Un revolucionario de la guitarra flamenca

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Paco de Lucía, durante una actuación en La Habana, el 2 de octubre del año pasado. / Alejandro Ernesto (Efe)

Hoy es un día aciago. Fuentes del entorno del músico y el Ayuntamiento de Algeciras han confirmado la muerte de Paco de Lucía en Cancún, México. Tenía 66 años y ha fallecido de un infarrto. Paco de Lucía tenía en esa localidad playera una casa y se encontraba en compañía de sus hijos y nietos cuando comenzó a sentirse mal y fue al hospital, donde no pudieron hacer nada por su vida. La información la dio un amigo suyo, Victoriano Mera.

A mí se me ocurre poco que decir por dos motivos. Desde luego porque la noticia nos ha pillado a todos poco preparados, no sé la razón que nos movía a pensar que Paco era eterno, y, desde luego, porque cuanto mayor es la talla de la persona menos tiene uno que decir. Falta la distancia suficiente, claro, ante el inmenso talento de Paco de Lucía le falta a uno la distancia para poder juzgarle según supuestos patrones de objetividad crítica.

Cuando, además, el personaje es cercano, la sorpresa da lugar al estupor y las palabras se adelgazan sin poder llegar a decir nada. Casi me sucede con Jimi Hendrix, pero a pesar de todo, el negro de sangre cherokee era personaje extraño al comportamiento de uno. No Paco de Lucía, a quien te podías encontrar en algún chiringuito y tomarte un fino sin que nada ni nadie desentonase. Pasaba lo mismo con su mítico tándem durante tantos años, Camarón de la Isla, otro que nos dejó el estupor en la cara a su muerte.

Paco de Lucía tiene una importancia capital en la música española del siglo. Por varias razones. Desde luego porque era un guitarrista sin par, un revolucionario de la guitarra que aprendió de su maestro Sabicas que este instrumento tenía que ser algo más que un mero acompañamiento, pero también porque era, al igual que Camarón, pura esencia del flamenco, y, al igual que Camarón, sabía tanto de esa esencia que era capaz de prescindir de ella. Puede parecer una herejía pero Paco de Lucía era tan grande que el flamenco, que es un océano, se le quedaba corto. Le sucede a los genios. Crean y destruyen con toda facilidad.

No de otra manera cabe entender la obsesión por la fusión de estilos que Paco de Lucía practicó en sus últimos años. No podía ser de otra forma. Le podía la curiosidad y por mucho que en el flamenco haya de profundidades abismales, el cambo de aires, la música es eso, era esencial para su desarrollo.

Francisco Sánchez Gómez , hijo de dos míticos del flamenco, Antonio y Lucía, comenzó su carrera a los doce años con el solo objetivo de cumplir con su maestro Sabicas y, por supuesto, con Niño Ricardo, que es el precedente de ambos. Sabicas contribuyó como nadie a cambiar la identidad de la guitarra misma y fue el inventor de la continuidad de la melodía de la guitarra flamenca desde el principio al fin, sin acompañamientos ni falsetas, que es a lo que se había visto reducido el guitarrista, un mero acompañante. De ahí que muchos estudiosos piensen que Sabicas es el genio innovador y que Paco de Lucía, como si fuera el San Pablo del flamenco, fue aquel que internacionalizó ese modo de tocar la guitarra clásica del flamenco, abriéndola a otras tradiciones musicales. Esos mismos estudiosos afirman lo mismo del legado de Camarón y no voy a ser yo quien les de la razón o se las quite porque, en realidad, da igual. Quien haya escuchado Entre dos aguas, La Barrosa, Homenaje al Niño Ricardo, Guajiras de Lucía o Río Ancho, sabe lo que digo.

Por ejemplo, ¿qué decir del uso del cajón, que es instrumenro afroperuano y que Paco de Lucía descubrió en los 70? Paco de Lucía se lo oyó tocar a Caitro, Carlos Soto de la Colina, y pensó, con tino de talento, que era el instrumento idóneo para forzar la percusión en el flamenco. Esa idea ha cuajado de tal manera que ahora el flamenco no se entiende sin el cajón.

Podríamos escribir ríos de palabras sobre el arte de Paco de Lucía, aunque creo que el mejor homenaje que podemos hacerle es escucharle an alguno de sus innumerables discos que nos ha dejado grabados, con o si Camarón. Desde luego aquellos diez discos que grabaron entre el 68 y el 77 son ya míticos, por decir poca cosa.

A partir de aquelos discos Paco de Lucía se convierte en el músico que posee un destino, el de la expansión del flamenco que es música que lejos ya de estar encerrada en su mismidad, se abre al mundo. Paco homenajeó a Falla, al maestro Rodrigo, inolvidable su versión de El concierto de Aranjuez, pero luego se fue a los grandes músicos de su generación, con el jazz, con John Mc Laughlin , con Al di Meola, y también a la bossa nova, a la música hindú, a la salsa, a la música árabe, de tal manera que enlazaba con guitarristas como Tomatito o Vicente Amigo a la vez que en con músicos como Steve Vai, un tremendo heavy metal que se quedó mudo, lo que en un músico de ese género es mucho decir, cuando le oyó tocar en el Festival Leyendas de la Guitarra, que se celebró en Sevilla en el 91.

Había sacado otro disco, Cositas buenas, y estaba en lo mejor d e su gloria, asentado, feliz, con mil proyectos pero pocas inquietudes con el oficio. Le vino el infarto. Paco es ya leyenda.

1 Comment
  1. Patronio says

    Yo a Paco le he considerado siempre como un virtuoso irrepetible de la guitarra, no solo flamenca, adaptado e incluso adelantado a los tiempos,pero nunca como un revolucionario. Su estilo entra dentro de la ortodoxia.

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