Casa del Lector inaugura la primera exposición virtual en España

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Imagen de Franz Kafka que se incluye en la exposición. / casalectorfundacion
Imagen de Franz Kafka que se incluye en la exposición. / casalectorfundacion

Desde que abriera sus puertas en la sede de Matadero, la Casa del Lector tuvo como objetivo mostrar los tesoros de importantes archivos extranjeros, dentro de un proyecto llamado Biblioteca: historia geográfica de una idea. A la vez, eso no obstaba para que el libro se representara en todos los formatos posibles, incluso los más convencionales. Pero, por ahora, la Casa del Lector ha acogido muestras que como la de la Villa de los Papiros, una de las mejores exposiciones que hubo en Madrid en 2013, o la que celebró los cincuenta años de la creación de Círculo de Lectores han sabido combinar esos formatos convencionales con los más avanzados tecnológicamente, todo ello con la intención, según su director, César Antonio Molina, de “ver como todos estos archivos se están adaptando a la revolución tecnológica en curso”.

Ahora la sede acoge una muestra, hasta el 21 de septiembre, de la que bien puede decirse es la primera exposición completamente virtual en España. La exposición, interactiva, bilingüe, en inglés y español, se titula, La Biblioteca Nacional de Israel, depósito de memoria, y reúne cientos de documentos digitalizados con un protagonista principal, el pueblo judío, y la aportación y ramificaciones que este pueblo ha tenido en la evolución de la cultura.

Para ello el visitante accede a una sala donde, mediante una serie de códigos QR situados en unas mesas, puede meterse desde su móvil o en unos I Pad que facilita la propia Casa del Lector, en un mundo virtual donde “él decide cuando y donde empieza y acaba, el tiempo que le quiere dedicar y los distintos niveles que quiere explorar” según dijo Oren Weinberg, Director de la Biblioteca Nacional de Israel, en la inauguración y que Mika Levy Rubian, comisaria de la muestra y responsable de Humanidades de la Biblioteca, corroboró con “podrá escoger el visitante el pasillo en que se quiere meter y las salas en las que quiere entrar”.

Uno, que es bastante ignorante, tuvo cierta sensación mágica, todo eso de “Ábrete Sésamo”, cuando pudo acceder a varios contenidos de la Biblioteca que son excepcionalmente interesantes y que, por razones obvias, y no sólo económicas, que también, es prácticamente imposible verlas sino es trasladándose a Israel. Los pasillos, como en jerga actual utilizaron los responsables de la muestra, es decir, los diferentes apartados en que se divide la misma, son fascinantes, por lo menos algunos de ellos porque se ha querido dar una idea de la relación entre la cultura judía y la occidental y no referirse sólo a la judía, que hubiera interesado menos.

Por ejemplo, los escritos teológicos de Isaac Newton, dentro del documental Isaac Newton rechaza la Trinidad, que curiosamente son propiedad de la Biblioteca Nacional de Israel, en una puja de los mismos una parte se la adjudicó John Maynard Keynes y otra el profesor A.S. Yahuda, la de Keynes fue a Cambridge, no podía ser de otra manera, y la de Yahuda terminó formando parte de la futura Biblioteca Nacional de Israel, como no podía ser de otro modo, donde contemplamos una curiosidad algo inquietante: los escritos apocalípticos de sir Isaac donde, mediante complicados cálculos, era un apasionado curioso de las ciencias ocultas, vaticina que el fin del mundo tendrá lugar en 2060. La excelencia reputada del científico y la crisis de todo tipo que asola el mundo hace que la cifra adquiera una inquietante presencia que otras profecías, incluida la de los mayas, no alcanzan a soñar.

Podemos contemplar multitud de mapas de Israel y de Tierra Santa, de Jerusalén, y de los que la Biblioteca Nacional de Israel posee la mayor colección del mundo, mapas trazados con la impronta teológica de aquellos que los diseñaron: judías, católicas, protestantes, ortodoxas... También los avatares acaecidos por un rollo de la Torá que salió de España en el siglo XIV y que estuvo oculto en una sinagoga 400 años, las andanzas de la familia Basch, deportados a Auschwittz, y de los que sólo sobrevivió uno de sus ocho componentes, el manuscrito original del comentario sobre la Mishná, texto canónico de la Ley Judía, realzado por el médico cordobés Maimónides o una interesante colección de textos islámicos, como un Corán andalusí del siglo XII o un poema persa que relata las aventuras de Alejandro Magno.

Pero uno se sintió especialmente emocionado ante el texto redactado, se puede ver por primera vez, por el comisario jefe de la jefatura de Policía de Figueres. Es una carta fechada el 30 de octubre de 1940 donde este comisario jefe relata las que fueron las últimas horas en que Walter Benjamin estuvo vivo: “Por lo que puede usted ver del certificado médico, no se trata de suicidio sino de muerte natural”, a lo que añade un repertorio de sus pertenencias, una pipa, seis fotos, un reloj, una cartera, unas gafas, cartas, un dinero equivalente a 273 pesetas y ni una sola mención a la existencia de manuscritos, lo que hace a esta misiva importante, preciosa respecto a las conjeturas sobre el paradero de algunos escritos que el filósofo llevó consigo hasta la frontera.

Parte del legado de Franz Kafka, de la que es depositaria la Biblioteca Nacional o de Stefan Zweig, como la carta enviada desde Londres en 1933 en la que habla del irrespirable ambiente antisemita de Salzburgo, y que le hace temer perder sus pertenencias, su biblioteca y tener que llevar una vida de exilio, estamos ya al final del recorrido, es la lógica coda a una visita que debe verse en cierto orden cronológico. La exposición es interesante por lo que tiene de única y por la senda que abre, aunque convendría que las muestras aportasen elementos físicos que es lo que hace de ella algo único, específico, como los papiros carbonizados en la exposición sobre la Villa de los Papiros, la biblioteca de la ciudad de Herculano. De otra manera se corre el riesgo de que los asistentes, una vez pasada la lógica curiosidad, abandonen la idea de trasladarse a un lugar, que es una de las motivaciones de las exposiciones, y prefieran verlo en su domicilio. No habría que levantar la Caja de Pandora.

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