Un pobre traductor en la Real Academia Española

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Miguel Sáenz, el pasado día 23, aplaudido por los asistentes al acto de su ingreso en la RAE. / Alberto Martín (Efe)

Miguel Sáenz ya está entronizado en el sillón b de la RAE gracias a un discurso impecable con notas de humor muy elegantes y referencias eruditas que colocan en su sitio la labor de los traductores, tanto por lo bueno como por las críticas adversas que la traducción ha sufrido en boca de ilustres escritores a lo largo de la Historia.

Llamó a su discurso Servidumbre y grandeza de la traducción, inspirado en un titulo similar de Alfred de Vigny, Servitude et grandeur militaires,  lo que le valió para jugar con la polisemia de la palabra servidumbre, y no dudó en sumergirse primero en los ejemplos de detractores de la traducción valiéndose del autor de Trastorno, Thomas Bernhard, para quien “un libro traducido es como un cadáver mutilado por un coche hasta quedar irreconocible”, como dejó escrito en sus Conversaciones con Krista Fleischmann.  Incluyó Bernhard –de carácter un tanto obsesivo, hay que reconocerlo- otra tajante opinión en boca del protagonista de su obra dramática El reformador del mundo: “Los traductores desfiguran los originales/ lo traducido sólo llega al mercado como algo desfigurado/ Es el diletantismo/ y la suciedad del traductor/ lo que hace una traducción tan repugnante/ Lo traducido da siempre asco”. Es justo reconocer que también Miguel de Cervantes se sirvió a gusto contra la labor de los traductores en varios pasajes de El Quijote.

Como el general del cuerpo jurídico del Ejército del Aire y traductor, Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz, no se distingue por lucir un carácter masoquista, hay que recordar que tiene mejor relación profesional y personal con otro autor de lengua alemana, Gunther Grass, quien considera a sus traductores como una extensión de su familia. Son célebres las reuniones periódicas que mantiene el autor de El tambor de hojalata con sus traductores en las que se crea un ambiente cálido de discusión y comentarios.

Unos cuantos años antes que el austríaco feroz hubo otro alemán que sí apreciaba a los traductores, Johan Wolfgang Goethe, del que recordó Miguel Sáenz que la traducción es una de las ocupaciones más dignas e importantes del intercambio mundial. También Walter Benjamin, ya en el siglo XX considera que una obra es ella y sus traducciones a los otros idiomas.

En un país como España donde cuesta tanto aprender y leer en idiomas extranjeros, ¿qué habría sido del hábito de lectura –mucho o poco- sin traductores de talla, creadores ellos mismos, como destacó en su alocución de respuesta Luis Goytisolo, que defendió además la importancia de que en la RAE se siente un militar ilustrado como Sáenz? Goytisolo recordó que había conocido al nuevo académico en la antigua editorial Alfaguara de tapas de color azul cobalto, cuando la dirigía Jaime Salinas y mencionó a amigos comunes, como el también traductor, Eustaquio Barjau, con quien el escritor había compartido servicio militar, y quien, por cierto, se encontraba entre los asistentes al acto.

Sáenz no se olvidó de mencionar a Esther Benítez como una de las personas que más y mejor defendió la dignidad del traductor, “una profesión tan antigua como la prostitución, pero peor pagada”, bromeó.

Sólo una pequeña pega porque nadie -ni siquiera este magnífico traductor e introductor de escritores como Schnitzler y Sebald, Dahl y Henry Roth- es perfecto: en el capítulo de agradecimientos, mencionó a sus cuatro hijos: dos varones y dos hembras (de ser humano, o sea, mujeres); pero son ganas de incordiar.

Por lo demás, el nuevo académico prometió empeñarse en “rebajar las turbulencias del diccionario en materia de aeronáutica” y se mostró muy agradecido a la institución “por abrir las puertas a quien no es, en definitiva, más que un pobre, aunque orgulloso, traductor”.

2 Comments
  1. María José Furió says

    En España tenemos mejores traductores que editores y los de la generación de Miguel Sáenz son, como él, un lujo.

  2. Patronio says

    Un militar ilustrado debería obtener asiento, más que en la RAE, en el santoral, a la diestra de Dios Padre, porque es todo un milagro.

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