Encarando la pendiente: vivir en internet

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Aspecto que presentaba el .... del V Congreso Iberoamericano, celebrado en Zaragoza, momentos antes de su clausura. / E. Huelbes
Imagen de los participantes en el V Congreso Iberoamericano de Cultura, celebrado en Zaragoza, momentos antes de su clausura, el pasado viernes. / E. Huelbes

La vida se ha vuelto una montaña rusa de última generación, en la que los bucles y las espirales, los descensos y la velocidad de los convoyes devienen cada vez más vertiginosos. No queda otra que elegir entre ocupar el furgón de cola encajando la impresión de ir a morir en cada curva, con el estómago en la boca y el alma en los pies, o escoger un asiento delante, desde el que encarar la pendiente, rumiando un miedo casi intolerable, como el que se siente al empezar a esquiar, ante una inmaculada ladera que parece un precipicio, y de la que una preferiría salir disparada en sentido contrario.

Así cavila Román Cendoya, uno de los cientos de asistentes al V Congreso Iberoamericano de Cultura, clausurado el viernes, 22, en Zaragoza, un auténtico freak de los gadgets las upps, las pulseras electrónicas que vigilan tus pasos y otras virguerías que él aclara que estudia para conocer al enemigo y saber a qué hay que atenerse.

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Lo cierto es que los cinco años de Crisis Lehman que llevamos han dado para ir pensando en qué se diferencia esta crisis de las crisis que hemos conocido anteriormente y hasta qué punto se ha hecho evidente que estamos ante una vuelta de tuerca después de la cual la poca inocencia que nos quedaba se ha difuminado, probablemente para siempre.

Se ha hablado del tránsito de una civilización analógica a otra digital o, como dice el sociólogo francés Frédéric Martel, numérica. Pero la impresión es que se trata de un futuro risueño y no tan apocalíptico como muchos se empeñan en augurar.

Cuartopoder.es ha participado en esta verbena de enganchados a la red, en una mesa -compartida con colegas de México, Argentina y España- en la que se discutía sobre el futuro del periodismo cultural en la era digital. El mantra es que ya no hacen falta periodistas “gracias” a Google. Sin embargo, a mí me parece que es cuando más hacen falta, sin que eso suponga arrogancia alguna. Hacen falta periodistas -o gente preparada- de sólida educación, capaces en todo momento de filtrar la ingente cantidad de información que no hace falta leer, porque no aporta nada, sólo dispersión y ruido.

No escuché mencionar a nadie en este congreso al viejo Marshall McLuhan, cuando  me parece que, hoy más que nunca, se cumple a rajatabla su hallazgo: el medio es el mensaje, en esta aldea que dejó de ser tribal (a pesar de los nacionalistas) para hacerse global, cosa que también advirtió el filósofo canadiense en los años 60.

Los recursos del medio son las líneas en las que hay que escribir los contenidos. Se acabó el escribir artículos sino, mejor, apuntes más o menos breves, sembrados de enlaces donde –ahí está la clave- se elijan los mejores aportes al contenido de la noticia que se quiere transmitir a los lectores.

Con modestia hay que decir que el Virgilio de la red para no perderse en el maremágnum de noticias, convertido en amenazante Laguna Estigia a veces, sigue siendo el periodista bien preparado. Asociar al periodista con un ser arrogante que se concede a sí mismo un raro privilegio es olvidar lo que cantaba con mucho tino Atahualpa Yupanqui, en Si se calla el cantor, de Horacio Guarany, cuando, refiriéndose a los de la prensa, hablaba de “los humildes gorriones de los diarios”.

No se puede separar lo bueno de lo malo de la red, las ventajas vienen con los inconvenientes en el mismo paquete, y aquí estriba su complejidad. Pero, como también se ha comentado, los grandes avances en la historia de la humanidad se han producido en sistemas abiertos, donde las parcelas del cerebro menos usadas se ponen en funcionamiento, y en este reto andamos todos metidos.

2 Comments
  1. perniculás says

    En medio de este ruido, provocado por la riada informativa que nos asola, falta, como tu dices muy bien, Elvira, quien gobierne, esta debacle. Es decir, se necesitan periodistas que no se olviden del Quién, Qué, Dónde, Cuándo, Por qué y el Cómo. Hoy estamos hartos de leer noticias (o lo que sean) en los “grandes medios” y en los que no lo son que sólo cuentan lo que se le ocurre a quién escribe, así, como el que se pone a mear en cualquier parte (perdón por la expresión). Y paralelamente, menos mal, nos encontramos también con textos (reportajes, noticias, entrevistas) que todavía son periodismo. Periodismo, con mayúsculas. Menos mal. El reto está en aprender a espulgar en este lío.

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