Presupuestos de Cultura: menos de lo mismo

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Imagen de archivo de Wert y Montoro durante una conversación en el Senado. / Efe
Imagen de archivo de Wert y Montoro durante una conversación en el Senado. / Efe

Desde que nuestro inefable Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, presentase los presupuestos del Estado para 2014, se han sucedido multitud de análisis sobre las distintas áreas que, salvo Defensa, son definitivamente indefendibles debido sobre todo a los recortes en los sectores más vulnerables. Ayer fue un día con olor a funeral en el mundo del cine porque en las partidas referentes a Cultura la mayoría de las gentes vinculadas al sector pensaban que con el nuevo recorte a las ayudas al cine se le había dado la puntilla. Algunos se referían claramente a venganza, sobre todo después de enterarse de que los presupuestos referentes a la música o el teatro subían en torno a un abanico que iba desde el 25% al 50%. El cine, que el año pasado tuvo un presupuesto de 55,7 millones de euros, baja este año a 50,84.

Mal rollo, digo, entre las gentes del cine. Los más mediáticos, también. Para inflar todavía más esa sensación de humillación, ni el ministro Jose Ignacio Wert se dignó al principio pronunciar palabra alguna sobre el evento, la verdad es no se le esperaba, ni el subsecretario José María Lassalle, que suele dar la razón siempre al representante del sector que va con la queja pero poco más ya que aduce impotencia por falta de dinero, al que en esta ocasión tampoco se le esperaba por baja por paternidad.

Wert, finalmente, justificó, en unas  declaraciones poco abruptas pero un poco perversas, que la partida dedicada a la Protección  a la Cinematografía era la que había sido más recortada, un 14% menos que el año pasado, por una cuestión de modelo referente al sector, y de paso justificaba la subida al teatro y la música, que poseen modelos consolidados. Según el ministro, se está intentando cambiar el modelo de subvención del Estado a fondo perdido por el de los incentivos fiscales, y eso ha sido la razón ultima de los recortes. El problema es que, mirado con cierta miopía, tiene razón, pero justamente por lo contrario. El cine es una industria que tiene que ser subvencionada si queremos que aguante el tirón brutal de la cinematografía norteamericana, y eso lo han entendido todos los países europeos, incluido el régimen franquista. La salud que goza el cine francés es producto de una subvención inteligente, el auge del cine italiano de hace treinta años surgió de las mismas premisas, lo mismo el alemán en los setenta, la carencia de un cine italiano en la actualidad proviene de unas políticas muy similares  a las que están realizándose en España… en fin, cosa sabida. En este sentido las declaraciones de Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine y productor que ha sufrido en sus propias carnes los recortes, no puede ser más alarmante, ya que habla de paralización de la industria. Otros, caso de Sánchez Arévalo, sin cargo oficial, es más contundente cuando se refiere al desmantelamiento de la industria del cine.

Pero este sector, el más mediático, no debe hacernos olvidar las demás partidas destinadas a Cultura.. Mientras se fomentan las ayudas para incrementar la oferta legal de contenidos digitales en Internet, se le restan recursos al mundo del libro, ya sea en ayudas a bibliotecas públicas como a la edición de revistas culturales. El recorte, sin embargo, no es dramático porque el libro resulta rentable, es poderoso, los grupos de editores poseen recursos, sobre todo en los medios, tanto periodísticos como televisivos, y no conviene encresparlos. De ahí que el recorte al libro pueda ser calificado de previsible. Igual sucede con el presupuesto a  las Bibliotecas, la Nacional, por ejemplo, pasa de 31 millones a 29, 37: un agujero más en el abroche del cinturón pero que no amenaza asfixia.

Los Museos, por el contrario, ven incrementado su presupuesto, por lo menos los más rentables, los más turísticos: el Prado y el Reina Sofía, aunque el incremento se cuenta en menos  de un millón de euros, y otros, caso del MACBA o del IVAM o del MNAC ven recortados sus presupuestos en partidas mínimas, similares  en el montante a las instituciones a las que se le han subido el presupuesto En resumen, todo queda igual.

El incremento en teatro, ya lo dijimos, es espectacular, de 37 millones el año pasado a los 58 de éste. Por ejemplo, el Festival de Almagro pasa de 408.000 euros a 508.000, un remonte considerable.

Música y Danza se mantiene más o menos con los mismos recursos: el Real y el Liceu no varían, el de la Maestranza se incrementa un poco y baja el del Palau de les Arts, pero dentro de unos límites razonables, como si el Estado hubiese caído en la cuenta de que si estas instituciones se mantienen aún con las dificultades que tienen, que son muchas, no conviene empujar más de lo debido no sea que se derrumben cual castillos de naipes.

Las Academias, que dependen de Educación, ven recortados sus presupuestos de manera sustancial: la de la Historia pasa de 459.000 euros a 390.000, la RAE, de 1.904.600  a 1.618.000, Bellas Artes pasa de 790.000 euros a 671.000 euros.

En lo que respecta al Instituto Cervantes, que depende de Exteriores, el incremento entra dentro de lo razonable: de 86 millones a  110 millones, una cifra que puede ser considerada grande por ciertos sectores de la Cultura, caso del cine, abocados a la miseria. Tampoco hay que engañarse: esta primavera estuve en el Instituto Cervantes de Londres y les habían bajado el presupuesto un 80%, y son instituciones que representan  a nuestro país en el mundo.

Los presupuestos de Cultura pueden ser calificados de menos de lo mismo, salvo en el sector del cine, que son sencillamente un hachazo en toda regla. ¿Venganza?, ¿desprecio? ¿ ignorancia? Me temo que de todo hay, pero sobre todo un cálculo que ellos creen justificado pese a su aire de crueldad: quieren pasar de un modelo  a otro, pero el problema surge cuando la alternativa está en la cuestión fiscal. La cantinela no es nueva y luego cuando la cosa no funciona, ¿para cuando la dichosa, siempre esperada y eternamente estudiada ley del Mecenazgo?, aparece José María Lassalle y nos dice que la culpa es de Hacienda, vale decir, de Montoro. En este mundo alucinado en que se resuelve la política actual es probable que haya alguien tan ingenuo para pensar que una Ley de Mecenazgo va  a restar arcas a Hacienda. Estaríamos locos o sencillamente no conoceríamos el país.

Las próximas semanas el cine va a dar la batalla, con ánimo bajo, claro. No me atrevo a pronosticar una fragmentación de los distintos sectores pero lo de “divide y vencerás" siempre ha dado muy buen resultado Sobre todo con la gente del mundo de la cultura.

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