Federico García Lorca, perdido en Nueva York y salvado en Cuba

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Cubierta de la obra de Maurer y Anderson.

El hispanista –lorquista, para más señas- Christopher  Maurer, junto con Andrew Anderson, ha publicado un libro sobre la estancia de Lorca en Nueva York, que Galaxia Gutenberg/Circulo de Lectores ha editado primorosamente y está ya en las librerías. Se llama: Federico García Lorca en Nueva York y La Habana. Cartas y recuerdos (2013).

Hay que empezar preguntándose si a Federico García Lorca le habría hecho gracia la publicación de las cartas escritas a familia y amigos íntimos que, inevitablemente, revelan secretillos a veces algo picantones, que a lo mejor no hubiera él querido que todos supiéramos. Lo cierto es que resulta delicioso leer determinados comentarios –se supone que estrictamente confidenciales- que ahora, pasado tanto tiempo y tantas cosas, hacen sonreír. Imagino lo bien que lo habrá pasado el profesor Maurer con la experiencia.

Hay que recordar que Christopher Maurer encontró por casualidad, extraviado en la sección de Música del Archivo del Congreso de Washington, el manuscrito de uno de los poemas más notables del gran libro que Lorca ideó en su estancia en la Gran Manzana. Las casualidades en casa del investigador infatigable que es Maurer nunca son tales, ya se lo supondrán ustedes.

En este libro, además de las cartas –de las que les revelaré algunas chispas- se ofrecen fotografías inéditas del poeta, escritos de otros sobre él, también inéditos y detalles que completan el perfil de aquel granadino que se marchó un tanto de morros a la ciudad que entonces ya era la capital del mundo, frente a la “antigua y putrefacta Paris”, según su opinión. Pero, de la lectura se deduce que la vida en la gran ciudad no fue todo color de rosa para el autor de Poema del cante jondo. Su escapada a La Habana, que también se cuenta, le supuso un buen respiro.

En las cartas a sus padres, Lorca “comete” indiscreciones como la de considerar que “esta gente es infantil como pocas” refiriéndose a los norteamericanos que le atendieron con amistad y hasta fruición. O, cuando en Miami le piden que improvise una charla en la universidad, él cuenta, despreocupado, que “en Norteamérica da lo mismo decir una cosa que otra, ya que, con algunas excepciones, son algo tontos”.

Ese curso de 1929 a 1930 fue de constantes reuniones, conferencias y fiestas a las que lo invitaban sin parar, para gran preocupación de su madre, Vicenta Lorca, que se temía que el locatis de su querido hijo perdiera el tiempo y el dinero en juergas. Eminentes socias del Cosmopolitan Club invitaron a Federico al homenaje que dedicaban a La Argentina. El contaba a sus padres, divertido: “Será algo raro la de viejas lunáticas a las que voy a besar la mano”.

Aún así, el poeta granadino se ganó sin duda su buena fama de persona encantadora, que enamoraba a las señoras y a los señores, y que logró en aquel viaje fecundo escribir el que para muchos es su mejor libro.

También consiguió que le representaran algunas obras de teatro, gracias, de nuevo, a sus admiradoras, como le contaba a sus padres: “Las señoras son las que hacen todo en Norteamérica. Hay alguna millonaria interesada también y tres o cuatro judías literatas.”

Entre esas señoras destacó a Mildred Adams. de la que es fácil suponer que sufrió en silencio el anhelo incumplido de tener un romance con el poeta de Fuentevaqueros. Fue muy bien retratado por su amigo el poeta Philip Cummings, cuando le contó al también poeta Dionisio Cañas, que “Federico era muy infantil y erótico”.

En fin, este libro completa el círculo que empezó con la organización de la exposición de Nueva York y su lectura resulta especialmente apetecible, arrellanada en un buen sillón, junto a la estufa de leña. Fuera, nieva; pues que nieve si quiere.

6 Comments
  1. estrella says

    Para muchos lectores norteamericanos este libro sería hoy un escándalo; como lo son muchos de los poemas de «Poeta en Nueva York».
    Hace poco, un poeta bien conocido en este país, se negó a participar en una presentación sobre Lorca en NY por el «antisemitismo» del granadino… Algo nuevo en este caso ya que este mismo poeta–hasta hace muy poco—siempre le ha fascinado Lorca…

  2. estrella says

    Ya que a este mismo poeta…

  3. Jonatan says

    A la M la corrección política, hombre. Algo de sinceridad se agradece.

  4. piedad says

    ¡Que lástima de un talento !y un caudad de la Literatura española.

  5. piedad says

    Federico excelente persona y excelente caudal literario con derecho a la vida

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