Operación Palace: la profanación de un tótem o reírse de uno mismo

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El periodista Jordi Évole en una imagen de archivo. / Efe
El periodista Jordi Évole en una imagen de archivo. / Efe

Si por algo se puede considerar madura y sana a una sociedad o a una democracia es por la capacidad de reírse de sí misma. Cuanto más sólidas son las instituciones de un país mejor aguantan el sarcasmo y nadie se rasga las vestiduras por la sátira, la bufa o la ironía, aunque afecte al mismísimo sursuncorda.

En España, que tenemos una tradición judeocristiana muy arraigada, la culpa está casi en nuestro ADN y nuestros egos soportan mal saltarse ciertas normas y costumbres. Aún así, la realidad se va imponiendo inexorablemente a la moral y ya no nos quedan santos a los que encomendarnos, pues hasta hemos tenido que ver a una Infanta sentada en el banquillo para recibir justicia.

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En estas estamos cuando un tipo listo, sagaz y provocador, que ha demostrado sobradamente ser el último baluarte del periodismo televisivo de reportaje, se ha inventado un falso documental sobre el golpe de Estado del 23-F que ha dejado al país con el pie cambiado.

Nosotros, que lo hemos visto conociendo su falsedad, no hemos parado de reírnos, que es lo que hay que hacer con estas cosas. Y no sólo del propio contenido del documental, que es de una agudeza sobresaliente, sino de los incautos que se han podido creer, siquiera unos minutos, semejante embuste, y cuya soberbia, seguramente, les ha impedido reírse de sí mismos y les ha llevado a arremeter contra el periodista, a quien le han llovido las críticas, sobre todo desde el sector de la prensa, que generalmente, y perdonen la expresión, se la suele coger con papel de fumar, con argumentos tales como saltarse los géneros periodísticos, frivolizar sobre hecho tan importante, perder credibilidad, etc.

Estamos casi seguros de que buena parte de los cainitas -metáfora judeocristiana, por cierto- que arremeten contra él ni siquiera habrán visto el documental. En España, además de culpa, tenemos mucha envidia, y Operación Palace, que así se llama el falso documental, ha marcado récords de audiencia en La Sexta, con cifras elevadísimas, casi de cuando había sólo una televisión: 5,2 millones de espectadores y un 23,9% de cuota de pantalla.

El documental en sí mismo es extraordinario, una ficción ingeniosa y divertidísima. Los guionistas que lo firman, Ramón Lara, David Picó y Juanlu de Paolis, han pergeñado una trama coherente, llena de ideas geniales y argumentos ocurrentes, apoyada en recortes de prensa, recursos audiovisuales, primerísimos planos… y por supuesto en testimonios de testigos de los hechos y referentes sociales de la época: Inaki Gabilondo (Director de Informativos de TVE), Luis María Ansón (Director de la Agencia EFE), Antonio Miguel Albajera (Subdirector de Operaciones del CESID), Fernando Ónega (“autor” del discurso del Rey), catedráticos de Historia y políticos y diputados como Felipe Alcaraz, Jorge Vestrynge, Iñaki Anasagasti, Federico Mayor Zaragoza, etc.

El argumento central es que el golpe de Estado fue en realidad falso y lo ideó un grupo de dirigentes políticos para asegurar la democracia y consolidar la figura del Rey, encargándole la grabación de las imágenes a José Luis Garci, a quien la CIA agradeció sus servicios premiando dos años después con un Oscar su película Volver a empezar. Entre otros acontecimientos, los ideólogos incluso hubieron de provocar la dimisión de Suárez para que el Congreso estuviera lleno de políticos en la toma de posesión de Calvo-Sotelo y resultase creíble un golpe de Estado en el que el único que no sabía que no era un golpe era el propio golpista.

Nosotros felicitamos a Jordi Évole y a la productora El Terrat por su valentía, y a todas las personas que se han prestado a dar su testimonio por demostrar su madurez, su sentido de la historia, su humor y su valía. Los que vengan ladrando por haber sentido que se profanaba un tótem, siempre serán los mismos, y en el fondo, lo que les mueve es el miedo.

Nosotros estamos seguros de que Évole volverá a poner contra las cuerdas a cualquier político, empresario o gestor en sus próximos programas de Salvados y no creemos necesario justificar su emisión relatando famosos antecedentes (La guerra de los mundos, Operación luna, Bye Bye Belgium...) o explicando que no se puede acceder al sumario del 23-F hasta que pasen 25 años desde que se muera el último encausado o 50 desde que sucedieron los hechos. La única razón verdadera es poder hacer con libertad, respeto y profesionalidad en nuestro país ficción cómica de un hecho histórico trascendental, independientemente de que sobre él aún se proyecten sombras o no. Como dice Joaquín Leguina en el documental, citando a Vargas Llosa, es “la verdad de las mentiras”.

Nosotros les damos un consejo muy sensato. Si aún no han visto Operación Palace, veanlo en este enlace y luego opinen por ustedes mismos, no se dejen influir. Ahora que vienen las Fallas es un buen momento para reírse, sobre todo de uno mismo.

Resumen del programa 'Operación Palace'.
5 Comments
  1. kingspinch says

    La verdad, poco que añadir a esta brillante reseña del señor Serrano. Las voces críticas que han alzado el puño de la indignación sobre este falso documental son de varios tipos: o son los que picaron hasta las trancas («inocentéés-inocentéés), o son los que ocultan envidia profesional («por qué no se me ocurrió a mí»), o son un poco amargados («la ficción histórica no existe, no debe existir»), o son los que se tragan sin miramientos otras manipulaciones mediáticas no reconocidas (los feligreses de los “debates” de Intereconomía, por ejemplo).

    El tener los «suspensorios» de hacer este experimento, que no deja de tener su retranca cómica si nos paramos a pensar, significa por parte de Évole un cumplido a la inteligencia del espectador, no tratándonos como borreguitos de sofá. Fue valiente y me reafirmo en que le salió bien la jugada, incluso a costa de cribar cierta parte de su anterior audiencia fiel quizás, entre los que se sintieron “traicionados” en la diana de su su credibilidad.

    Como decía el propio periodista “tampoco hay para tanto”. Y es cierto, resulta paradójico que se sobreactúen reacciones como ante este inocente juguete audiovisual, y sin embargo se infra-actúen reacciones frente a lo que están haciendo los políticos con nosotros: “Talar árboles como medida para evitar incendios en el bosque”.

    Ole, señor Évole. Continuaremos siguiendo su trabajo y el de su equipo. Enhorabuena.

  2. Javier Pina says

    ¿Hay sexadores de pollos en el Congreso?. Mucha audiencia pero poca chicha, como entretenimiento vale. Pero ya Wells organizó una parda y Kubrick con el viaje a la Luna. Evole no es ni de lejos Wells ni Kubrick. Talegon parece la más afectada por el fake.

  3. La verdad no está ni se la espera says

    ¿Y esto es el único a lo que podemos aspirar los ciudadanos sobre el 23-F en la TV? El humor me parece absolutamente necesario para la vida. Pero la verdad también, especialmente en un medio de difusión masivo. Y en la tele la verdad sobre el 23-F no ha salido en todos estos 33 años. Evole vive bien, no ataca al poder, y así hace sus gracietas, cobra bastante y aumenta su fama. A lo mejor, cuando se cumplan los 75 años del golpe nos ponen algo de la verdad de lo que pasó esa tarde y noche y de los preparativos. No hay como tener colegas que te caen bien para perdonarles lo que haga falta, aunque eso incluya no decir la verdad en un medio en el que se supone que una de sus principales funciones es esa: informar a la ciudadanía. Pero parece que no decir la verdad a los ciudadanos y sustituir eso por un programete hecho con medios astronómicos (políticos, periodistas-vacas-sagradas, etc, etc) es a lo que podemos aspirar los súbditos de esta monarquía bananera. Después de reir con este pavo veremos de nuevo a nuestra selección de furbo. Y así for ever.

  4. generico says

    A mí el programa no me gustó, me pareció una broma de mal gusto. No es cuestión de estar preparados o no como dice Évole, sino de reírse de un episodio que para los españoles fue un ejemplo de nuestra consolidación democrática y de nuestro compromiso y el de nuestras instituciones y de nuestros políticos con la democracia.

    Un ejemplo de ello es cuando se finge que cuando todos los parlamentarios se echaron al suelo era una interpretación teatral ensayada con Garci. Políticos que se jugaron el pellejo y se echaron al suelo por temor a perder la vida y Jordi Évole se ríe de ello. Decir que Carrillo fue un díscolo y que por eso no se tiró al suelo me parece burlarse y minusvalorar la entereza y valentía que tuvo el líder de la izquierda en ese momento.

    De todos los que aparecen en el documental ninguno me genera grandes simpatías y no me extraña que hayan entrado en el juego de Évole (J Leguina, Mayor Zaragoza, etc) el único que me extrañó mucho fue el caso de Fernando Onega, al que considero una persona muy cabal y al que escucho muy a menudo en Ondacero.

    Lo bueno de este país es que si no quiero ver el programa pues cambio de programa y ya está y lo que está claro es de de J Évole no veré ningún programa más (aunque nunca he sido un seguidor suyo)

    Perdón por la extensión y un saludo

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