El poeta del compromiso

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El poeta Juan Gelman, en una imagen de 2011. / Toni Garriga (Efe)

En casos como el de Juan Gelman es muy difícil desligar su actividad literaria de la política. Hay casos, incluso en poetas que pasan por ser paradigmáticos de esa condición, como Rafael Alberti o Miguel Hernández, entre nosotros, lo cierto es que hay en ellos una parte de su obra salvaguardada de esos avatares. En Juan Gelman, no, y sucede que a muchos les inquieta tamaña fidelidad, casi pétrea, a una causa. Pero es que Gelman, que ha muerto en su casa de México de Colonia Condesa, donde se exilió en 1988, atacado de una enfermedad ósea, una mielodisplasia, que arrastraba desde hacía mucho tiempo, desde muy joven adoptó el compromiso político como parte esencial del destino de una vida y lo literario, parte de esa vida, estaba íntimamente integrado en ese compromiso. Tamaña militancia no es fácil de encontrar en escritores de talento y habría que remontarse a ejemplos como el de Bertolt Brecht para hallar paralelismos ajustados.

Juan Gelman fue hombre de raigambre romántica, de ahí esa intensidad en el compromiso revolucionario, y ello se ilustra en el hecho de que, hijo de emigrantes ucranianos, entonces rusos, considerara a la poesía como el medio idóneo de expresión oyendo los incomprensibles versos de Pushkin. La escena es bella y significativa, pues su hermano, que sabía ruso recitaba los poemas de Pushkin, mientras Gelman, que no los comprendía, se enamoraba de sus cadencias. Desde joven supo que la poesía es música disfrazada de palabra. El origen está ahí y es lo genuino, la resolución en este caso es feliz, pero pudo no haberlo sido: entre otros Premios, bastantes, Juan Gelman ha sido galardonado con el Premio Pablo Neruda, el Juan Rulfo, el Reina Sofía de poesía latinoamericana y, finalmente, el Premio Cervantes. Desde aquella primera incursión con el grupo de poetas comunistas de El pan duro a recibir el mayor premio de la lengua española se alarga toda una vida llena de libros excelentes, como Violín y otras cuestiones, En el juego en que andamos, Gotán, Fábulas, Salarios del ímpio, Sombras de ida y vuelta, pero también un compromiso político que está intimamente ligado a los avatares concretos de la realidada argentina, unos avatares que si no se entienden en su contexto es difícil comprender desde el punto de vista de las convenciones políticas europeas. Así, siendo sus comienzos de estricta ortodoxia comunista, cuando advino la Revolución cubana se adhirió a sus tesis y aprobó el inicio de la lucha armada en Argentina, estando en eso en posturas radicalmente diferentes a las del Partido.

De ahí pasó, ya en el 63, al peronismo revolucionario. Fue entonces cuando junto a compañeros como José Luis Mangieri y Juan Carlos Portantiero fundó La Rosa Blindada, una editorial que publicaba libros de tendencia marxista no bien vistos e incluso censurados por el Partido Comunista.

En esos años comenzó su andadura periodística, siendo jefe de redacción de Panorama , del diario Noticias, de la revista Crisis y responsable del suplemento cultural de La Opinión. A finales de los sesenta Juan Gelman se integró en las FAR, Fuerzas Armadas Revolucionarias, que era una organización de raigambre peronista-guevarista, ya advertí que con las estructuras políticas europeas era difícil entender ciertas amalgamas, y cuando las FAR se unieron a la organización Montoneros, de clara tendencia peronista de extrema izquierda, una organización algo errática pues apoyó al gobierno de Cámpora y del regreso del propio general Perón, hasta que decidieron más tarde pasar a la clandestinidad. En ese etapa Juan Gelman desempeñó el papel de responsable de la acción cultural y de comunicación de las FAR.

Con el golpe de estado militar, Juan Gelman comenzó una vida de exilado por diversas ciudades, entre ellas Madrid, Roma, París, Nueva York, México... y realizó una campaña en contra de la dictadura que dio muy buenos resultados ya que consiguió que Le Monde publicara un repudio público de aquel régimen firmado por gentes como François Mitterrand y OLof Palme, en aquel entonces embarcados en tareas de gobierno.

Pero las causas judiciales pendientes con Gelman eran tantas que ni aún con el gobierno de Alfonsín pudo regresar a su país. Ello hizo que escritores como Octavio Paz, Gabriel Garcia Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Alberto Moravia, protestaran con cierta vehemencia. No fue hasta 1988 que que la justicia argentina retiró todos sus cargos en contra y Gelman regresó a la Argentina aunque después del indulto decretado por Carlos Menen, por el que protesto airadamente, decidió irse a vivir a México, donde ha muerto

Los últimos años,aquellos en que coincidieron la concesión de los premios más importantes y cierta fama en los medios de comunicación, amén de la publicación de sus libros, múltiples a pesar de tantos avatares, fueron también los años del dolor, de la búsqueda de su nieta, después de que su hijo Marcelo y su nuera Maria Claudia Irureta, embarazada de siete meses, fueran asesinados en los años de la Junta Militar. Gelman supo por mediación de la Iglesia Católica que su nieta, la hija de Maria Claudia, estaba viva.

Después de algunas arduas investigaciones, en 2000 dio con su paradero en Montevideo, donde su nuera había sido trasladada dentro de la cooperación del plan Cóndor entre Argentina y Uruguay. Su nieta, Andrea, cambió, después de reunirse con su abuelo, su nombre y se puso en honor de sus padres, el María Macarena Gelman. Esos años, en que Gelman, de nuevo, tuvo que afrontar el dolor, fueron pródigos en reconocimientos y pudo ver, incluso, como Seix Barral preparaba y publicaba su Poesía reunida, un inmenso volumen. Fueron años en que a la memoria, dolorosa, terrible, se le unió un presente que si en lo personal consideró un tanto luminoso en lo íntimo, cuando te reunías con él cara y cara, se escoraba hacia cierta desesperanza. Y así apoyó a movimientos como el 15M aunque en lo íntimo sabía del poder casi inmenso de organismos internacionales como el FMI, el Banco Central Europeo o el Banco Mundial. Una vida de escritor plena, también de militancia política. Con la muerte de Juan Gelman se nos ha ido un hombre justo, de bien. También un enorme escritor.

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