Chris Killip, el fotógrafo de la Era Thatcher

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Chris Killip. Punks, Gateshead, Tyneside, 1985. / museoreinasofia.es
Chris Killip. Punks, Gateshead, Tyneside, 1985. / museoreinasofia.es

Días pasados dimos cuenta de la magnífica exposición de Catalá Roca en el Círculo de Bellas Artes, muestra que coincide en el tiempo con una excelente en La Fábrica del fotógrafo alemán August Sander, uno de los grandes del siglo pasado, tan pródigo en ellos. Ahora, en el Reina Sofía, y hasta el 24 de febrero, podemos gozar de una exposición que consta de 107 imágenes en blanco y negro del fotógrafo británico Chris Killip, el artista que supo documentar como ninguno la desindustrialización del Reino Unido durante los años de hierro de Margaret Thatcher.

La muestra es impresionante porque auna con una calidad casi insoportable el puro documento con la excelencia artística: el resultado es perturbador, hasta el extremo de que en lo tocante a imágenes de pobres, de marginados, de desarrapados, no haya probablemente dos fotógrafos que hayan reunido series así, como Walker Evans, el maestro de todos ellos, el que fotografió a los campesinos blancos pobres de la Gran Depresión, aunque por ahí anden Paul Strand y Eugene Alget, y este Chris Killip, donde asistimos a una serie de instantáneas que retratan punto por punto y sin concesiones la pobreza, la miseria moral y las consecuencias desastrosas que tuvo la desindustrialización en la llamada Era Thatcher. El cine lo reflejó en multitud de películas que ahora son un clásico, también la música, el punk, claro, los Sex Pistols, también el arte, los grafitos, pero en lo tocante  a la fotografía sólo hay un nombre que haya reflejado como nadie ese periodo, y ese nombre es Chris Killip. De ahí la importancia de esta muestra.

Ute Eskildsen es la comisaria de la muestra, ya que ésta proviene del Museo Folkwang, de  Essen, en Alemania, ciudad  que ha sabido mantener el legado artístico de la arquitectura industrial del siglo XIX, y que es pionera en la sensibilidad contemporánea ante todo lo que tenga que ver con ese legado. Lo de Chris Killip es un legado precioso de los estertores de la industrialización en nuestro siglo y de ahí que Eskildsen muestre cierto entusiasmo: “ Retrata la parte insondable de las personas y los cambios topográficos como elementos estructurantes de la cultura y condicionantes del entorno social y humano , que son los dos ejes en que se mueve su producción”. Por su parte, Joao Fernándes, subdirector del Reina Sofía mantiene que su obra “ se caracteriza por su gran empatía, su profundidad y su observación sensible y es capaz de transformar todo eso en un lenguaje visual no dramático”

Joao Fernándes resume muy bien en ese afianzamiento de lo no retórico, el lado que fascina de estas fotografías. No podemos dejar de comparar su trabajo al de Walker Evans, siquiera sea porque éste es el fotógrafo referencial de este tipo de documentos en el mundo anglosajón ya que en Alemania, Francia, España y la URSS este tipo de documentales eran casi competencia de los fotógrafos del KOMINTERN.

Pero mientras en Walker Evans se halla implícito un cierto lirismo que debe mucho a la pintura de retratos del XIX, esos primeros planos de los rostros avejentados y arrugados de los campesinos del Medio Oeste, en Chris Killip el documento domina en su objetividad al transporte lírico. Aunque bien es cierto que esto es un poco engañoso, ya que no hay más que fijarse en fotos como Helen y su hola hoop, de 1984, para percatarnos de la inmensa trabazón artística que domina sus instantáneas.

Killip comenzó a  fotografiar en 1964 y estuvo vinculado a la fotografía publicitaria. Fue profesor de fotografía en la Universidad de Harvard, y en aquellos años fue testigo de los estragos de la desindustrialización de las fábricas británicas en la Era Thatcher. En una ocasión dijo que cuando comenzó a fotografiar esos paisajes tan cambiantes no se imaginaba que la cosa iba a ir tan deprisa. Sin embargo la muestra no sólo recoge este tipo de documentación sino que se exponen también algunos retratos de la serie Pirelli, que hizo por encargo de la empresa de neumáticos. Al lado, como contrapunto obligado, instantáneas de los paisajes hollados por la clase trabajadora inglesa en sus lugares de vacaciones.

Destacan los paisajes industriales de los astilleros del río Tyne, en Newcastle, por su objetividad tan detallada que los cubre de una belleza extraña, inusitada. Esta manera, convencional si se quiere, de atacar el problema del desmantelamiento industrial, se complementa con la agudeza para observar los nuevos fenómenos sociales. Ya dijimos que el punk fue una reacción obligada ante los excesos de la Dama de Hierro. Killip realizó unos retratos de punkies que se cuentan entre lo mejor de lo expuesto en la muestra, amén de alimentos en los supermercados que nos aleccionan sobre lo que comía la clase obrera en esos años.

La muestra, titulada “Trabajo/work”, incluye también un documental sobre la vida y obra de Killip que fue premiado en Sundance y que optará a los Oscars de este año. De esta manera se da  a conocer en España a un fotógrafo con colección permanente en el MOMA, el Fine Arts Museum de San Francisco, el Stedelijk, de Ámsterdam o el Victoria & Albert Museum, de Londres. Chris Killip, el fotógrafo de los invisibles.

2 Comments
  1. cheff says

    Esta exposición lleva en el Reina Sofía desde el 2 de octubre. El concepto de «ahora» parece bastante relativo para el autor de este artículo

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