en el libro 'Antonio López, pintura y escultura', de Calvo Serraller, de la Editorial TF.

La noticia, no por no sabida, sino por olvidada, ha causado cierta sorpresa. Estos días, Patrimonio Nacional ha requerido al pintor Antonio López a que traslade el cuadro de la familia real, que lleva diecisiete años pintando, al Palacio Real y, mediante un compromiso, termine en un plazo, a determinar, dicho lienzo. Éste, de unas dimensiones de 3,40 metros de longitud por 3 de altura, se encuentra ahora en una de las salas del Palacio Real, una sala contigua a la Capilla, esperando a que el pintor reanude un trabajo que se le encomendó en 1995, poco antes de que José María Aznar ganase las primeras elecciones. El tiempo, inexorable, ha cambiado el rostro y las figuras de los personajes del cuadro, el rey Juan Carlos, la reina Sofía, el príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina. También el de José María Aznar y el de Antonio López. También el de todos nosotros. También el de la propia institución monárquica.

El cuadro fue pagado en su totalidad hace unos diez años por el Estado, abonando unos 300.000 euros al cambio actual, unos 43 millones de  pesetas, y el pintor comenzó el cuadro inmediatamente en su estudio de Chamartín. Fueron pasando los años y, de vez en cuando, Antonio López cambiaba, según confesión propia, las distancias entre las figuras que componían el lienzo. Pero poco más: el vestido de la Reina, que pasó de un tono vainilla a un estampado. Ya dijimos: lo importante eran las distancias, y éstas, sobre todo las habidas entre el príncipe y la reina, se alteraron en varias ocasiones. El tiempo, inexorable, cambiaba rostros y figuras, y Antonio López, que busca detener el instante, no inmiscuirse en la eternidad, se despistó: ya no reconocía a los personajes del cuadro en sus actuales personas y el instante se convirtió en muchos sucesivos, haciéndose tiempo.

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José Rodríguez Spiteri, presidente del Patrimonio Nacional y sobrino del pintor Pablo Palazuelo, mantuvo desde su juventud muy buenas relaciones con Antonio López. De hecho fueron juntos un día a ver a Palazuelo a su casa de Galapagar, y cuando se le encargó el cuadro de la familia real iba cada dos meses a ver como discurría la work in progress. Pero diecisiete años son muchos años y ante el deterioro incluso de la salud del propio Rey, es probable que alguien haya pensado que ya era hora de que el cuadro se finalizara, a pesar de los cambios físicos que todos hemos sufrido desde el día en que el lienzo le fue encargado.

Spiteri se muestra algo irónico respecto a la ubicación donde va a trabajar el pintor en Palacio, pues parece ser que le va a dar la luz del Norte y esto, según Spiteri, es algo que haría palidecer de envidia a Francisco de Goya.  En una palabra, que Antonio López está tratado con un mimo especial, sólo reservado a unos pocos elegidos gracias al fetichismo con el que hoy día se trata a los artistas célebres. No hay más que imaginarse el trato que los Reyes dispensaban a los pintores de Corte, caso de Velázquez, o de Goya, para hacerse una somera idea de lo que le hubiera esperado a nuestro Antonio López de haber demorado durante más de quince años la finalización del cuadro. Es, creo, un supuesto que ni tan siquiera se contemplaba.

Spiteri justificó el traslado a Palacio del cuadro y del pintor mismo por aquello de impedir las distracciones y facilitar un entorno adecuado para llevar acabo la finalización de la obra. Parece ser, por otra parte, que el pintor alegó en diversas ocasiones que el cuadro fuera trasladado a su taller, donde realiza sus tareas cotidianas, por cuestiones familiares, pero Patrimonio ha decidido que el cuadro se termine en Palacio y a ser posible cerca de su ubicación, la sala del Consejo del Patrimonio Nacional.

Por su parte, Antonio López responde, ante las preguntas sobre la demora en el cuadro, como debe responder un artista genuino, que no ha sabido resolver las cuestiones que el lienzo requería, pero advierte que no sabe muy bien la fecha en que lo acabará, respondiendo de pasada al responsable del Patrimonio que dio la fecha de finales de año para que la obra esté acabada. Hay que decir, por otra parte, que Spiteri se ha dado un plazo razonable para determinar la finalización, ya que la gota que colmó el vaso de la paciencia de Patrimonio fue que querían que el cuadro quedara acabado el 5 de enero de este año, coincidiendo con el 75 aniversario del Rey. No pudo ser porque Antonio López, a quien el cuadro se le ha debido atragantar durante tanto tiempo, aludió entonces a problemas de libertad y a que quería que no se le presionase porque pintaba siempre mucho mejor dejando que las cosas maduraran  a su tiempo.

Sabiendo la manera de pintar de Antonio López imagino la angustia de los responsables de Patrimonio. Antonio López no da por finalizado casi nunca un cuadro y parece ser, por ejemplo, que había pintado la figura del Príncipe varias veces, hasta ocho. Si ven el cuadro, tal y como se encuentra ahora, muchos lo darían por finalizado. Desde luego, Antonio López, no.

Parece ser que la única condición que la FamiliaReal puso al pintor es que querían que pintase  a una familia española normal. Supongo que pintar a la Familia Real como una familia normal fue el principal escollo con que se encontró el pintor, pero desde luego no el único. Según el pintor, hoy día no es fácil dar con el tono adecuado, algo que no sucedía antes porque la escuela francesa, por ejemplo, pintaba la opulencia, y la española, la gravedad, siendo muy austeros desde Carlos V. Ahora ya no se sabe.

Al principio, Antonio López pintaba a menudo en el lienzo, pero ante la tardanza prolongada, en 2008, obligaron al pintor a firmar un contrato comprometiéndose a finalizarlo. De hecho, la Casa Real se impacientaba y le llamaban por teléfono cuando no acudía al Palacio Real a trabajar.

Estos días, Antonio López tendrá que coger sus útiles y trasladarse de nuevo a Palacio. Los Reyes, sin embargo, deberían pensárselo dos veces ante la ansiedad de querer verlo finalizado. Hay que decir que la familia real tuvo siempre  poca suerte con los lienzos que los pintores españoles les han hecho. Las Meninas es un cuadro donde lo que menos importa es la propia familia, y más vale añadir poco a lo que el espectador detecta en La familia de Carlos IV, de Goya.

Lo que no sabemos es lo que estará pensando Álvarez Cascos. Antonio López tiene otro lienzo pendiente con el Presidente del Principado. Un retrato.

Se cuenta que Julio II preguntó a Miguel Ángel  cuándo acabaríala Capilla Sixtina. “Cuando la acabe”, le contestó... Pues eso.

2 Comments
  1. laflaca says

    ¡Coño !, dejad que pinte un membrillo a gusto…..

  2. elcrucero says

    ya no se debe pintar la familia real, por que la familia real pinta poco en España

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