Una excepción cultural para Europa

Costa_Gavras
El director de cine Costa Gavras, en una imagen de archivo. / Jean Marie David (Wikipedia)

(Actualización 18/6/2013)

Francia ha logrado que la mayoría de países de la UE apoyen su propuesta de que los audiovisuales europeos queden fuera de las largas negociaciones de libre comercio con EEUU, que se están llevando a cabo. El presidente de la Comisión, Durao Barroso, ha calificado de “reaccionaria” esta actitud por oponerse –ha dicho- a la globalización, aunque ha rectificado ante la protesta oficial francesa. 

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Unos cuantos realizadores europeos, entre los que destaca Costa Gavras, se han reunido con el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, para explicarle porqué no se debe incluir la industria del cine -ni la cultura europea- en las negociaciones del Tratado del Libre Comercio con Estados Unidos, que comenzarán en breve. Es decir, que la cultura europea tiene que quedar fuera de esas negociaciones si no queremos que acabe barrida por la maquinaria comercial y propagandística estadounidense. Este grupo representa a muchos más que han firmado un manifiesto exponiendo las razones de esta exigencia del cine europeo a la Comisión, entre ellos, Isabel Coixet y Pedro Almodovar.

El ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, sin embargo, prefiere la fórmula sugerida por su colega francesa, Aurèlie Filipetti, de defender una “competencia razonable frente a la barrena norteamericana (Canadá y México incluidos) que andar con exclusiones culturales. Hay que suponer que el ministro conoce las cifras que se gastan las diferentes industrias, cifras que dejan pequeña la diferencia entre David y Goliat.

"Somos partidarios de que se considere la protección de las industrias culturales y creativas europeas no sólo como elemento de diversidad sino también de riqueza y desarrollo, que nos permita competir y desarrollarnos en un entorno global", ha dicho Wert a la agencia Efe. Palabras para un discurso poco creíble y, desde luego, poco razonable, cuando se comparan cifras de negocio, ya que de eso se habla. La cuestión cultural sigue quedando al margen de las preocupaciones del gobierno, por lo que se ve. En cuanto al recurso del entorno global empieza a ser una monserga vacía en un mundo donde los movimientos que batallan contra las injusticias de la globalización –un fenómeno que suele beneficiar a los más ricos- no son tan marginales como pudieron serlo en un principio.

En el totum revolutum global, el cine y la cultura europeos salen mal parados porque no ofrecen cantidad sino calidad. Incluso las películas de calidad de Estados Unidos desaparecen rápidamente de la escena a favor de los bodrios indigestibles, a pesar de Sundance y otros festivales que tratan de reanimarlas. ¿Porque el público quiere basura? No: porque a la industria multinacional le favorece producir adictos a la basura y pone todo su esfuerzo en ello. Es un proceso parecido al de la industria alimentaria y la de fármacos. Parecido al de la asunción acrítica del Plan Bolonia, con todas las distancias que se quieran poner. Que a su vez guarda relación con la rebaja de exigencia intelectual de las sucesivas reformas educativas en España. Es un viejo dilema que hace tiempo asomó el bigotillo. Llámenme paranoica, si quieren, pero a más burricie mayor sometimiento y más negocio de los sin escrúpulos.

En las negociaciones de la EU con los EEUU no se hablará de calidad de los productos ni de sensibilidad hacia las culturas propias ni delicias por el estilo. Se hablará de pasta, de miles de millones de dólares que la particularidad europea cederá a la máquina americana con lo que no quedará ni rastro de lo nuestro, de lo francés, italiano, alemán, portugués, griego, etc. etc.

¿Es eso lo que quería decir Durao Barroso cuando habló de que “la cultura es la respuesta a la crisis”? El cinismo que exhibe se parece mucho a la defensa oficial de la cultura en España, donde Mariano Rajoy clama por más cultura al tiempo que impone una subida de impuestos a la cultura. A ver quién lo entiende. El propio Wert ha llegado a afirmar que el descenso de espectadores en las artes escénicas no se debe a la subida del IVA sino a la bajada de la oferta. Hace falta valor.

El caso es que más de un 29 por ciento de las ganancias totales de entretenimiento del mundo, especialmente el cine, se las lleva la industria norteamericana. Que los servicios de streaming más potentes apoyan la difusión de los productos de Hollywood lo que garantizará su prevalencia hasta el 2017 por lo menos, aunque la industria cinematográfica china le pise los talones.

Si de lo que se trata es de sacar más beneficio de las películas europeas y españolas, en particular, puede que el camino sea facilitar la difusión de cine en la red con empresas de streaming de aquí. Puede que sea una forma de apoyar el cine español y, de paso, reducir la piratería. En cualquier caso, Europa no debe seguir perdiendo identidad y cultura en sus competiciones con las grandes potencias.