Un libro sobre el militar republicano más importante

Carlos García Valdés

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El general Modesto, entonces teniente coronel, durante la Batalla de Brunete, en julio de 1937. Imagen de Efe que ilustra la cubierta del libro de Reverte.

El escritor madrileño Javier Reverte ha publicado su último libro (El tiempo de los héroes. Plaza y Janés, 2013) dedicado a las hazañas guerreras, durante nuestra contienda civil, de Juan Guilloto León, más conocido como Juan Modesto (1906-1969), único soldado miliciano que alcanzó el generalato. Personaje de la máxima relevancia durante los enfrentamientos, no se configura el presente ensayo, propiamente, como una biografía al uso. No es una aproximación completa a su figura ni trata de la totalidad los pormenores de su existencia. El mismo autor nos lo confiesa con sinceridad, aunque es cierto que la narración sigue el hilo de la vida y la obra del más importante militar republicano de la guerra que asoló España de 1936 a 1939 y marcó la existencia de muchas generaciones. La documentación histórica hallada y las entrevistas con los contemporáneos de Modesto suplen la indagación propiamente biográfica. La nula ayuda que Reverte obtuvo de la familia supérstite del general tampoco le ayudó a confeccionar la obra que, sin embargo, nos proporciona una cabal idea de lo que fue y representó, para el bando gubernamental, el destacado oficial.

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Este libro extenso -de más de seiscientas páginas- exhibe un lenguaje extraordinario y una corrección en la expresión fuera de toda ponderación. Se lee de corrido, como toda buena literatura y, en verdad, que su protagonista guerrero lo merece. Está escrito mediante la técnica del flas-back, es decir comenzando la narración en un momento concreto -la partida de tierra española- y retrocediendo a otros instantes vitales significativos del personaje. Natural del Puerto de Santa María (Cádiz), cultiva la amistad con otro ilustre paisano, el magno poeta Rafael Alberti, con quien se encontrará repetidamente en la retaguardia durante la guerra, siendo su adscripción al Partido Comunista la que marcará su destino. Desde el mismo instante del levantamiento militar de Franco participa Modesto en la defensa de Madrid, como jefe de milicias antifascistas, y una de sus primeras intervenciones armadas es tomar parte en el asalto al cuartel de la Montaña, mandado por el general Fanjul, que se había sublevado. Desde aquí, toda su actividad es un conjunto de las más determinantes campañas que se sucedieron en los diversos frentes guerreros, ascendiendo progresivamente en el escalafón, sin ser militar de carrera, hasta el máximo empleo castrense.

Desde el punto de vista de las diferentes campañas emprendidas por los republicanos, la mayoría de las ocasiones defensivas o de tratar de recuperar territorios ya perdidos, Reverte se detiene únicamente en las muchas, ciertamente trascendentales, en que intervino Modesto. Y así, no cita otras resistencias también dignas de mención, como las del norte de España, pues la tarea organizativa y de mando de Modesto se centra en las divisiones y ejércitos del Centro que eran los de su responsabilidad.

Poco dice el autor del presente libro de la vida personal y familiar de Modesto. Apenas algunas líneas. Pareciera como si su afán guerrero dejara en la cuneta de su existencia las relaciones íntimas, aunque en algunas partes del relato, nunca sustanciales, describe Reverte algunas de las relaciones amorosas del general y de cómo era un mujeriego impenitente y atractivo.

El relato ensalza al protagonista de la historia, presentándonoslo como un guerrero excepcionalmente valiente, buen estratega, de una inteligencia militar innata y noble con el enemigo. Que se emociona en ocasiones con los actos heroicos, cuando despide a los componentes de las brigadas internacionales en Barcelona o contempla la marcha esforzada y dolorosa de los soldados hacia la frontera francesa. No oculta Reverte su simpatía por Modesto. Pocas actitudes negativas, humanas y militares, de éste nos describe. Y además pienso que esta consideración de favor le viene dada al autor al contemplar la permanente constancia de Modesto en la defensa republicana con las armas en la mano. Su presencia se multiplicaba en las batallas más terribles de la guerra, las que han pasado a los libros de historia, tales como la del Jarama, Brunete, Belchite, Teruel o, sobre todas, la del Ebro. Su actuación es siempre, según el relato de Reverte, la de un profesional, sin inicialmente serlo, y la de un hombre que arrastraba con soltura y convicción a sus hombres al combate, los conocía bien y por ellos era respetado hasta el final. Su capacidad estratégica también es alabada permanentemente. Su táctica empleada en la retirada de la última acción bélica citada, salvando a la mayor parte del derrotado cuerpo de ejército fue un modelo para la época. No pudo ganar ninguna de los grandes combates referidos, sin perjuicio de vaivenes favorables ocasionales, pero siempre fue por causas ajenas al correcto planteamiento de la acción. Cuando no era el armamento muy inferior, el número de soldados era mucho más reducido, los carros de combate soviéticos se retenían en la frontera francesa o la aviación no llegaba nunca a tiempo. Y el resultado se decantaba por las fuerzas franquistas bien entrenadas, organizadas, preparadas y con material alemán o italiano.

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Modesto (izda.) y Líster, durante la Guerra Civil. / fotosmilitares.org

Reverte nos habla con frecuencia de la mala opinión que tenía Modesto de otros altos responsables militares republicanos. Así, no soportaba a Valentín González, El Campesino, pese a la protección que ostentaba del Partido Comunista, que era el de ambos, oficial al que con frecuencia tacha de cobarde y asesino; a Enrique Lister, compañero en todos los frentes mencionados, aficionado a la bebida y celoso de sus méritos, ni al jefe anarquista Cipriano Mera al que califica de incapaz y traidor, como a Casado. No simpatiza con el general Miaja y aunque ve con mejores ojos a Rojo, en ocasiones, piensa que es irresoluto. Acerca de Tagüeña se expresa mejor, pero sin alharacas. Su excesivo rigor para consigo mismo hacía que no contemplara muy generosamente a los demás. Modesto y Lister obtuvieron el rango de generales honorarios en la Rusia de Stalin.

Fue Juan Modesto uno de los últimos en abandonar España con la definitiva derrota. Protegió hasta el final al jefe del gobierno, Negrín, y embarcó en uno de los postreros aviones que le conducía al exilio para siempre, hasta su muerte en Praga. Antes, había combatido en la Segunda Guerra mundial, en las filas búlgaras, encuadradas en las tropas de la URSS. Escribió un libro “Soy del Quinto Regimiento”, publicado en la fecha de su fallecimiento (París, 1969), texto de guerra más que de memorias que, sin duda, si hubiera acometido la apasionante tarea, hubieran sido de gran utilidad para aproximarnos más aún al personaje.

Por eso el esfuerzo de Javier Reverte es admirable pues, aunque no de la nada, ha sacado adelante esta bella historia de heroísmos y compromiso ideológico de un militar prácticamente desconocido por las nuevas generaciones. No en balde, al haber sido el más relevante de los generales republicanos y no ser detenido, juzgado y fusilado por Franco, su recuerdo no podía quedar, para los vencedores, inmutable en su valía.