Una vez más el maldito Club de los 27

Cubierta del libro.
Cubierta del libro.

Hace dos años, en julio del 2011, moría Amy Winehouse, la muchacha judía que quiso tener alma de negra. Los diarios y los medios de comunicación audiovisuales, en un alarde de pensamiento mágico determinaron que la fallecida pertenecía ya por derecho propio al “Club de los 27”, un club exclusivo al que pertenecen sólo los cantantes rockeros que han muerto a la edad de esa mágica cifra y cuyo nexo común puede resumirse en lo que la madre de Kurt Cobain, otro muerto a esa edad denominó “ese estúpido club”, es decir, haber muerto a esa edad. Ni que decir tiene que es el único club en el que ninguno de sus componentes se ha inscrito en persona.

El club es estúpido pero rentable. Dos años después de su muerte se publica en España, por parte de Alianza Editorial, el libro de Howard Sounes, Amy 27. Amy Winehouse y el club de los 27, un libro que pretende ser una especie de biografía colectiva, lo que no deja de ser arduo en principio ya que supone en la mayoría de ellas forzar un poquito las cosas para que esas cuadren. ¿Qué sucede con ese famoso club? El libro tiene la friolera de 414 paginas y después de leerlo no tenemos muy claro qué les reúne aparte de haber fallecido a esa edad. Que todos ellos fuesen cantantes es cuestión de elección, no de ellos, sino de aquellos que manejan el pensamiento mágico, ¿cuantos fontaneros británicos habrán muerto a consecuencia de agarrase unos buenos pedales los fines de semana a la edad de 27 años?, y si Kurt Cobain, Amy Winehouse, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janes Joplin, Brian Jones, se parecen en algo es, claro, en su profesión, le dan a la música, y el haber muerto jóvenes, lo que desde el Romanticismo es cuestión de leyenda. Ya se sabe, los héroes no mueren en la cama…

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Howard Sounes, que es un afamado periodista y experto en escribir biografías, la publicado las de Bob Dylan, Charles Bukowsky y Paul McCartney, da un paso más allá que los medios de comunicación y afirma que si es verdad que en el Club de los 27 lo que les une es la muerte, en realidad se trata del suicidio. Y concluye que la mezcla de heroína y alcohol fue determinante para que el instinto autodestructor de todos ellos saliera a flote.

Sin tener en cuenta que cuando habla de Brian Jones, fundador de los Rolling Stones, le pone a caer de un burro: irascible, prepotente, envidioso, vicioso, pusilánime, se suicidó cuatro días después de que le expulsaran de la banda, hay que decir que Keith Richards, si ir más lejos, se metió lo mismo y hoy día anda tan campante por los escenarios con su Mick Jagger querido y es abuelo. Es probable que a Brian Jones no le llegara aún la moda de la renovación de la sangre periódica que, dice, se hacen los Stones, pero, seamos sensatos, hay ejemplos para todo en la viña del Rock, que es pródiga en curiosidades de todo tipo. Lo del exceso, por tanto, no nos sirve.

Por lo menos esta biografía colectiva tiene poco de pacata, lo que es de agradecer. Si existen biografías de músicos como Jimi Hendrix donde no se menciona que tomara drogas, heroína, LSD, cuando en aquellos días incuso en algunos estados estaban permitidas las psicodélicas, en ésta no paran de darle a la heroína, al alcohol y a lo que haga falta, vale decir, a las dos juntas.. Bien es cierto que si no fuese así no habría libro, pero incluso esa supuesta tendencia autodestructiva está un poco traída por los pelos, porque si en el caso de Jim Morrison la cosa está clara, es probable que con Hendrix la cuestión no fuese esa sino todo lo contrario. que tuviera una excitación enorme por el éxito que estaba teniendo y que le ocurriera lo que al Romeo de Shakespeare, que calculó mal, tanto que se metió 18 veces la dosis de tranquilizantes que el cuerpo podía aguantar.

Es tan poco pacata que abunda justo en lo que la mayoría esconde o deja pasar por sabido, lo del consumo a lo bestia de drogas y alcohol; es tan dado a ello que parece un memorial de consumo de estupefacientes sino supiéramos que todo ello está construido, no falseado, para abonar su tesis: la de suicidio por autodestrucción de todos sus componentes. Lo que es cierto pero deja sin explicar lo de los 27 años, quizá porque en realidad no tiene explicación alguna.

A no ser que apelemos al sentido común, pues si un rockero comienza, o comenzaba su andadura por los malos caminos en la adolescencia, es normal que a los 27 esté ya bastante gastado, sobre todo si se alía a caracteres con problemas varios, como, según Howars Sounes, tenían estos seis componentes del selecto Club, es decir, problemas relacionados con sus padres y sus amores, casi siempre desgraciados. Pero si bien lo del desgaste a los 27 está bien llevado, pero probabilidad con la que el autor no cuenta, lo de los padres y amores varios, algo en lo que insiste una y otra vez, es pura conjetura estadística.

Una vez más nos asiste la perplejidad, pues si bien Jim Morrison detestaba a sua padres no era porque le maltratasen, todo lo contrario; Amy Winehourse tampoco parece que se llevara mal con los suyos y, sin embargo, sí tuvo un novio nefasto, Blake Fielder, que hizo que se enganchara al alcohol y las drogas, mientras que nuestro Jim Morrison se mató por amores pero a la vieja usanza romántica, como un personaje más cercano a Wilhelm Meister que a Mick Jagger. Quizá le influyera que siempre antepuso la labor de poeta muy por encima de la de músico rock. De hecho decía detestar a The Doors.

Sin embargo, con todo lo ecuánime que parece Howard Sounes, parece tener una especial inquina con Brian Jones, el único de los Seis que carece de aura, según nuestro biógrafo. En cualquier caso el libro sostiene una tesis no improbable sino imposible, y como no puede ser demostrada porque no hay nada que demostrar se dedica a ofrecernos una información preciosa, y anecdótica, sobre estos seis músicos, lo que gustará a los aficionados a Janes Joplin o los que gustan de Kurt Cobain…

En el libro hay una bruja: Courtney Love. Es gafe. Se relacionó con algunos miembros del Club, caso de Kurt Cobain, también con Peter de Freitas que murió a los 27 años, y su padre, Hank Harrison, fue manager de The Grateful Dead, en el que uno de sus miembros, Pigpen McKemna, murió a los 27. Es el cuento de nunca acabar…

También es cierto que los Seis fueron los llamados miembros fundadores: hoy día son multitud los que abundan en este mortuorio Club pero Sounes no habla de ellos.

Pero los 27 no dejan de crecer y multiplicarse… ¿Entienden ahora el éxito de Harry Potter?