Thoreau, un profeta para el 15M

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Una de las viñetas de 'La vida sublime', cómic sobre Thoreau de de A. Dan y Maximilien Le Roy, editado por Impedimenta.

Como cualquier movimiento surgido de un sentimiento colectivo sin obediencia a una dirección única, el del 15M cumple a rajatabla, por indefinida, cierta característica típica de los movimientos de masas, la de caracterizarse como algo amorfo, según vieron hace tiempo curiosos de los fenómenos colectivos, como el Elias Canetti de Masa y Poder. Sin entrar en discusiones sobre si ese movimiento que agrupó a miles y miles de personas en unas jornadas que pasan ya por legendarias cumplen las características de masa cerrada, abierta, masas de inversión y masas festivas, esas divisiones tan increíbles que hacen tan fascinante el libro canettiano, lo cierto es que desde el primer momento todo el mundo estuvo de acuerdo en su carácter abiertamente libertario, asambleario. De ahí que personajes tan excelentes como Agustín García Calvo vieran su momento y apoyasen desde la Puerta del Sol aquellas reivindicaciones. En pocos días, además, se generó una literatura que poco o nada tenía que ver con aquello pero que, aunque fuera tangencial, la cosa se aprovechó. Por ahí anda Indignaos, de Stepháne Hessel, que en principio no era un libro destinado al movimiento, pero que sirvió a las mil maravillas como reclamo. Lo mismo sucedió con ciertas actitudes de  José Luís Sampedro, que terminó implicándose, al modo de García Calvo, en asambleas de barrio.

Una vez apagada en gran parte aquella llamarada, las editoriales pequeñas aprovechan cualquier resquicio para dotar a aquellos grupúsculos de ciertas armas teóricas. En cuestión de pocos días han salido al mercado tres libros dedicados a Henry David Thoreau, el gran teórico norteamericano de la desobediencia civil, aquel en el que se inspiraron gentes como Gandhi y Martin Luther King para encabezar rebeliones pacíficas, el que elaboró un retorno a la naturaleza y  a la sabiduría del bosque. Se trata de una biografía de Thoreau en forma de cómic, La vida sublime, de A. Dan y Maximilien Le Roy, publicado por Impedimenta; una nueva edición de Walden en traducción renovada a cargo de Marcos Nava, en Errata Naturae, y, esto sí es novedad, la primera parte de los Diarios en traducción de Ernesto Estrella y que ha publicado Capitán Swing Libros.

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Henry David Toreau, en 1861, un año antes de su muerte. / Wikipedia

En La Casa del Lector, además, hubo unas jornadas dedicadas a Thoreau donde participó Antonio Casado da Rocha, que es autor de una biografía del estadounidense publicada en Acuarela Libros en 2005, Thoreau, Una biografía esencial, y un especialista excelente de la obra del teórico norteamericano. Antonio Casado afirmó algo que es obvio pero que muchos, que acaban de descubrir a Thoreau, no sabían: que este hombre nunca dejó de estar vigente aunque curiosamente nunca fue autor estudiado por el mundo académico. Señal inequívoca de su trascendencia, desde el ideario hippy pasando por cualquier movimiento libertario  e incluso de claro impuso ecológico, con en los llamados Partidos Verdes.

Quizá la definición más bella y hermosa de Thoreau la diera Antonio Machado, que reseñó la primera crítica de Walden en español en la revista Renacimiento, cuando afirmó que “fue un intelectual que soñó como latino y como sajón puso en práctica su sueño”. Con esta frase, nuestro poeta nos definió casi definitivamente, pero vayamos a Thoreau y su vigencia en tiempos de crisis, que, parece, es cuando más interés despierta.

Quizá esa fascinación se deba a un problema muy curioso de observar de nuestro imaginario colectivo. La vuelta al bosque que Thoreau  preconiza en Walden o en esa bella obra que es Los bosques de Maine, es algo inviable hoy día porque ya no hay bosques sino reservas naturales y todo lo demás son campos de cultivo en su mayoría regados por pesticidas en seriados pases de avionetas. Thoreau es personaje que actúa en nuestra conciencia, es casi personaje de ficción, pero aquello que el se planteaba era físico, tenía que ver con una retirada real a un bosque y habitar en una cabaña, cabaña que ahora se admira en Massachussets al modo en que uno va a  ver la Puerta de los Leones micénica, actitud que hace entrañable los lugares fetiche de los Estados Unidos.

Sin embargo, el concepto de desobediencia civil tiene alcances más largos. Ya se vio en el caso de Gandhi, ya se vio con Martin Luther King, ya se vio con Leon Tolstoi, un gran hombre fascinado por Thoreau, a quien conspiraba otro gran hombre, y con todo movimiento que rechaza de entrada la violencia. Como en nuestra sociedad la violencia como forma de cambiar el estado de las cosas es tabú porque se supone que genera actitudes totalitarias y es poco democrática, el gandhismo es actitud predominante en los movimientos como el 15M, y los violentos son prácticamente reducidos a algo residual. En este rechazo parece que todos los grupos sociales están de cuerdo, incluso los que son responsables de la represión policial, y de ahí que ese concepto de desobediencia civil sea tan fascinante, genere tantas expectativas en mucha gente. No en vano, en 1998, el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, le propuso como modelo al afirmar que la desobediencia civil era superior moralmente  a cualquier forma de violencia.

Desde luego, no cabe duda de la pertinencia de estas publicaciones. A mí me ha conmovido en ciertas ocasiones leer páginas de sus Diarios: hay un esfuerzo tiránico, típico del puritano, en devanarse la conciencia. Uno, que es de tradición latina, como bien quería Antonio Machado, piensa que ese devanarse, al modo casi de Santa Teresa, tiene sus ventajas. En los Diarios se encuentran hallazgos notables, pero, en contrapartida, brota de allí un enorme sufrimiento. No logro conciliar, sin embargo, ese  puritanismo, atrayente y tiránico, con la, consciente o no, sensualidad implícita en la reivindicación de movimientos como el 15M.

En realidad no hay nada que conciliar. Las influencias en gran parte siempre fueron producto de un gran malentendido.

2 Comments
  1. Y más says

    De Thoreau se sabem ahora detalles que no dejan bien parado al personaje. De ahí que no le cuadren a usté su puritanismo con la sensualidá del 15M

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