Manos privadas en la Biblioteca Nacional

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Cartel de talleres infantiles en Navidad de la Biblioteca Nacional / bne.es
Cartel de los talleres infantiles en Navidad, de la Biblioteca Nacional / bne.es

Acaba de saberse que la Biblioteca Nacional de España (BNE) se ve obligada a echar mano de empresas privadas para poder llevar a cabo sus actividades. De modo que en un lustro la BNE ha tenido que pagar casi 18 millones y medio en esos servicios que van desde la atención a nuevas catalogaciones a vigilancia de salas y la atención al público en general.

Parece que el problema es común a las bibliotecas nacionales europeas y no sólo a la española, según una fuente muy bien informada que prefiere silenciar su nombre, con la que se ha puesto en contacto cuartopoder.es.

Su razón de ser procede de la decisión de Hacienda de congelar plazas de funcionarios que quedan vacantes, por traslados y jubilaciones, cuando no de amortizarlas. Transcurren muchos años sin que se convoquen oposiciones, y la Biblioteca tiene que seguir operando. Este problema es una constante en las Bibliotecas Nacionales de toda Europa, siempre se trata de adelgazar las partidas relativas al personal mientras se asignan más recursos a inversiones y proyectos, irrealizables sin el oportuno personal”.

Podría pensarse que si una entidad no puede programar más actividades por falta de personal, quizás sería más interesante cierta austeridad para poder afrontar gastos. Pero, en la cultura, las cosas no van así. No es lo mismo producir cubos de plástico que exposiciones o actividades  que atraigan al público a un cierto desasnamiento de la población española, si me permiten el palabro y me perdonan los simpáticos asnos.

Sin hacer contratos por servicios, sería imposible asumir la enorme carga de trabajo que se deriva del constante incremento de entradas de obras por Depósito Legal y los amplios horarios de apertura al público, así como la necesidad de programar constantes actividades culturales para niños y adultos con el fin de atraer público presencial en la era digital. Todo ello requeriría un refuerzo sustancial de la plantilla para llevar a cabo las funciones encomendadas a la institución, un esfuerzo que, en los tiempos que corren, ni está ni se le espera”.

A todas estas, el drama de nuestra sociedad, cada vez más escamoteada en cualquier aspecto de la cultura, es que cada año salen licenciados de las facultades de Documentación y Biblioteconomía que dormitan a la espera de oposiciones que no salen, y que estarían en el paro de no ser por estas empresas privadas que, al menos, les dan algo de cuartelillo.

Pero, ¿hay peligro de que la empresa privada acabe haciéndose con el control de algunas parcelas de la BNE? Mi confidente me asegura que no hay nada que temer.

Yo no hablaría de privatización, las empresas no intervienen en las prioridades ni en los objetivos de la Biblioteca, se someten a cumplir el pliego de condiciones que sustentó la licitación de los servicios. Por las razones mencionadas, cuentan con personal cualificado para realizarlas. Así las cosas, hablar de privatización de la BNE, como algunos han dicho, me parece demagógico”.

Resulta de lo más natural preguntarse por el futuro de la BNE que está pendiente de una ley específica de la Biblioteca en una línea parecida a las que ya tienen el Museo del Prado y el Museo Reina Sofía, con la que “gozará de cierta flexibilidad para ajustar las partidas presupuestarias a las necesidades reales; y la inmensa mayoría del personal estará formada por contratados en régimen laboral, sólo los puestos estratégicos seguirán a cargo de bibliotecarios del Estado. Ello permitirá la contratación directa de personal laboral y el recurso a los contratos de servicios será cada vez menos necesario”.

Pero, mientras llegan esa ley y esa autonomía de la primera biblioteca de España, no se puede, al parecer, prescindir de los servicios privados. “Suprimirlos sería un suicidio para la Biblioteca, tendría que renunciar a servicios fundamentales hoy en cualquier centro cultural de esta envergadura, y volveríamos a los tiempos del cuplé en que la Biblioteca abría cuando podía, con la ayuda de guardias civiles jubilados,  y la catalogación de los nuevos materiales ingresados sufría bochornosos atrasos de varios años con daños colaterales para la educación e investigación en nuestro país”.

Así que, calma chicha a la espera de tiempos mejores, y como dice el chiste, la BNE podría repetir: “virgencita que me quede como estoy”.


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2 Comments
  1. Exbibliotecario says

    Hola cuartopoder, en hilo del artículo no se si conoceis el siguiente blog http://todosobremiere.blogspot.com.es/en el que se habla ampliamente de lo que sucede en la bibblioteca nacional

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