El nieto de Goya emigró a Dallas

Ultimo retrato de Goya a su nieto Mariano. / meadowsmuseumdallas.org,
Ultimo retrato de Goya a su nieto Mariano. / meadowsmuseumdallas.org,

El museo Meadows de Dallas ha comprado el último retrato que Francisco de Goya pintó de su querido nieto, Mariano, en 1827, cuando el chico tenía 21 años. Hay otros dos retratos de cuando niño que se conservan en colecciones privadas españolas. La empresa Sotheby’s de apuestas pretendió venderlo por entre 4 y casi 6 millones de euros pero no le salió la operación, de modo que se lo trabajó en privado y ha acabado vendiéndolo a los responsables de la gran colección española del museo tejano.

Mejor para ellos porque se trata de un retrato bellísimo, precursor poderoso de lo mejor que hizo mucho después un pintor como Edouard Manet –de hecho, al francés le faltaban cinco años aún para nacer-, al que la literatura crítica considera puntal en la transición del realismo al impresionismo.

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El retrato, de modernidad inapelable, lo realizó el de Fuentetodos en un viaje que hizo desde su exilio voluntario de Burdeos a Madrid, siete meses antes de dejar este mundo, a los 82 años. Se sabe que el pintor no soportaba al malhadado Fernando VII y prefirió perderle de vista poniendo tierra de por medio.

La ironía es que hasta en pintura los jóvenes españoles tienen que salir por piernas de su querida patria, pero no me castiguen por el chiste fácil. Me parece que ha llegado el momento de exorcizar este pensamiento negativo que ratifica la desgracia y la hace imperecedera.  Hubo un tiempo en que los españoles plantaban cara a la adversidad con humor, orgullo y elegancia. Habría que retomar aquella actitud casi heroica, lo reconozco, pero necesaria para reactivar la producción de riqueza en nuestro país. En fin; que yo iba a  otra cosa.

Destaca el museo tejano, más contento que unas pascuas, que este retrato forma parte de los últimos que pintó Goya, con una técnica mucho más relajada y personal de la que se ve en los retratos de encargo. Aquí, nieto y abuelo, modelo y artista, son seres queridos que descansan cuando quieren, a los que es fácil imaginar comentando y bromeando sobre cosas sin importancia; aquí no hay condiciones estéticas ni simbólicas que  constriñan al pintor.

Como apunta el conservador del Meadows encargado de la nota informativa, se aprecia en el cuidado de la obra el gran cariño que el autor profesa por su nieto. Cariño y cuidado van juntos en el camino del éxito de cualquier empresa. También en el arte, pero, sobre todo, en la vida.

Quizá sea mucho aventurar el deducir que la razón por la que este cuadro no se aloja en el Prado, se deba al criterio restrictivo de Manuela Mena, conservadora jefe de pintura del XVIII de la pinacoteca, que pasa por ser una especialista en el pintor. Desde luego, se le cuentan a Mena muchas desafecciones de cuadros con sus supuestos autores. Le cuesta menos a Mena descartar y rechazar que admitir  e incluir. Esa podría ser la razón por la que el Prado se vea separado del joven Mariano de Goya. Otro dolor. O quizás, otra razón para visitar Dallas un día de éstos. Lo tienen expuesto al público desde el pasado 9 de octubre.

Además, el Meadows Museum tiene a gala considerar su colección de arte español –donde se cuentan otros cinco goyas y una primera edición de los grabados- como la más completa, la que mejor comprende, fuera de España, la cultura española a través del arte. De hecho, han duplicado la colección desde que el hombre de negocios Algur H. Meadows la cediera a la Universidad Metodista de Dallas, en 1962, germen del museo. En septiembre compraron seis pinturas de Alonso Cano, Meléndez y Valdés Leal, muy representativas del barroco español.

Y llevan un tiempo preparando, para 2015, las celebraciones del cincuentenario de su creación, que brillará con las conferencias, conciertos, actos diversos y exposiciones que ya tienen listas. Así, una sobre Sorolla y América para el 13 de diciembre hasta abril cuando viaje a San Diego (California) antes de venir a la Fundación Mapfre, en Madrid.

Cuidados y cariño, ya digo.