Una combinación única: Magnum y el cine

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El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, comenta una de las fotos de la exposición 'La cámara indiscreta. Tesoros cinematográficos de Magnum Photos', el pasado día 1. / Efe

En la Sala Canal de Isabel II se acaba de inaugurar La cámara indiscreta, una muestra de 116 fotos realizadas por 17 fotógrafos de la Agencia Magnum teniendo como tema el rodaje de 12 películas que han pasado a la historia del cine, Candilejas, La tentación vive arriba, El planeta de los simios... La muestra, patrocinada por la Comunidad de Madrid, estará abierta hasta el 17 de julio. La exposición se acompaña de un catálogo cuyo prólogo ha sido realizado por Carlos Saura, cineasta y gran aficionado a la fotografía y un texto de Lorenzo Silva, Premio Planeta y creador de personajes como los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, por los que ha adquirido cierto renombre. El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en la inauguración de la muestra, volvió a pedir la reducción del IVA cultural, lo hace cada vez que tiene ocasión, al modo de una letanía, afirmando luego que la Agencia Magnum hizo fotoperiodismo y que esta especialidad es un arte y que esta exposición, por tanto, por dedicarse a la fotografía y el cine, es un homenaje a la cultura.

Y hay que entender esta muestra también como el destino que Magnum tuvo desde sus inicios, que no fue sólo las fotos de las corresponsalías de guerra, haciendo honor así a uno de sus fundadores, Robert Capa, que además de realizar las legendarias fotos de la guerra de España, la de la II Guerra Mundial hasta llegar a la de Vietnam, donde perdió la vida, realizó instantáneas de películas por doquier, ya que era amigo de John Huston y Billy Wilder, fotografió a Ingrid Bergman en el rodaje de Encadenados, de Alfred Hitchcock, y también de Gary Cooper, de Joseph Mankiewicz. No en vano la agencia se llamó Magnum por el tamaño de las botellas de champán que le gustaba trasegar a Capa.

En realidad el cine y la fotografía son distintos momentos de la historia de la imagen que nacieron para fascinarse mutuamente, y Magnum aprovechó esa ocasión, y desde luego los directores y actores de cine vieron en esas incursiones de fotógrafos un medio muy lícito y hasta glamuroso de publicidad. Hasta que llegó la desconfianza por mor de una película, La dolce vita, de Federico Fellini, que puso de moda a los paparazzi. Aunque en realidad fue algo más que ponerles de moda: casi se inventó un nuevo oficio, de tal manera que de amantes entregados, la fotografía y el cine comenzaron a mirarse con desconfianza. De Magnum al escándalo. Pero esta es otra historia.

Volvamos a la muestra. Carlos Saura dice en el prólogo que la foto fija no siempre fue valorada, y aduce como ejemplo fotos que se exponen en Canal de Isabel II que en su momento no tuvieron el éxito que la posteridad les otorgó: Eugene Smith pillando de sorpresa a Charles Chaplin en Candilejas, por ejemplo, esa foto en que también aparece Buster Keaton. Ahora mítica.

Y cómo no: Elliott Erwitt, que estaba allí, en el momento justo en que el aire del respiradero del metro levanta la falda de aquel vestido blanco a Marilyn Monroe. Fue en el rodaje de La tentación vive arriba, de Billy Wilder. Otra para la posteridad.

Pero lo que aportan estas fotos de Magnum es la confianza que los artistas depositaban en ellos, la confianza que les generaban. Sólo así cabe entender estas fotos en que aparece un James Dean en el camerino durante el rodaje de Rebelde sin causa, fotografiado por Dennis Stock, o Thikomiroff, que fotografía el modo en que Orson Welles dirige a Anthony Perkins, en El proceso. Es este nombre uno de los grandes de Magnum respecto a las relaciones con el cine, amigo de Welles, de Fellini, de Visconti...

Y nuestro país, que fue escenario de rodajes de tantas películas, tenía que estar representado: Moby Dick, en Canarias, en 1956, y allí estaba Erich Lessing para captar esos instantes, o el rodaje de Mankiewisz de De repente el último verano. Ahí vemos a Elisabeth Taylor en la playa de S´Agaró.

Pero la estrella de la muestra es por muchos motivos, Vidas rebeldes, de John Huston, aquella mítica película de la mala suerte, casi como en un drama griego. Magnum consiguió la exclusiva para fotografiar el rodaje y hubo hasta nueve fotógrafos de la agencia en el desierto de Nevada, donde se estaba rodando. Cartier Bresson estuvo allí, así como Inge Morath. Ésta fotografió a Marilyn Monroe en esas conocidas secuencias que podemos contemplar en la muestra y fue allí donde conoció a Arthur Miller, guionista de la película y marido de Marilyn Monroe. Años después se casaron la fotógrafa y el dramaturgo.

Magnífica exposición de unos tiempos felices, de buena conjunción hasta que llegó Fellini y sus fotógrafos del escándalo. Eran los años sesenta... la cosa dura hasta el día de hoy. Pero estamos en los días felices, los del ayer. Por lo menos hasta que salimos del recinto, que está sabiamente decorado como un rodaje de película.

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