Nuestro sangriento Tom Wolfe

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El escritor norteamericano Tom Wolfe durante su encuentro con la prensa en Barcelona. / Efe

Desde La hoguera de las vanidades no había publicado novela. De ahí que el mundillo literario, qe admira y odia por igual a este escritor que intenta ser el artista glamuroso de la literatura después de la estela dejada por la estrella de Truman Capote, se haya sentido estos días inquieto y encantado de que Tom Wolfe se haya dejado caer por Barcelona con motivo de la publicación en español de su libro, Bloody Miami, por parte de la editorial Anagrama, donde disecciona los entresijos de una ciudad única en el mundo, pues, según palabras suyas, “todo el mundo odia a todo el mundo” y es el único sitio donde una población de origen extranjero se ha hecho con el poder de la ciudad en el transcurso de una generación.

Tom Wolfe se presentó con su sempiterno traje de inmaculado blanco, no he conseguido ver una foto suya vestido de otra guisa, porque es su uniforme de escritor glamuroso, que cree que en Nueva York vestirse de caballero del Sur que pasea por Richmond, Virginia, es ponerse un terno blanco y sombrero del mismo color, y cabreó a muchos colegas y periodistas españoles con sus declaraciones políticas, teñidas de cierto conservadurismo, y que chocan en un país como éste donde haber sido uno de los padres fundadores del Nuevo Periodismo inmediatamente, se supone, te ponía del lado de la progresía internacional.

Nada más lejos. Wolfe siempre fue hombre muy apegado a cierto gesto de caballero sudista, en eso se le nota la sumisión al modelo dejado por ese chico del Sur e infinito encanto que sedujo a Nueva York de verdad, Truman Capote, y sus afinidades conservadoras pertenecen a lo que se espera de una leyenda ya hecha, como les pasó por otras vías a Guy Talesse, Norman Mailer o el mismo Capote, sus colegas de más talento en aquella aventura que cambió el modo en los años sesenta de hacer periodismo y que hoy día está arrumbada a algo parecido a la arqueología por la razón de su excesivo coste.

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Cubierta de la novela de Tom Wolfe.

De ahí que se agotaran las entradas en la presentación con un mes de antelación en la conversación que tuvo con el periodista de La Vanguardia, Llatzer Moix, dentro del ciclo Conversaciones en La Pedrera, ante un público ansioso que no le escatimó honores. Afirmó que lo que quería era escribir sobre la inmigración y que primero pensó en California y su comunidad vietnamita, “pero como no leía ni hablaba en vietnamita, lo abandoné”. Entonces se centró en Miami porque había estado de corresponsal del Washington Post en la Cuba de los primeros años de Fidel Castro y algo sabía de los cubanos aunque el idioma se le da mal porque le habían enseñado el español para leer el Quijote, “cosa que nunca he hecho”, no para hablar con la gente. Lo de Miami le fascinó y en el periodista de la novela, John Smith, ha puesto mucho de sí mismo. Wolfe es hombre que sabe que su aportación a la literatura ha sido hacer periodismo a la manera de un novelista, aquel mítico reportaje donde se coló en una fiesta que daba Leonard Bernstein a los Panteras Negras, y novelas a la manera de un periodista, La Hoguera de las vanidades está llena de reportajes de prensa esbozados e incluso desarrollados a poco que se sepa leer entre líneas, como ésta Bloody Miami, por lo que ha pergeñado una novela sobre Miami que quiere pase a la posteridad como la narración donde la Miami de principios del siglo XXI quede en el imaginario popular, como el París de Balzac, el Madrid de Galdós o el Londres de Dickens o el Nueva York de John Dos Passos.

Esto no es baladí y significa nada más y nada menos que Tom Wolfe sueña con la gran novela realista europea, no en vano aquella novela fue aliada del nacimiento y auge del periodismo, y sabe, además, que se espera de él lo que dijo Thomas Mallon en el New York Times: “ Los novelistas americanos, a menudo atrapados en los dramas íntimos más triviales, siguen necesitando a Tom Wolfe al frente de su equipo”. Lo que significa que el propio Wolfe es consciente de que ya que la Gran Novela Americana probablemente nunca llegará a escribirse, ahí está él para ser el último representante de la tradición realista, que conlleva, irremediablemente, una gran dosis de sana popularidad.

Wolfe dejó la editorial que siempre le había publicado Farrar, Straus &Giroux y se fue con la británica Little Brown, que le dió cinco millones de euros por editar con ellos Bloody Miami, hasta tal punto eran conscientes de las altas ventas que iba a conseguir una novela basada en la corrupción y el poder, vale decir, una moderna historia de gánsteres de los años treinta. Ingredientes clásicos no le faltan: Edd Topping es enviado a convertir el Miami Herald en un diario digital que consuman los latinos, aparece por allí el periodista John Smith, a la caza del scoop, también Néstor Camano, un policía latino que pertenece a la primera generación de cubanos nacidos ya en Miami y que será finalmente el protagonista de la historia que prepara Smith... también sexo, claro, Magdalena, novia de Néstor, que tiene como amante a un psiquiatra especializado en sexo que tiene un paciente millonario obsesionado con la masturbación y que será utilizado por ésta para encumbrarse en las esferas del dinero y el poder.

Bloody Miami no engaña a nadie, es un thriller escrito por un hombre de buena pluma y gran inteligencia que, además, ha escrito muchas de las mejores páginas del periodismo del siglo XX. No es uno de los grandes, ya saben, pero deja pequeños a la mayoría de los que ahora son.

3 Comments
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