ELVIRA HUELBES | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:04

Ilustración de los clubes de lectura/
Ilustración de los clubes de lectura. / casalector.fundaciongsr.com

Ya advertimos en cuartopoder que este año 2014 iba a ser año de celebraciones para la Real Academia Española por su trescientos cumpleaños; tricentésimo, habría que decir para hablar con propiedad. Pasó la exposición de la Biblioteca Nacional y están por desarrollarse las acciones de Libros Libres, que promueven una especie de siembra de libros por lugares públicos, debidamente anotados, para que la gente los tome, los lea y los devuelva en otro sitio y así permitir que otra persona lo encuentre y siga la cadena. Es una idea que lleva algún tiempo correteando por ahí y que resulta de un raro atractivo.

Pues este jueves pasado, el 16, se han presentado en la cántabra Fundación Comillas otros tres volúmenes de la Colección de la Biblioteca Clásica de la RAE que dirige el profesor Francisco Rico.

Se trata de la Poesía de Jorge Manrique, las Novelas ejemplares, de Cervantes y El Victorial, de Gutierre Díez de Games, ilustre clásico apenas conocido por quien esto humildemente escribe, a pesar de la insistencia de la profesora de Literatura de Sexto, que era muy fan.

En un acto institucional, han hablado de esos libros, aparte del director de la colección, el director de la RAE, José Manuel Blecua, la profesora de la Universidad de La Coruña, Gemma Vallín y el escritor Luis Goytisolo. La Biblioteca Clásica de la RAE lleva desde 2011 sacando títulos de aquellos que teníamos que aprender en el bachillerato, tipo, Cantar del Mío Cid o los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, de los que parecía que lo mejor era olvidarse en cuanto acababan los exámenes finales. Sin embargo, pasado el tiempo, mucho, mucho tiempo, regresar a algunas de esas páginas resulta parecido a emprender un viaje iniciático. Entre ellos, por cierto, se cuentan dos crónicas de Indias –hace poco hablábamos de ello, a propósito de Joseph Pérez-: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, y Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas.

Pero, a lo que yo iba con esta croniquilla es a que otra de las actividades de la tricentenaria Academia es el Club de lectura de los clásicos que lleva funcionando unos meses en La casa del lector, ese activo centro que dirige Cesar Antonio Molina, ubicado en Matadero (¡ay!) Madrid. Los días 20 y 27 de mayo, por ejemplo, el catedrático y académico, Darío Villanueva, dirigirá la discusión de la lectura del Lazarillo. Aún están abiertas las inscripciones para asistir.

Los clubes de lectura parecen ser un invento anglosajón; normalmente, tratan de libros que están en el candelero y no tanto los más clásicos, aunque también. En Estados Unidos, hasta las estrellas de la televisión disponen de uno. La única condición que se pide a los asistentes al club es la de que les guste leer y tengan interés en el libro elegido, aunque en ocasiones, la cita lleva consigo la posibilidad de zamparse un trozo de tarta de zanahoria, por ejemplo, con un rico té verde japonés. Ahí habrá que contribuir con algún dinero, digo yo.

Espero que este club de lectura de la RAE, de los más selectos que se conocen, tenga el éxito que es de desear y surjan como hongos muchos otros, como los que ya circulan por el mundo, dirigidos por escritores o por fanáticos de la lectura en general. Larga vida a los libros.

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