Muere Manu Leguineche, el maestro

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Manu_Leguineche
Manu Leguineche, en una imagen de 2008 en Brihuega (Guadalajara). / Juan Martín (Efe)

El titulo de este post es conscientemente convencional, pero he preferido, ante la muerte de un profesional que quería y admiraba, incurrir en lo convencional a la falta de la verdad. Manu Leguineche ha sido maestro de periodistas en un tiempo en que en España andábamos sobrados de ellos. Siempre he pensado que nuestro país fue cantera, desde los comienzos de la prensa, de buenos periodistas y ello a pesar de las deficiencias políticas y sociales en punto a conseguir un país democrático y burgués, como se estaba haciendo en los paises vecinos. Hubo grandes periodistas en el XIX, en la Restauración, que ya era difícil, luego, en la Dictadura de Primo, en la República claro, y también durante el franquismo, porque a falta de instituciones donde un hombre de cultura podía refugiarse bueno era ganarse el pan con el periodismo. De ahí el alto nivel literario de muchos de nuestros colegas. Lo precario siempre jugó a favor del oficio.

Manu Leguineche se educó en una de esas escuelas de buen periodismo que, como islas, salpicaban el largo tramo franquista, El Norte de Castilla y el magisterio, allí, de Miguel Delibes y Jiménez Lozano, un escritor notable de ámbito católico, donde tuvo como compañeros a Paco Umbral y a César Alonso de los Ríos, gente con la que mantuvo amistad hasta llegar a ser padrino de uno de los hijos de César.

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Manu Legineche perteneció, por derecho propio, al género épico del periodismo, el del corresponsal de guerra, y hay que decir que si cada generación innova una manera de hacer periodismo, Manu Leguineche, junto a Diego Carcedo y otros de sus mismos años, fueron los primeros corresponsales de guerra modernos que tuvimos en España, de esos que se iban al frente y nos contaban lo que sucedía y, más tarde, cuando adquirían experiencia, sabían que te enterabas más a veces en las salas de los bares de los hoteles que en primera línea de combate. En esto las comparaciones son odiosas pero fijémonos en las corresponsalías de periodistas eminentes de otros tiempos, como Josep Pla o César González Ruano, para entender lo que estoy afirmando:Manu Lechineche es, para nosotros, un periodista estricto sensu y, por contra, Josep Pla y González Ruano se nos han ido al Parnaso de los literatos, de los excelsos de la pluma.

Se bautizó y curtió en la guerra de Vietnam, en el diario Madrid, y luego estuvo en todos los conflictos regionales de este mundo en una etapa bastante profusa y cruel: Malvinas, Nicaragua, Bangladesh, la de Marruecos, Camboya, Guinea Ecuatorial, Chipre, Líbano, cubriendo, de paso, las caídas del Sha de Persia, de Macías en Guinea, de Somoza en Nicaragua. Vale decir, fue un periodista que, como corresponsal de guerra, no tuvo más que pedir. Cumplió con su oficio sabiamente y como mejor supo y cuando se dio cuenta de que todos los oficios terminan convirtiéndose en oficina, incluso los de corresponsal de guerra, le dio por fundar agencias de prensa, porque como era hombre de clara raíz romántica, lo de Magnum le parecía ejemplo factible.

Yo le conocí en Colpisa, agencia que cofundó, porque me lo presentó César Alonso de los Ríos. Eran los tiempos de El Independiente y Manu se acercaba por allí para charlar y departir que era lo que le gustaba. Le reseñé, luego, algunos de sus libros, que eran libros de periodista, sin ínfulas literarias, porque si algo se aprendía de este hombre es que la valía profesional venía siempre de dos vertientes, de no dejarse engañar sobre las posibilidades de uno y la de ser modesto en un oficio de gente que se cree el ombligo del mundo porque pretenden poseer información privilegiada y no termina de darse cuenta de que son migajas dejadas caer por los grandes de este mundo para sus peculiares y particulares intereses, que pueden afectar a paises enteros.

Colpisa, Cover, LID, que en 1991 pasó a denominarse Fax Press y que vendió luego al Grupo Intereconomía en 2001... Manu Leguineche fue, sobre todo, maestro de periodistas y muchos de las nuevas generaciones le deben respeto y saber del oficio, como se ha demostrado en las necrológicas escritas con toda urgencia por muchos, muchísimos colegas. Manu fue hombre querido por todos en un oficio donde el rencor, la mala leche y la frustración son escuela, y el que nadie, que yo sepa, le criticase, desde cualquier posición espuria o simplemente interesada, nos habla bien a las claras de que era hombre bueno -¿tenemos que decir en el sentido machadiano del término?-, pero también y, sobre todo, del respeto que producía.

Ya digo, de Leguineche aprendí esas cosas, pocas más porque nunca le tuve al lado en el oficio y uno se ha dedicado a la cultura, cosa que a Leguineche le gustaba pero que veía con cierta superstición, como si no estuviera a la altura -¿de qué?, se pregunta uno-, pero Manu era así, modesto hasta decir basta.

Había libros de Manu Leguineche que me parecían opacos, como los que dedicó al mus, una de sus grandes pasiones, porque nunca he jugado a cartas, o muy poco, pero sí gocé de los que dedicó al Athletic, el de Bilbao, el de San Mamés, estadio al que dedicó un divertido volumen, pero con el fútbol sucede como con los toros, que aunque no se sea aficionado te puede la buena literatura vertida en ellos. Manu sabía de su Alhletic y mucho, y supo reflejarlo.

Corresponsal de guerra, hacedor de agencias, de la APE, Asociación de Periodistas Europeos, fundador de la Sociedad Geográfica Española... porque el viaje, su pasión más manifiesta, está detrás de esa inclinación a la corresponsalía de guerra y a tomarse el periodismo como un sucedáneo de la épica antigua, la que nos hubiera gustado vivir a todos y que la mayoría percibimos en libros y cómics y películas mientras que otros quieren y desean vivirlas de verdad. Manu pertenecía a esta última categoría.

Hombre tan versátil sólo podía ser vencido por la enfermedad del olvido, como así ha sido. Él terminó por no recordar pero los demás si lo recordamos, con cariño, admiración y cierta pena. Nos deja un poco huérfanos en esto del oficio.

3 Comments
  1. paco otero says

    …estoy sentado ante el ordenador en una habitación a la que llamo pomposamente despacho, la mesa,amplia con faldillas y brasero (aquí en el sur lo utilizamos mucho)hace frío y desde el ventanal a mi derecha, entre dos sierras de esta Subbetica donde vivo, una puesta de sol igual en belleza a las que con frecuencia vivía en las playas de Achacar en Tanger…termino de leer esta humana y sencilla crónica a un maestro y se me llena la mente de decenas de fotos con caras de Maestros del periodismo…Mendez Cruz Bertolo la Soriano Buenaventura del Pozo…etc,etc y Tu,y sí, fue esa, época de maestros que quizás como tu indicabas hace unos días, ya no interesa a nadie pero todavía son muchos los que gustan de saber de ella y de aquellos periodistas anónimos, periodistas a secas periodistas profesionales, periodistas maestros. Gracias maestro Juristo por tus crónicas de cultura para este tiempo y tus crónicas de aquellas noches en rojo y negro de aquel madridmonarquico-republicano

    Sin saberlo entonces, descubrí,no hace mucho que por aquellas noches paseaba también la sombra de CHAVEZ
    NOGALES.

    Como sigan muriendo delante de nosotros,aquellas plumas, pronto tendremos una magnifico libro de aquella época, de alta calidad humana y de alto nivel literario…los cuchillos de aquellos encuentros podrían ir ligeramente bañados en cianuro pero la mayoría de los de hoy solo llevan un baño…de estulticia y banalidad-visual

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