Los achaques de la catedral de Santiago

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Imagen del pasado mes de enero en la que se ven pequeños trozos que se desprendieron de la bóveda del claustro, en el interior de la catedral de Santiago. / Efe

Viene de viejo, no es que se esté produciendo ahora a causa de los vendavales y los aguaceros que están trayendo a Galicia  las sucesivas ciclogénesis del invierno atlántico, pero lo cierto es que los visitantes de la catedral de Santiago advierten trozos de techumbre caídos sobre las losas del suelo, convenientemente cercados con cinta de plástico. ¿Se hunde la vieja catedral? Nada de eso. Menos alarmismo, que no están los cuerpos para sustos. Pero sí que requiere ayuda.

Contábamos hace tiempo, recién nacido cuartopoder.es, cómo se afanaban las autoridades en adecentar el pórtico de la Gloria, cerrado a los visitantes desde hace años. Con motivo de la visita del Papa, Juan Pablo II.

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Ya entonces, y muchos años antes, se conocían los achaques de la catedral, debidos en buena parte a las restauraciones del Barroco, con la firma del famoso Ventura Rodríguez, cuando colocaron el Obradoiro encima del pórtico de la Gloria. José María Cabrera, químico y experto en restauración de catedrales, cuenta a los lectores de cuartopoder.es que se trata de los típicos “problemas de conservación que presentan los edificios del siglo XVIII cuando se usaba mucho yeso –era la moda- como le pasa también a la catedral de Lugo y a muchas otras y ese material complica su conservación”.

Así que al binomio “juntas- goterones” hay que oponer la solución «juntas impermeables» que, gracias a los materiales sintéticos actuales, no es empresa hercúlea ni mucho menos. Aunque hace falta parné, cómo no. El canónigo de la catedral, Daniel Lorenzo, dice que si no se recauda un mínimo de tres millones y medio para la restauración de fachada y peineta, la casa de Santiago va a quedar a colores. Pues igual no queda tan mal. Al fin y al cabo, la discusión interminable de si hay que policromar la fachada como estaba en el original o dejarla sin colores deja abierto un sin fin de posibilidades.

Conocemos todo sobre esa fachada original, los nombres de los artistas, los materiales usados, la fabricación de los colores, cómo a Antonio López Ferrero, le prohibieron recuperar esa fachada policrómata”, dice Cabrera. Asegura que de llevarla a cabo todo el mundo quedaría boquiabierto de la sorpresa y no siempre iba a ser una sorpresa favorable, precisamente. Pero, a lo que vamos.

Los vientos y las lluvias constantes sobre Galicia obligaron a cubrir con un plástico azul la cúpula de la capilla del Pilar porque ya no había cubos para tanta gotera. Ahora, la que está sembrada de palanganas es la del Cristo de Burgos y de las paredes de la nave central crecen líquenes y otras verduras propias de la enorme humedad que sufre el edificio, debido a la manta de hormigón que le recorre de lado a lado, por una consolidación que se hizo en el siglo XX y que impide respirar a la piedra.

Hace falta dinero y hay una campaña en marcha para recaudarlo. Es curioso que los primeros benefactores hayan sido dos empresas extranjeras (¿dónde se esconden los dueños de Zara, Adolfo Domínguez, Purificación García y tantos magnates de la moda gallega?) y que la campaña de crowdfunding sólo haya reunido 200.000 eurillos que no dan ni para parches. A lo mejor se anima ahora la gente; que conste que esas ayudas desgravan.