Arqueología de la memoria en el paisaje

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Detalle de una de las maquetas expuestas en la muestra 'Arquitectura de la memoria'. / Captura de vídeo de CervantesTV

Desde el último día de enero y hasta mediados de mayo permanecerá en la sala Picasso del Círculo de Bellas Artes de Madrid una exposición sobre los cambios que España ha experimentado en las ciudades y en el paisaje rural, desde el año de entrada en la Unión Europa hasta nuestros días. Arqueología de la memoria reciente. Construcción de la ciudad y el territorio en España. 1986-2012.

Con el descoloque que llevamos los urbanitas y los elementos montaraces -como servidora-, propiciado por el uso compulsivo de los teléfonos inteligentes y las navegaciones interminables por la red, resulta estimulante darse una vuelta por esta exposición, en la que maquetas aparentemente desprovistas de emoción muestran cómo la piel del paisaje español ha ido evolucionando en estos años de desarrollo tecnológico y de crecimiento de las ciudades, que han sido los años de incorporación al pulso vital del resto de los europeos de la Unión.

Es, además, una visita de silencio, casi meditativa, en la que reflexionar sobre lo que ha merecido la pena y lo que, quizás, hubiera podido evitarse de haber sido, la sociedad española de esos años, una sociedad mejor informada y más avisada de los errores o los abusos. Más capaz de combatirlos.

No se trata –adelanto- de una demostración de los desastres del ladrillo. Sí se trata de un ensayo de sensibilización del espectador sobre lo ocurrido en el suelo que pisamos y que contemplamos desde el tren, por ejemplo. Una toma de conciencia.

La muestra es el resultado del trabajo del Grupo de Investigación Paisaje Cultural de la Universidad Politécnica de Madrid, que ha querido saber cuál ha sido el impacto de la entrada de España en la organización europea. También se quiere demostrar, con datos no opinables, los logros plausibles frente a la generalización exagerada y mediática de las estupideces y barbaridades que se han cometido en los últimos años que precedieron al reventón de la burbuja inmobiliaria, los aeropuertos sin aviones, las estaciones sin trenes, los centros culturales sin actividad ni gente. En fin.

Comisariada por el arquitecto Juan Miguel Hernández León, la exposición ilustra el asombroso cambio experimentado por los paisajes urbanos conocidos de hace casi treinta años en comparación con lo que hoy vemos; no sólo cuantitativamente sino –como afirma el arquitecto y actual presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid- también cualitativamente.

No se trata, pues, de una exposición de arquitectura al uso, sino de una invitación a la arqueología –como lo entendía Michel Foucault- un método historiográfico de conocimiento de los fenómenos que sean, que no se atiene a una cronología lineal, sino que los toma globalmente.  Un modo de entender que los objetivos fundamentales de la arquitectura son las ciudades, apuntan a hacer vivible la ciudad.

Cuando los rasgos de los caminos y las calles que hemos pisado durante años se vuelven desconocidos, al regresar a ellos después de un tiempo de ausencia, se produce una sensación de extrañamiento y de pérdida que solamente una intervención luminosa puede aliviar.

Vídeo del Instituto Cervantes sobre la exposición 'Arqueología de la memoria'.

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