Desde Croacia con temor

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Dubrovnik
Un rincón del casco histórico de Dubrovnik (Croacia) al anochecer.

La cálida brisa del Adriático acaricia la noche ascendiendo por cada piedra, cada almena y cada callejón de la amurallada ciudad de Dubrovnik. El pétreo corazón de Croacia se asoma al mar sabiendo que ya nada será igual. Y es que el país de la Costa Dálmata, de los lujos vacacionales de Onasis y de los paseos de Truman Capote pertenece desde el 1 de julio a la Comunidad Europea. Bizancio y Venecia dibujaron en sus muros sabores y arquitecturas de otras épocas, la terrible guerra de los Balcanes dejó en ellos heridas que nadie puede olvidar, pero ahora un nuevo camino intenta abrirse paso más allá de sus miedos.

El 1 de julio, el presidente de Croacia Ivo Josipovic proclamaba desde Zagreb, la capital del país, en un tono alegre y con fuegos artificiales de fondo, que la unión con Europa traería beneficios, que ellos creían en el futuro de Europa.

Lo cierto es que no toda la población tiene la misma opinión. Croacia se acerca a Europa en un momento muy difícil para la unión. Y las cifras del país balcánico tampoco son positivas: con un 21% de paro y un 50% de desempleo entre la gente joven, ellos tratan de ver Europa con optimismo pero la realidad es que temen que les suba la vida con la entrada del euro. Martin tiene un sencillo bar en el casco histórico de Dubrovnik, sirve cervezas en unas sillas plegables para que los turistas vean desde allí la puesta de sol. Piensa que Europa traerá muchos viajeros nuevos al  país y esto le parece positivo pero teme que al entrar en una Europa en crisis ellos se hundan aun más.

Croacia ha luchado mucho por llegar hasta aquí. Tras la guerra de los Balcanes ha tenido que modificar 350 leyes y entregar a numerosos criminales de guerra para poder optar ser el país número 28 de la unión. Y ahora que lo ha conseguido muchos piensan que quizás no sea lo mejor para su país, desde luego casi coinciden que no es el mejor momento. Alisa trabaja en una tienda de moda dentro de las murallas de Dubrovnik y está muy preocupada por el futuro de su generación. “Europa está en crisis. Ahora no sé si es bueno formar parte de un bloque de países cuyas economías son un desastre” Otros, como Ivan, comerciante, cree en el futuro de la unión: “Es importante formar parte de un grupo poderoso para avanzar con ellos; las crisis pasarán y llegarán buenos momentos. Ahora tendremos 500 millones más de nuevos clientes”.

Las notas de la alegre melodía de la Novena Sinfonía de Beethoven se desparraman por la fachada del impresionante palacio de Sponza, por la catedral y el palacio del Rector. Un músico callejero alegra a las decenas de visitantes que cada día conquistan las calles empedradas de la llamada perla del Adriático. Muchos de estos turistas se preguntan si con la llegada del euro no cambiará uno de los principales atractivos del país, que era el buen precio de los servicios.

Frente a una población también escéptica ante tales cambios, los vecinos de los Balcanes –Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia– observan atentos la evolución de esta nueva incorporación. Ellos están a la espera de poder pertenecer a la UE y lo que le ocurra a Croacia puede ser un fiel reflejo de lo que les espera a sus economías.

Luego, al atardecer, las parejas de jóvenes croatas deciden dejar los problemas a un lado y se dirigen a la Playa de Lazareli para disfrutar de una alegre noche de fiesta amenizados por un Dj de moda. “Lo que ocurra mañana ya llegará, mientras brindemos con una copa de nuestro preciado Dingac” –dicen con una sonrisa, copa de vino en mano.

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