Julio Cortázar, nacimiento, muerte, resurrección

Una de las fotografías que ilustran el libro 'Cortazar, de la A a la Z'. / Fundación Cortazar
Una de las fotografías que ilustran el libro 'Cortazar, de la A a la Z'. / Fundación Cortazar

Este 12 de febrero se han cumplido 30 años de la muerte de Julio Cortázar y el 26 de agosto celebraremos el centenario de su nacimiento. Dicho así podría argüirse que estamos ante el año Cortázar, pero por uno de esos oscuros designios, resulta que este año celebramos nada menos que el centenario de Octavio Paz, el de Bioy Casares y otro de un escritor que al no ser de ámbito hispano se nos ha ido a los periodistas al buen tuntún del limbo: William Borroughs, un escritor que renegó toda su vida de estar adscrito a la generación beat, pero tan importante como el de haber sido uno de los grandes renovadores de la literatura norteamericana, amén de ser uno de los responsables del cambio del imaginario de su país, aunque bien es cierto que hoy día, signo del conservadurismo que nos invade, se le recuerde por ser el inventor de palabras como heavy metal o Blade Runner.

El pasado día 12, en la sede de Casa de América, y bajo el título de Viaje a través de Cortázar, la editorial Alfaguara, conjuntamente con la institución donde el acto ha tenido lugar, ofrecieron una dramatización de textos del escritor argentino a cargo de Fele Martínez y Clara Sanchís, acompañados por un bandoneón y un piano y recitaron trozos de Historias de cronopios y de famas, Rayuela y Papeles inesperados, en un espectáculo que dirigió Natalia Menéndez. Con este acto se dio el pistoletazo de salida oficial de una serie de ellos que culminarán en verano y en otoño cuando en la Feria del Libro de Guadalajara, en Jalisco, se unan los conjuntos organizados por Argentina, país invitado a la Feria, por la parte de su escritor, y por México, país anfitrión, con los diversos homenajes a Octavio Paz.

Publicidad

cortazar_libroMientras tanto los eventos se suceden y así tuvimos hace unos días la intervención brillante de Juan Villoro en el Instituto Cervantes de Madrid, que dio una charla sobre Paz, amén de diversos libros que está preparando Fondo de Cultura Económica. Respecto a Cortázar, que es el que nos ocupa, Alfaguara acaba de editar coincidiendo con el recital de textos suyos dramatizados, Cortázar. De la A a la Zeta, un impresionante libro de fotografías y material gráfico que ofrece un repaso exhaustivo, mediante el recurso de ofrecer las entradas de los textos en orden alfabético, de la vida del escritor. En realidad el recurso no tiene nada de nuevo y eso es lo que le otorga esa sensación de novedad.

Porque tiene gracia que en plena época digital una editorial se descuelgue con un material gráfico tan increíble que parece tener vocación de restar como objeto de coleccionista. La edición ha estado a cargo de su viuda Aurora Bernárdez y de Carles Garriga, que enlaza a la perfección el material gráfico con los textos cortazarianos. Carles Garriga, que es uno de los grandes especialistas en Cortázar, justifica el libro como el mejor recurso que tenían en la lucha contra el tiempo ya que quería ofrecer una biografía del escritor, y si se tiene en cuenta que para llevar a buen puerto el proyecto se necesitarían unos cinco años, se pensó que lo mejor sería ofrecer una iconografía del escritor.

El resultado no decepciona ya que nos topamos con uno de esos libros que antes se hacían raramente pero que hoy día se desechan en aras de la digitalización. Una rareza, pues, lo que no es poco. Pero si ahondamos nos damos cuenta de la importancia del libro. Fotos, claro, libros, se recogen todas las cubiertas de las primeras ediciones, textos inéditos, como entrevistas, poemas, novelas, cartas... un abanico gráfico donde el lector es capaz de abarcar, por orden alfabético, la totalidad de la vida del escritor. En el epígrafe, Poetas chinos, nos topamos con un poema escrito por Cortázar en la servilleta de un bar, que es material literario y artístico, a Picasso le daba por lo mismo, muy usado en los sesenta, mientras que unas páginas antes, en Gabo, nos topamos con tres fotos donde los escritores están en actitud cómica, y que habla bien a las claras de la admiración de Cortázar por Cien años de soledad, novela que leyó por primera vez en manuscrito en un bar parisino donde llegó a comer varios días, cinco, dicen, para no perder tiempo cocinando mientras la devoraba. Pasión caníbal por la literatura.

Aparece la partida de nacimiento del escritor, una foto con la medalla de bautismo, una carta a Alejandra Pizarnik donde incluye, gesto romántico, un par de cabellos suyos, dibujos varios, una foto del carnet que utilizaba para entrar en el Centro Pompidou...

Un libro, pues, que bien pude equipararse a esos Álbumes La Pléiade, que a muchos nos han conformado la idea de lo que debe ser un libro de material gráfico sobre un escritor. El que lo haya llevado a cabo un estudioso como Carlos Álvarez Garriga da idea de que el proyecto se hizo con todas las garantías para que fuera excelente.

El último epígrafe, el que cierra el libro, se titula Zzz, muy cortazariano, pues, ya que el escritor era persona proclive a soñar mucho. Cuando estaba en el hospital, a punto de morir, anotó que quería bajar a la ciudad, una ciudad que sólo visitaba en sueños.

Valga esta anécdota para dar cuenta, a través de un libro, de un relato de nacimiento, muerte y resurrección. Lo que estamos llevando a cabo este año.