El Museo Arqueológico Nacional se reinventa

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El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, a su llegada al Museo Arqueológico Nacional, el pasado día 27, para presentar su remodelación integral. / Sergio Barrenechea (Efe)

Mañana, 1 de abril, abrirá sus puertas el nuevo y flamante Museo Arqueológico Nacional, con nuevas siglas, MAN, que suponemos no será motivo de ironías con respecto a su significado en inglés. Previamente, el martes 25, el Ministro de Educación, Cultura y Deporte José Ignacio Wert, presentó la remodelación habida en el Museo durante seis años años y que ha supuesto no sólo un renovación total del aspecto anterior sino un nuevo concepto del mismo.

Las obras ha durado seis años, pero sólo en los dos últimos se cerraron al público, lo que habla a favor del respeto habido para que los visitantes de la institución pudieran disfrutar de uno de los patrimonios arqueológicos más importantes de Europa. Con esta remodelación, además, se quiere ampliar el eje Prado Recoletos como una vía cultural única en el continente, eso que se llama la milla de oro de los Museos, e intentando que los turistas que se sienten atraídos por el eje del Arte lo hagan también con nuestro patrimonio arqueológico.

Es de suponer que esto es lo que ha movido a los responsables a la hora de renovar el Museo, una remodelación que se ha hecho sin problema alguno, volviéndolo del revés muchas veces, ya que según su director, Andrés Carretero, se ha querido dotar al Museo de unas características que le hagan asequible a todos, y no sólo a las personas cultas y a los especialistas, que parecía ser el destino de este lugar desde hace muchos años. El museo recibía una media de 200.000 visitantes por año y Carretero estima que se duplicará ese número en los próximos cuatro años.

La labor ha sido ardua en cierto sentido pues según su director, “ no hay planos técnicos ni arquitectónicos, ni en muchos casos información fidedigna de los cambios que experimentó el Museo durante el siglo XX, por lo que en cierta manera la remodelación se ha hecho bajo una especie de ensayo de prueba error”. Así, por primera vez el Museo contará con una cafetería y el espacio dedicado al público será el de un 90% del museo, lo que es significativo.

Se ha optado, por tanto, por hacer un museo donde la imagen prive sobre lo expuesto muchas veces, sobre todo en los periodos donde no existe mucha información al respecto, como en la época neolítica. De esta manera lo que antes se exponía bajo nombres que para los responsables no se dirigían a un público mayoritario ha sido cambiado por grandes paneles donde prima lo audiovisual y los grandes carteles explicativos.

Más conceptos adecuados a los tiempos: en todas las salas se han instalado estaciones táctiles, diseñadas para invidentes, y dispositivos que amplían el sonido para personas con escasa capacidad auditiva. Todo esto hecho posible con el apoyo de la Fundación Orange, así como de la ONCE y de CNSE, por la que todas las salas serán accesibles con sillas de ruedas.

La superficie ha aumentado considerablemente, pasando de 19.000 metros cuadrados a 23.000, un 13% más, aumentando los espacios de uso público un 44% , y todo ello con un presupuesto recortado en tres millones de euros que Carretero intenta suplir con el patrocinio privado. Por tanto, de los 7.000 metros cuadrados de superficie de exposición, se ha pasado a 10.000, donde serán vistos más de 13.000 objetos arqueológicos, artísticos e históricos.

Sin embargo los responsables recalcan lo de los efectos audiovisuales y la explicación didáctica que los paneles ofrecerán de los distintos periodos: cada capítulo está prologado por un vídeo realizado por El Ranchito, que es la productora de películas como Lo imposible, con ilustraciones de La Sopa Boba, ofreciendo al visitante notas explicativas justas pero breves, para que puedan contemplar a su gusto las piezas expuestas. Habrá una estación tiflológica, es decir, un mostrador de objetos copiados de las piezas que se exponen para que los ciegos puedan tengan un acceso completo a todos ellos.

Así, desde la prehistoria, abajo, al primer piso donde se encuentran la Dama de Elche, la de Baza, la Galera y la del Cerro de los Santos, arte ibero que da paso a los celtas, con los verracos y las estelas, y, luego, el arte púnico, con una Dama de Ibiza espléndida, que es una Astarté pero parece extrañamente actual, como si Brancusi o Picasso nos hubieran dejado una escultura en el lugar. Y de aquí a Roma, donde nos acogen los bustos de Livia y Tiberio en la reproducción de un mercado de la época, un foro, y, un poco más allá, los mosaicos maravillosos de las villas y su decoración interior.

Los visigodos y el Islam, más allá, donde han colocado una maqueta espléndida, colgada, de la Mezquita de Córdoba, junto a jarrones nazaríes y el Bote de Zamora; también la Cúpula de los Cárdenas donde Isabel y Fernando firmaron las capitulaciones, un báculo del Papa Luna, luego, el Imperio, América para acabar en el siglo XIX, con el advenimiento de la burguesía.

Una puesta a punto de un museo que conocí en plena desidia: todavía recuerdo a aquel bedel, eran los años sesenta, que abrió la tapa de un órgano pequeño, renacentista, donde había guardado los periódicos que leía. Luego regresé varias veces y asistí a la modernización de la parte dedicada a los mamuts y al Madrid de los restos prehistóricos, tan importantes. Luego, la reproducción de las Cuevas de Altamira, en los jardines...

En suma, un Museo hecho ya para la España del siglo XXI, con sus imposiciones y cánones, lo que resta cierta degustación a salas antiguas con aquellas vitrinas donde se exponía todo de manera correlativa, con una mirada de bric a brac que tenía cierto encanto. Muchos dicen que eso huele ya a naftalina y quizá tengan razón.

Por lo pronto de todo aquello no queda ni rastro. Todo luce resplandeciente.

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