Sucesos

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Portada del libro / Amarú Ediciones
Portada del libro / Amarú Ediciones

Andrés Berlanga, periodista y escritor, ha escrito un libro de relatos breves, pero breves, breves, que se llama Sucesos, y que ha publicado hace meses, la editorial Amarú, de Salamanca, en una colección que se llama Mar adentro. No son microrelatos, pero ninguno desborda dos caras de las páginas del libro. Son relatos que salen de la realidad de la que sabemos por las noticias, por haber leído algún suelto despistado en el periódico, o porque alguien lo ha comentado en el café. O por algo que hemos observado de forma distraida, mientras esperábamos el autobús.

En una estructura que podría decirse de exposición, nudo y desenlace, Berlanga dirime historias de la vida vulgar, algunas acabadas en tragedia y otras realmente cómicas, en ese escaso margen que da la página de un libro.

En Piando el tocano, por ejemplo, se dice: “Las manos de Nuria Ripoll quizás tarden años, o jamás llegue el día, en que vuelvan a deslizarse por el teclado de su piano. Puede ser catastrófico para una pianista pelar una patata y cortarse un dedo, o intentar clavar una escarpia y errar el martillazo. O contraer una artritis reumatoide o rematar una escalada de montaña con un rescate diagnosticado como “principio de congelación de las extremidades superiores”. La desgracia de Nuria Ripoll la lleva a flor de piel y muy adentro pero vive al lado.

Este párrafo, y todo el relato que inicia, está recogido en las hemerotecas porque sale de una noticia sobre aquella joven pianista que se preparaba para un concierto y a la que un vecino, que vivía al lado, llevó ante el juez, desesperado por no poder soportar más los do-re-mi-fa-sol-la-si, etc., de la aspirante a pianista de fama mundial. O a lo mejor se lo ha inventado.

Todos o casi todos los relatos parecen inspirados por la actualidad. Algunos, muy contundentes y propios del antiguo El Caso; otros, menos llamativos, a los que el autor saca un lustre muy divertido.

De Andrés Berlanga supe por primera vez porque estaba casado con Enriqueta Antolín, de la que yo sabía por razones de propia biografía que no vienen a cuento. Una pareja de escritores que hace poco ha quedado descabalgada por la desaparición de Kety.

También, porque había escrito una novela que era un portento de lenguaje local, La gaznápira, y que fue objeto de estudio del académico de la RAE, Manuel Seco, un hombre atento a las hablas de todo pelaje. La gaznápira -muy elogiada por Pere Gimferrer, otro miembro de la RAE- fue tal sorpresa editorial que pasó a engrosar, en 1994, la colección de Clásicos Austral, que sólo se reservaba para los consagrados.

Berlanga, periodista antes que escritor –o quizás sea al revés-, no ha dejado de escribir desde entonces, relatos, sobre todo: Recuentos, Del más acá, Barruntos, aunque se toma su tiempo para publicar. Tiene una facilidad pasmosa para contar algo interesante en dos patás, como se dice vulgarmente. Una cualidad muy apreciable en los tiempos que dicen que vivimos, tan ajetreados, tan fugaces y dispersos, tan inclinados al desdén de lo que se ha de hacer despacio, tan puñeteros, por acabar de una vez.

Confío en no caer en la vulgaridad si recomiendo esta lectura para esos ratos tontos que pueden pasarse en el baño o antes de rendir los ojos a la noche, acomodado el cuerpo entre las almohadas de la cama. O en el metro. Su ligera estructura no engaña: hay trabajo detrás de ella, pero facilita el que se pueda tirar de libro en cualquier circunstancia sin las preparaciones exageradas que pedía Italo Calvino en aquella novela: Si una noche de invierno, un viajero. Y cabe en el bolsillo de la chaqueta o en el bolso de mano, no como esos mamotretos que llaman best sellers y que cuesta mantener abiertos –imposible con una sola mano- casi tanto como mantener abiertos los ojos ante ellos.

2 Comments
  1. estrella says

    No es ninguna vulgaridad lo de tener libros en el baño. Tengo un amigo que tiene una estantería llena de libros donde aparece «En busca del tiempo perdido» de Proust. Este libro de «Sucesos» sería bueno para un viaje de ocho oras en avión (Madrid – Boston)

  2. estrella says

    Dios! quién le habrá quitado la «H» a oras….
    Aprovecho para decir que los ratos en el baño son una gran perdida de tiempo

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