Jorge Volpi, el lobo de Wall Street

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Jorge Volpi en una imagen del pasado 10 de marzo. / Efe

Resulta curioso comprobar los distintos resultados que en la novela está dando la crisis económica actual en Occidente si la comparamos, por ejemplo, con su ilustre predecesora, la acontecida en el 29, que propició un repunte enorme de la narrativa de denuncia y de realismo de corte social, además de ser el terreno propicio para que floreciera lo mejor de la novela negra. Las razones de tamañas diferencias son múltiples, por ejemplo, no hay que olvidar la apoteosis que estaba viviendo el movimiento obrero a resultas de la Revolución Rusa, pero hay otras, de índole exclusivamente literaria que conviene apuntar aquí a rebufo de la publicación de la última novela de Jorge Volpi, Memorial del engaño, publicada por Alfaguara, narración que ilustra bastante bien esa distinta índole en que se mueve la narrativa actual respecto a esta temática.

Por ahora el único autor en español que ha encarado la crisis desde su epicentro ha sido Volpi, con esta novela, que tiene todo de juego. Tengo para mí que hoy día se maneja mucha información, pero es derivada, no de resultas de la experiencia, y utilizar esa información en la narrativa puede llevar, de hecho lleva, a resultados falsos. A falta de experiencia la narrativa recurre a otros modos de suplir esa falta de contacto real, que es lo que hace tan preciosas las narraciones del siglo XIX, esa burguesía y proletariado que tan bien supieron reflejar en inolvidables personajes, Dickens, Balzac, Galdós, por poner algunos nombres ilustres a los grandes realistas del siglo, y esos modos tienen que ver con recursos basados en complejidades intelectuales tomados de la literatura y basados en elementos sacados del cine, que es el heredero directo del realismo decimonónico y de principios del siglo XX.

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Cuando comencé a leer esta divertida y tremenda novela caí en la cuenta de que me estaba enfrentando a un enorme puzle donde las referencias cervantinas eran capaces de medirse con producciones recientes de Hollywood: un agente literario neoyorkino, A.W. , en clara alusión a Andrew Wylie, el famoso agente, más afamado por su apodo de “El Chacal”, recibe un manuscrito, Memorial del engaño, firmado por J. Volpi, un conocido estafador de las altas finanzas acusado de hacer desaparecer 15 mil millones de dólares en una operación fraudulenta, algo pequeño si lo comparamos con los 50 mil millones de Bernard Madoff, condenado a 150 años de cárcel, pero capaz de hacerle entrar en la leyenda de los grandes, imitando de ese modo a su maestro, ese Carlo Ponzi, muerto en 1949, y que representa para los estafadores de medio mundo lo que James Joyce para los novelistas modernos, una especie de semidiós.

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Cubierta de la novela de Jorge Volpi.

El manuscrito es una autobiografía de J. Volpi y es justo la narración que el lector tiene en las manos: el libro no está firmado por Jorge Volpi sino por el personaje de la novela, el guiño se extiende aquí incluso a la propia autoría de la narración, al igual que el prólogo escrito por A.W., el agente literario, un débito cervantino donde Cide Hamete Benengeli termina cediendo el lugar a ese J. Volpi y donde A.W. ocupa el sitio del narrador de El Quijote, en un divertido juego de correspondencias literarias que desde el Barroco se ha mostrado fecundo.

En realidad esta novela trata del engaño, que para Jorge Volpi parece conformarse como el emblema de esta época, sino del modo mismo de actuar del capitalismo, y lo cierto es que la narración puede ser calificada en cierta forma como un enorme cuadro vital donde el engaño se enseñorea de todo.

En la novela hay continuos juegos de espejos y narraciones dentro de otras, como las muñecas rusas o, mejor, la novela cervantina. Así, cuando Volpi recrea la figura de Harry Dexter White, el economista que fue director del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y el gran artífice de la conferencia de Bretton Woods, de donde salieron las bases del Nuevo Orden Económico que ha regido hasta nuestros días, el origen del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y que fue acusado en su momento de espíar a favor del Unión Soviética. Estas paradojas un tanto surrealistas, le sirven a Volpi para ahondar en la naturaleza del engaño y también del doble, un engaño que el autor extiende a todas partes, desde la ideología neoliberal, que pretende que los mercados se regulan por sí mismos, hasta las justificaciones de los estafadores mismos, como cuando el protagonista, J. Volpi, confiesa que lo único que quiso fue ganar dinero a toda costa y nada más, y que no es peor que aquellos que proclaman que quieren el bienestar de todo el mundo, que la democracia se afiance, que la riqueza se multiplique como panes y peces, cuando lo que quieren es llenarse ellos mismos los bolsillos.

Memorial del engaño es un libro donde quizá lo más feliz sea esa imbricación entre historia familiar, la de J. Volpi, y la de la Historia escrita con mayúsculas. Y lo ha realizado con inteligencia, quizá con uno de los recursos posibles si no quiere verse afectado por el consabido realismo. Quizá se la manera más idónea de dar cuenta de una crisis en nuestro tiempo, tan lleno de elementos virtuales, vale decir, engañosos.