Lucimiento por turnos

AGOSTO_CEn agosto hay sitios donde es mejor no estar. En el condado de Osage, en Oklahoma, en el profundo sur de los Estados Unidos, el calor hace bullir los rencores de toda una vida cuando la familia protagonista se reúne a lamentar una muerte. Por cierto, como suele suceder en otras muchas. Definitivamente, lo que Dios y los genes han unido, y la vida ha conseguido separar, es mejor que ya no se junte más.

John Wells (The Company Men), bajo la sombra alargada de los hermanos Weinstein, se ha atrevido a llevar al cine el sólido drama familiar del dramaturgo Tracy Letts, Agosto, condado de Osage, avalado con el premio Pulitzer y 5 Tonys, que en España se pudo ver en el Teatre Nacional de Catalunya, bajo la batuta de Sergi Belbel, y en el Centro Dramático Nacional, en lo que fue la última obra con Gerardo Vera al frente, entre otros montajes.

No hace falta haber visto la obra de teatro para apreciar la intensa fuerza dramática del texto, parte de la cual consigue penetrar en casi todas las secuencias de la película para dejarnos la boca abierta, a pesar de su necesaria reducción temporal, casi a la mitad, por necesidades comerciales. Lo que sucede es que, a nuestro juicio, los tiempos dramáticos se han repartido desigualmente entre los personajes, y la película es una exhibición absoluta de la protagonista, Violete, interpretada por Meryl Streep, a la que tan sólo da réplica en algún momento el personaje que interpreta Julia Roberts, una de sus hijas.

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Digamos que parece que el guionista, que es el propio autor del texto, haya recibido “indicaciones” para intentar contentar los egos de las divas y los intereses de los Weinstein en su apuesta por el Oscar. De hecho son pocas las secuencias donde aparecen ambas juntas y se tiene la sensación de que el guión se ha escrito pensando en esta circunstancia, como dando la vez para el lucimiento. Hasta los actores (McGregor, Cooper, Shepard, Cumberbatch…), que en este caso parecen corifeos de las actrices, tienen su momento estelar, eso sí, cada uno el suyo.

A parte de esto, y de que creemos que Meryl Streep tiende, a medida que madura, hacia la exageración y el amaneramiento, la película, dirigida irregularmente por Wells pero de gran profundidad dramática basada en el texto, los personajes y las interpretaciones, como acabamos de apuntar, cuenta también con una cuidada fotografía de Adriano Goldman y una excelente banda sonora del argentino Gustavo Santaolalla (Amores Perros, Brokeback Mountain, Biutiful ...).

En definitiva, una excelente oportunidad para ver teatro llevado al cine, subgénero, si así se puede considerar, del que somos rendidos admiradores, especialmente de los dramas familiares de Williams, Albee o Miller, por centrarnos en los compatriotas de Letts, y de paso revisitar con cariño los demonios familiares que todos guardamos dentro, atravesados por siete puñales, temiendo que cualquier circunstancia les devuelva la vida y nos coman el alma sin anestesia.